Funerales en Rafah (Gaza), ayer, de cuatro palestinos abatidos por el Ejército REUTERS

Nadie habla ya del muro ilegal

La «oportunidad para la paz» tras la muerte de Arafat, salpicada por la faraónica obra, y por «asesinatos selectivos» fallidos, y candidatos presidenciales apaleados, y más muertos en Rafah

JUAN CIERCO. CORRESPONSAL/
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JERUSALÉN. La construcción del muro ilegal sigue y no para. Los plazos para acabar a finales del año 2005 la faraónica obra de más de 3.000 millones de dólares se cumplen con fidelidad. En sólo unos meses, Cisjordania estará separada de Israel y de sí misma por una barrera infranqueable de 730 kilómetros de longitud.

Llegado ese día, Israel se habrá apropiado por la fuerza de los hechos consumados de más del 16 por ciento de una tierra ajena; 263.000 palestinos quedarán aislados por completo; centenares de miles de personas se verán afectadas de uno u otro modo; miles de hectáreas de campos de cultivo habrán sido expropiadas; centenares de viviendas o invernaderos habrán sido destruidos; muchos pozos de agua habrán sido confiscados; cien mil olivos habrán sido arrancados; Qalquilia y Tulkarem seguirán tan encarceladas como ahora; Jerusalén y Belén serán pasto también del hormigón de nueve metros de altura...

Pese a todo ello, pese a que la Corte Internacional de La Haya lo declarara ilegal; pese a las resoluciones de las Naciones Unidas que llaman a desmantelar el muro y a indemnizar a los miles de palestinos afectados por su construcción; pese a las sentencias del propio Tribunal Supremo de Israel en contra de parte del trazado, que ha sido modificado en un lavado de cara nada maquillado, pese a todo ello, de golpe, de pronto, tras la muerte de Yaser Arafat, nadie habla del muro ilegal.

Candidato apaleado

No lo hacen prácticamente los nuevos dirigentes palestinos, enfrascados en procesos electorales, en negociaciones internas a la caza y captura de treguas hasta hace poco imposibles, en presentación de candidaturas con algunos candidatos encarcelados, otros apaleados en sus desplazamientos a distintas ciudades de Cisjordania por soldados israelíes (como le sucediera en la noche del miércoles en las afueras de Yenín al médico y activista de derechos humanos Mustafá Barghuti, el candidato preferido... del pianista judío, Daniel Barenboim), etcétera...

No lo hacen los israelíes, distraídos con sus crisis políticas internas, la evacuación de la Franja de Gaza, la formación de nuevas coaliciones de Gobierno.

No lo hace la comunidad internacional, muy interesada en esas oportunidades nacientes, en ese optimismo generalizado pero poco justificado, en esas cumbres o conferencias que darán protagonismo a unos y otros pero se olvidarán a buen seguro de la calle palestina, de un pueblo que piensa cada día más en emigrar (50 de cada 100 palestinos lo haría si pudiera, según un estudio del Centro Palestino de Opinión Pública); que por vez primera desde el estallido de la Intifada hace más de cuatro años apuesta por aparcar los actos violentos contra Israel (el 52 por ciento se manifiesta en contra de los atentados suicidas, cuando en julio ese número apenas llegaba al 27 por ciento, según otro sondeo del Centro de Comunicación y Medios de Jerusalén).

Asesinato fallido

Ventana para la paz que dicen algunos con la boca llena que se ha abierto tras el entierro de Abu Ammar, mientras otros parecen empeñados en cerrarla con «asesinatos selectivos» fallidos, como el de ayer en Gaza contra el jefe del Comité de Resistencia Popular, Yamal Abu Samhadana, duramente criticado por los responsables de la ANP que luchan a diario por pactar una «hudna» con los más radicales; o con la muerte de cinco palestinos en Rafah durante la madrugada; o con el lanzamiento de cohetes caseros «Qassam» contra territorio israelí.

Y en medio de tan complejo panorama, la construcción del muro ilegal sigue su curso en silencio. Y de pronto, por arte de magia que sin duda tiene truco, nadie habla del trágico símbolo de la Intifada de Al Aqsa.