Nace la Europa de los 25 con el objetivo de recuperar la unidad y mejorar las relaciones con EE.UU.

ATENAS. AMADEU ALTAFAJ, ENVIADO ESPECIAL
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Con la firma solemne de los diez tratados de adhesión en el ágora griega, la cuna de la democracia, nació ayer en Atenas la Unión Europea de 25 Estados. El eje francoalemán seguirá siendo influyente pero no determinante, porque los diez nuevos socios muestran más sintonía con las tesis de Londres, Roma o Madrid en la política exterior, como lo ha demostrado la crisis de Irak.

La UE y los equilibrios de poder en su seno están en plena mutación y el conflicto de Irak, pese a los desgarros que ha producido entre socios, puede ser el catalizador de este proceso. Una vez terminada la fase bélica, el reto consiste en conseguir que la «vieja» y la «nueva» Europa se fundan en una sola, más integrada y capaz de hablar con una voz única y más influyente en el mundo.

«Ya anuncié que se iban a recomponer determinadas posiciones en la UE porque el realismo y el pragmatismo, al final, tienen que imperar», comentó el presidente del Gobierno, en el país de los oráculos. El martes, Gerhard Schröder y Tony Blair se encontraron en Hannover para reanudar un diálogo interrumpido desde los prolegómenos de la guerra. Al mismo tiempo, Jacques Chirac hacía lo propio con George Bush, al que llamó por teléfono. En este ambiente de mayor concordia, Chirac y Blair encontraron ayer un momento para discutir del futuro de Irak y el papel de la UE en la reconstrucción.

Ejes múltiples

Y es que en una Europa de 25 Estados, todos están condenados a entenderse, por muy influyentes que puedan ser sus componentes individuales. Con la ampliación, ganan posiciones las tesis defendidas por Londres, Madrid, Roma, Lisboa, Copenhague o La Haya, tan atentas a la integración europea como a la preservación de una relación fuerte con Estados Unidos.

«Mi convicción de que la construcción de una Unión Europea fuerte, eficaz y con influencia en el mundo es perfectamente compatible con la existencia de un vínculo atlántico sólido y estable, que haga que Europa y Estados Unidos puedan trabajar, con sus acuerdos y sus discrepancias, en común, sustancialmente en los asuntos que se refieren a la paz y seguridad del mundo", resumió Aznar.

El primer ministro holandés en funciones, Jan Peter Balkenende, celebró el «contrapeso» que aportan los nuevos Estados miembros a las posiciones defendidas por París y Berlín en el conflicto iraquí y señaló que «no se puede separar el proceso de integración europea de un vínculo transatlántico fuerte».

Portavoz del «contrapeso»

Tras la firma de los diez tratados de adhesión, el presidente de turno de la UE, el griego Costas Simitis, declaró que «los nuevos ciudadanos europeos deben sentir hoy que pertenecen a una sola familia, una familia que les garantizará seguridad y prosperidad», porque «sólo juntos podemos mejorar Europa».

Aleksander Kwasnieswski, presidente del único «país grande» entre los nuevos socios, Polonia, recordó que estos países venían de un pasado de «sacrificios, guerra y devastación» y que el regreso al seno de la familia europea era «una deuda que teníamos con nuestros padres y abuelos, nuestros compatriotas y los que lo pagaron con su sangre». Y aprovechó la ocasión para dejar bien clara su adscripción a la «nueva Europa», señalando que, en un mundo que «se complica cada vez más, con amenazas como la del terrorismo, los conflictos de naturaleza transatlántica son escollos que deben ser remontados». Según él, «la primera respuesta era ampliar la Unión», porque esta «fuerza renovada contribuirá a resolver los problemas mundiales» y hacer frente a «las amenazas que planean sobre nosotros».

También Aznar deseó que «de esta crisis se extraigan todas las consecuencias necesarias para el incremento de la seguridad en el mundo» y reiteró que «España apostará por el fortalecimiento de la UE y el mantenimiento de un sólido vínculo atlántico como garantía de la seguridad, la libertad y la democracia».