El Rey Abdala II recibe a Yaser Arafat en el aeropuerto de Amán. Epa

El mundo árabe une sus fuerzas en Amán en apoyo de la Intifada

Veintidós jefes de Estado y dirigentes del mundo árabe darán a partir de hoy en Amán un respaldo unánime a la Intifada palestina y lanzarán, como hacen siempre aunque casi nunca con sustanciales consecuencias, un duro ataque contra Israel durante su primera cumbre ordinaria desde hace más de diez años. La unanimidad no es tal en lo que al «grano» de Irak se refiere.

AMÁN. Juan Ciercoenviado especial
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La Intifada de Al Aqsa cumple mañana sus primeros seis meses de vida y muertes, con cerca de 500 cadáveres en sus morgues. Los palestinos apenas tienen ya fuerzas, tampoco dinero, para seguir con un levantamiento cada vez menos popular.

Yaser Arafat se ha desplazado hasta Amán para lograr que sus «hermanos» árabes se vuelquen una vez más de palabra, habrá que ver si con hechos, a favor de su castigado pueblo.

De ahí que los enfrentamientos y manifestaciones sobre el terreno se hayan intensificado considerablemente. De ahí que Javier Solana, Alto Representante de la UE para Política Exterior y Seguridad, insistiera ayer, también desde Amán donde se entrevistó con el secretario general de la ONU, Kofi Annan, y el Rey de Jordania, Abdalá II, en que ahora que la situación ha cambiado mucho en Oriente Medio con la llegada al poder de George W. Bush en EE.UU. y de Ariel Sharón en Israel, es más necesario que nunca «regresar al proceso de paz y para ellos es imprescindible una reducción de la violencia en la región».

No parece que vaya a ser así. Ayer, radicales palestinos dispararon contra uno de los 400 colonos israelíes y su hija de un año de edad que viven en la zona judía ocupada de Hebrón, ciudad habitada a su vez por 120.000 palestinos.

La pequeña murió de dos disparos en la cabeza y el padre resultó herido. Minutos después, el Ejército israelí entró en acción, decretó el estado de sitio y se sucedieron los combates.

DIFERENCIAS SOBRE IRAK

A no más de 100 kilómetros, entre excepcionales medidas de seguridad, los dirigentes árabes buscaban una fórmula que permita si no la reconciliación entre Irak, por un lado, y Kuwait y Arabia Saudí, por otro, sí al menos un acuerdo que devuelva la unidad a la Liga Árabe. El consenso, muy complicado, era sin embargo posible y Bagdad puede ver cómo sus vecinos hacen al fin piña común para pedir el levantamiento del embargo.

A la ONU también se le va a pedir, en este caso para proteger a los palestinos, el apoyo de una fuerza de interposición militar. Y a Israel, que como siempre espera de los árabes agrias resoluciones y condenas, muy poco efectivas, se le exigirá que se atenga al principio de «paz por territorios en la región». A esto, ya ha habido respuesta de Simón Peres: «Hemos devuelto la tierra a los egipcios y los jordanos. Nos hemos retirado del Líbano. Hemos ofrecido un ambicioso plan a sirios y palestinos y ¿qué hemos recibido a cambio?. Paz no, desde luego».

Sea lo que fuere no podrán contarlo en el lugar de los hechos los periodistas israelíes. Amán se negó a acreditar ayer para la cumbre a los seis que lo habían solicitado. Paz no, desde luego.