Li Peng
Li Peng - AFP

Muere Li Peng, el «Carnicero de Tiananmen»

Primer ministro de China entre 1987 y 1998, será recordado por ordenar la matanza que aplastó las protestas pro-democráticas de hace 30 años en esta plaza de Pekín

Corresponsal en PekínActualizado:

Cuando se acaban de cumplir 30 años de la masacre de Tiananmen, que sigue siendo un tema prohibido en China, ha fallecido el primer ministro que la ordenó: Li Peng. Tras un día entero de rumores, la agencia estatal de noticias Xinhua confirmó este martes que murió el lunes a los 90 años en Pekín, a las 23:11, de una enfermedad no especificada, pero que podría ser el cáncer de vejiga contra el que venía luchando desde hace tiempo.

Con paciencia, la Historia le reserva un lugar a cada mandatario. Mientras la propaganda del régimen lo honró como «un excelente miembro del Partido, un soldado leal y probado por el tiempo, un destacado revolucionario proletario y un hombre de Estado», para el resto del mundo será siempre el «Carnicero de Tiananmen».

Aunque la decisión de acabar por la fuerza con las protestas que habían tomado esta plaza del centro de Pekín en la primavera de 1989 fue colectiva, y vino del entonces caudillo Deng Xiaoping, Li será considerado siempre el brazo ejecutor. Frente al secretario general del Partido, Zhao Ziyang, que abogaba por el diálogo con los estudiantes que dirigían las manifestaciones, el «premier» encabezó la «Vieja Guardia» que impuso la «mano dura». Es un secreto a voces que, aprovechando que Zhao estaba de viaje oficial en Corea del Norte, el «premier» Li mandó publicar el 26 de abril en el «Diario del Pueblo» un editorial que acusaba a los estudiantes de «contarrevolucionarios» y «anti-Partido», enfureciéndolos y rompiendo cualquier posibilidad de una solución negociada. El 20 de mayo, cuando los manifestantes llevaban ya un mes ocupando la plaza, declaró la ley marcial y dos semanas después, en la madrugada del 3 al 4 de junio, ordenó al Ejército tomarla.

Desatando una auténtica guerra urbana, los manifestantes trataron de impedirlo con barricadas montadas en las calles de alrededor, donde se registró el mayor número de víctimas. Todavía hoy, la cifra de fallecidos sigue siendo un misterio que oscila entre los más de 200 reconocidos en su día por el Gobierno hasta los 2.000 que anunciaron algunas agencias internacionales. Un pasado demasiado violento cuya alargada sombra se proyecta aún sobre el régimen chino, que intenta borrar la masacre de la Historia censurando toda referencia en los medios e internet y justificando la represión por el crecimiento económico que ha traído la estabilidad.

Pero el duelo de los familiares de las víctimas y la imagen del hombre plantado ante una columna de tanques en la avenida de Chang An, auténtico icono de la lucha del individuo contra el poder represor de la dictadura, mantienen viva la memoria en una sociedad china anestesiada por la propaganda, la censura y el culto al dinero. Como cada aniversario, y más siendo redondo, los controles volvieron a ser estrictos en Pekín el pasado 4 de junio. Un año más, las familias de los fallecidos no pudieron ir al cementerio a honrarlos porque habían sido confinados en sus casas o enviados fuera de la ciudad para no armar jaleo.

Tras el aplastamiento de la revuelta, que Li justificó para no seguir el destino que corrieron la Unión Soviética y la Europa del Este, siguió en el cargo hasta 1998 mientras el secretario del Partido, Zhao Ziyang, era defenestrado y confinado bajo arresto domiciliario hasta su muerte en 2005. Después de primer ministro, Li Peng siguió siendo uno de los hombres fuertes de China porque presidió hasta 2003 la Asamblea Nacional Popular, el Parlamento orgánico del régimen. De carácter conservador, no pudo revertir pese a su poder la apertura al capitalismo ideada por Deng Xiaoping y continuada luego por Jiang Zeming, sucesor del purgado Zhao Ziyang.

Nacido el 20 de octubre de 1928 en Chengdu, capital de la provincia sureña de Sichuan, Li Peng estudio ingeniería en la Unión Soviética y fue uno de los principales impulsores de la faraónica presa de las Tres Gargantas, uno de los proyectos más controvertidos del país porque obligó a realojar a millones de personas en la cuenca del río Yangtsé.

Como suele ocurrir con los dirigentes chinos, su familia es una de las más poderosas del país. Mientras su hijo, Li Xiaopeng, sirve como ministro de Transportes, su hija, Li Xiaolin, es vicepresidenta de una eléctrica estatal, lo que no le impide lucir modelos de marca y joyas carísimas ni aparecer en los «Papeles de Panamá». Para muchos chinos que aún recuerdan la matanza de hace tres décadas, son «dignos» herederos del «Carnicero de Tiananmen». Descanse en paz, aunque él nunca se la dio a sus víctimas ni a sus familias.