Momento del encontronazo entre el ministro luxemburgués y Salvini en Viena
Momento del encontronazo entre el ministro luxemburgués y Salvini en Viena - ABC / Facebook: Matteo Salvini

Trifulca en la reunión de titulares de Interior de la UE sobre inmigración

En una reunión en Viena, Salvini dice que no quieren esclavos para sustituir a los hijos que no tienen y el ministro luxemburgués lo manda «a la mierda»

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Antes que el italiano, había intervenido el ministro de Interior de Luxemburgo, Jean Asselborn, que mencionó en su discurso la necesidad que Europa tiene de inmigración debido a causas demográficas. La respuesta de Matteo Salvini, ajena a la corrección diplomática y desinhibidamente provocador, reventó la reunión sobre inmigración que mantenían en Viena los ministros de Interior europeos. «¿Hace falta inmigración porque envejecemos? Mi perspectiva es muy diferente. Mis ciudadanos me pagan para ayudar a nuestros jóvenes a tener los hijos que antes tenían y no para arrebatar lo mejor de la juventud africana para reemplazar a los europeos que ya no tienen hijos», respondió el italiano dirigiendo la mirada a Asselborn, un par de asientos a su derecha. «En Luxemburgo quizá tengan esas exigencias, pero en Italia lo que tenemos es la exigencia de ayudar a nuestros hijos a tener otros, no de traer esclavos para reemplazar a los hijos que no tenemos». Con unos segundos de retraso, lo que tardaba la traducción simultánea en descifrar el mensaje para sus colegas, los rostros fueron mudando y los ministros se miraban unos a otros en silencio, excepto Asselborn, que reaccionó en voz alta. «¡Ala, ala la!», soltó, «venga hombre… ¡a la mierda!».

«¿Qué pasa? Estoy defendiendo otro punto de vista que es el mío», se le encaró Salvini, que animado por el enfrentamiento siguió insistiendo en que «es en Luxemburgo donde tenéis la necesidad de esa inmigración», a lo que Asselborn respondió airado: «en Luxemburgo, querido señor mío, tuvimos decenas de miles de italianos que vinieron a trabajar a nuestro país, como inmigrantes, porque en Italia no teníais dinero para vuestros hijos». El italiano entonces se acogió a la corrección y reclamó «un podo de educación» y que le dejaran terminar. «Yo no he interrumpido mientras el resto hablaba y no voy a seguir hablando así», dijo con gesto mohíno.

No hizo falta que continuase su discurso para que quedara establecida su posición. Antes del altercado verbal, Salvini había dejado claro, en una reunión junto a gobiernos del Norte de África que tenía como objeto limar asperezas y buscar fórmulas de entendimiento para solventar la crisis política generada por la cuestión migratoria, que la actitud del resto de países europes es para Italia totalmente insatisfactoria. «Hace falta más colaboración interna», pidió, «y déjenme poner un ejemplo sin espíritu polémico. Esta mañana han llegado casi 200 inmigrantes a Italia desde Túnez, tras transitar durante horas por aguas de Malta. Entre emails y llamadas de teléfono hemos contactado por lo menos diez veces con las autoridades maltesas. ¿Respuestas? Cero. Está bien oír hablar aquí de solidaridad, pero si nos remitimos a los hechos seguimos esperando». «Agradezco a otros países, como Albania, su labor. Han sido más rápidos y eficaces en los últimos meses que otros países, pero hay que ir más allá y yo hago propuestas concretas: todo acuerdo comercial con terceros países debe de tener cláusulas de repatriación de inmigrantes».

Salvini, bregado en el día a día de la gestión de la inmigración, señaló puntos débiles del sistema europeo que el resto de los ministros perciben con más dificultad. «Hacen falta puertos y países seguros para evitar que proliferen demandas de asilo sin motivos», señaló. «Los datos italianos dicen que en las últimas semanas sólo tres de cada 10 peticiones se aceptan. Siete de cada 10 se rechazan y los rechazados plantean sistemáticamente recursos, la mayor parte infundados. Algunos han hablado aquí de las convenciones internacionales. Bueno, hay que actualizarlas. Nos toman el pelo decenas de miles de personas que presentan recursos infundados para ganar tiempo a cargo de los contribuyentes italianos y europeos y a mí», subrayó, «no me gusta que me tomen el pelo».

El ambiente venía caldeándose ya desde ayer, cuando el comisario de Finanzas, Pierre Moscovici, en relación a los emergentes partidos nacionalistas, dijo en un evento de la Comisión Europea en París que «afortunadamente no hay sonido de botas, no hay Hitler, aunque tal vez haya pequeños Mussolinis». Salvini no había sido citado expresamente, pero se sintió aludido y respondió desde Italia que «debería lavarse la boca antes de insultar a Italia, a los italianos y a su gobierno legítimo… en lugar de censurar a su propia Francia, rechaza a los inmigrantes … ha bombardeado a Libia y ha roto los presupuestos».

Falta la firma

Aparte de la trifulca, Salvini aseguró que no firmará ningún acuerdo bilateral en materia migratoria con Alemania si Berlín no le ayuda a reformar la normativa de Dublín. «Estoy hablando con Alemania para afinar el acuerdo, pero solo lo firmo si tienen buena voluntad y ayudan a cambiar la operación Sofía», sobre el posible acuerdo de devoluciones de inmigrantes que llegan por vía terrestre a la frontera germano-austríaca después de que hayan pedido asilo en Italia. En Berlín el citado acuerdo se da por hecho, pero Salvini advirtió que «mi firma no se ha estampado todavía, el saldo de inmigrantes para Italia debe ser cero!.

En la rueda de prensa posterior a la reunión, El ministro del Interior austriaco y miembro del partido de derecha radical, Herbert Kickl, propuso que los rescatados en el mar rellenen la solicitud de asilo en los barcos y permanezcan en ellos hasta que esta sea revisada, antes de poner un pie en suelo europeo. Salvini, que compareció ante la prensa junto con el austriaco, asintió y subrayó que «el objetivo debe ser identificar a las personas y decidir sobre el asilo fuera de la UE, porque solo con mucho esfuerzo y dinero estamos consiguiendo repatriar a la gente si no obtiene asilo»,