Las medidas de Macri no frenan la devaluación del peso

Alberto Fernández se niega a reunirse con Macri para tranquilizar los mercados

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Mauricio Macri no tira la toalla. Si tiene que morir en las elecciones está dispuesto a hacerlo con las botas del populismo -o realismo, según se mire- puestas. El presidente de Argentina reaccionó al golpe de las primarias del domingo, que le dejó K.O. con quince puntos abajo del kirchnerismo, con una batería de medidas económicas, «que van a traer alivio a 17 millones de personas» los próximo tres meses.

Subida de salario mínimo, congelación de precios de los combustibles, moratorias, beneficios fiscales para las pequeñas y medianas empresas, concesiones a los autónomos y bonus para funcionarios y miembros de las Fuerzas Armadas, son algunas de las correcciones anunciadas para «aliviar» el bolsillo de los argentinos en la recta final a las elecciones de octubre y salvo milagro, de su mandato. En simultáneo, convocó al ganador de las primarias, Alberto Fernández a una reunión y se encontró con un portazo por respuesta. «No tiene sentido que nos reunamos. No nos vamos a poner de acuerdo. No quiero ser partícipe de sus decisiones», respondió el compañero electoral de Cristina Kirchner.

Macri dio marcha atrás en su discurso del domingo donde vino a decir -y no erraba- que los argentinos, en esas falsas primarias de candidatos únicos, se habían equivocado en las urnas al apoyar con el 47 por ciento de los votos, la fórmula de Alberto Fernández, exjefe del gabinete de ministros de Néstor y de Cristina Kirchner, su actual candidata a vicepresidente en el Frente de Todos. Lo que no dijo entonces y reconoció ahora Macri -y también era verdad- es que el responsable de ese error lo tiene frente al espejo y en la Casa Rosada.

Recuperado del shock de la derrota el presidente, en un mensaje grabado en la residencia de Olivos (periferia de Buenos Aires), entonó con humildad un mea culpa por el fracaso, «que haya sucedido -advirtió- es pura y exclusivamente responsabilidad mía y de mi equipo de Gobierno» Como prueba de que había comprendido el mensaje presentó el paquete de medidas que, sin duda, ayudará a la población a convivir con una inflación prevista del 50 por ciento y a soportar una devaluación del peso camino al 30. Con los pies en la tierra de la clase media, la más afectada por el ajuste, reconoció: «Llegar a fin de mes se trasformó en este último año en una tarea imposible muchas veces. Se que muchas familias tuvieron que recortar sus gastos y que ya no saben más que recortar, de qué más privarse». La justificación a una política económica que trituró el bolsillo del sector que fue clave para llevarlo al poder, fue haber priorizado, «las emergencias, la urgencia y lo estructural» en alusión a las obras de saneamiento público, la construcción de infraestructuras, cloacas y viviendas que forman parte de una «lista que sigue eternamente». De paso, advirtió, «tres años es mucho tiempo pero también es poco para reparar lo dañado que estaba el país».Macri se refería a la Argentina que dejó Cristina Kirchner, con la economía quebrada.