Interior de la catedral de Jolo después del atentado con dos bombas
Interior de la catedral de Jolo después del atentado con dos bombas - REUTERS

Matanza yihadista en una catedral del sur de Filipinas

Dos bombas dejaron al menos 20 muertos durante la celebración de la misa, días después de que la región de mayoría musulmana obtuviera más autonomía

Pablo M. Díez
Corresponsal en AsiaActualizado:

Cuando todavía se estaba festejando el éxito del referéndum que aprobó la semana pasada una mayor autonomía para la región musulmana de Mindanao, al sur de Filipinas, al menos 20 personas fueron asesinadas ayer y más de un centenar resultaron heridas en un doble atentado con bomba contra una iglesia católica. Según informa The Inquirer, el ataque ocurrió durante la misa de la mañana en la Catedral de Nuestra Señora del Monte Carmelo, en la isla de Jolo. Con la sangre derramada por estas bombas, los terroristas se vengan contra el reférendum de autonomía, que fue rechazado en la provincia de Sulu, donde se encuentra dicha isla.

La votación fue fruto del acuerdo de paz firmado en 2014 entre el Gobierno filipino y el Frente Moro de Liberación Islámica (FMLI), que renunció a sus aspiraciones independentistas para convertirse en partido político y concurrir como favorito a las elecciones previstas para 2022, de las que saldrá un parlamento autónomo con su propio ministro jefe. Con esta solución, Manila quería acabar con el conflicto separatista que sacude al sur del archipiélago desde hace cinco décadas, que se ha cobrado unas 150.000 vidas. Para garantizar la paz, la nueva Región Autónoma de Bangsamoro en la Mindanao Musulmana tendrá más competencias y fondos, pero el Gobierno central de Filipinas seguirá supervisándola. Con el 87 por ciento de los votos, la nueva autonomía nace con un fuerte apoyo gracias al respaldo del FMLI, que es la principal guerrilla musulmana de la zona. Pero hay otros grupos armados que se oponen al acuerdo y se sospecha están detrás de este atentado para sabotearlo.

Entre ellos destaca el Frente Moro de Liberación Nacional (FMLN), una facción rival del FMLI compuesta por pequeñas células terroristas que pretenden seguir luchando por la independencia. A ellos se suman los rebeldes de Abu Sayyaf, que arrastran un largo historial de secuestros y decapitaciones y en estos momentos retienen en sus campamentos de la jungla a cinco rehenes: un holandés, dos malasios, un indonesio y un filipino. A tenor de los analistas, tanto estas guerrillas como los grupos terroristas desperdigados por el sur de Filipinas mantienen contactos o alianzas con el autoproclamado Estado Islámico para extender la yihad por el Sudeste Asiático.

Además, esta zona se encuentra cerca de Marawi, la ciudad tomada en 2017 por cientos de guerrilleros musulmanes, algunos extranjeros reclutados por el Estado Islámico. Para acabar con este asedio, el presidente Rodrigo Duterte declaró entonces la ley marcial, que fue levantada tras la conquista de Marawi pero sigue vigente en otros lugares de Mindanao. Tras cinco meses de combates que dejaron más de mil muertos y redujeron a ruinas el centro de la ciudad y su mezquita, el Ejército filipino recuperó finalmente Marawi. Pero los rebeldes que sobrevivieron han jurado venganza y la catedral de Jolo podría haber sido su primer objetivo.

Con cautela, el jefe de la Policía Nacional de Filipinas, Oscar Albayalde, explicó a la televisión ABS-CBN que sus investigadores estaban indagando en “diferentes amenazas de grupos”. A su juicio, aún era pronto para decir “si esto tiene algo que ver con el recién concluido plebiscito”.

A la espera de encontrar a los culpables, el portavoz de la Presidencia filipina, Salvador Panelo, prometió en un comunicado que el Ejército “aplastará a los criminales ateos”. En un país con mayoría católica, el ataque contra esta iglesia ha conmocionado a la sociedad filipina. “Perseguiremos hasta los confines de la Tierra a los despiadados autores de este vil crimen hasta que cada asesino sea traído ante la justicia y encerrado tras los barrotes. La ley no tendrá piedad de ellos”, aseguró Panelo, quien también ofreció sus condolencias a las familias de las víctimas.

Tal y como recoge The Inquirer, los fallecidos son quince civiles y cinco soldados, mientras que los heridos son 90 civiles, 17 militares, dos policías y dos guardacostas. Aunque las autoridades habían anunciado al principio la cifra de 27 muertos, luego la rebajaron al comprobar que se habían repetido algunas víctimas del doble atentado contra la misa de la mañana en Jolo. La primera explosión tuvo lugar a las 08:45 (01:45 de la madrugada, hora peninsular española) dentro de la Catedral de Nuestra Señora del Monte Carmelo, que ya había sido objetivo de los terroristas en el pasado y donde el obispo Benjamín de Jesús fue tiroteado en 1997. Cuando los fieles huían en masa, otra explosión se cebó con los militares y policías que vigilaban el exterior de la iglesia. En medio de la confusión reinante, entre el humo y los escombros que dejaron las bombas, algunos heridos fueron trasladados en helicóptero a la cercana ciudad de Zamboanga, famosa porque en ella todavía se habla el chabacano, un dialecto que nació del español durante la época colonial de Filipinas.

Mientras tres millones de personas votaban la semana pasada por una nueva autonomía, este atentado torpedea la paz en la convulsa región de Mindanao.