«Es más fácil llegar a Jerusalén para un australiano que para un palestino»

LAURA L. CARO | JERUSALÉN
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“Para usted es más fácil llegar desde Australiaa rezar a Jerusalén que para mí, que vivo a 7 kilómetros”.Quien habla es Fayed Sacca, un diputado de Al Fatah residente en Belén que, como tantos otros de los 60.000 palestinos cristianos que habitan en Cisjordania, ha renunciado esta vez al particular Vía Crucis de todos los años: el de lograr que Israel les conceda un permiso para poder celebrar la Semana Santa en los Santos Lugares. Y si lo consiguen, que luego sirva para algo en los controles militares judíos.

El Monte de los Olivos, la Basílica donde la tradición sitúa la Crucifixión y el Enterramiento de Cristo, Getsemaní... Sitios enclavados en territorio de Jerusalén Este -ocupado en 1967 y unilateralmente anexionado en 1980- bullen de peregrinos llegados de todas las esquinas del globo. Pero para los palestinos se han convertido en algo casi inalcanzableal otro lado del muro. “Yo soy un heredero legal de Cristo, católico cristiano de Belén, pero tengo menos posibilidades que cualquier profano del mundo... Esto es un apartheid”, dice el diputado.

Sacca lleva cuatro años sin conseguir autorización para pisar la Ciudad Santa, y ha preferido irse “a respirar” a Jordania. Anteayer, día de la solemne procesión de Domingo de Ramos que recorre por Jerusalén oriental el camino de Jesús hasta su entrada triunfal en la ciudad amurallada, el grupo palestino que pretendía llegar al acto desde Ramala encabezado por su párroco, Akhtam Hijazin, tuvo que darse la vuelta. “Todos teníamos permisos, en circunstancias normales no hubiéramos tardado ni 20 minutos... Pero nos retuvieron tres horas en el control de Kalandia con un trato contrario a la paz”, explica el sacerdote. “Tras la espera, nos exigieron que mi esposa, embarazada de ocho meses, volviera a cruzar otro detector de metales... Y nos marchamos a casa”, secunda Nicola Koury, de 35 años.

En la procesión, una sucesión colorista de hermandades y parroquias identificadas por estandartes e insignias, a los palestinos, –en su mayoría árabes israelíes que residen permanentemente en Jerusalén oriental-, no les fue permitido enarbolar su bandera, que fue retirada por la policía israelí.

Israel emitía ayer un comunicado dando a conocer las “medidas de buena voluntad” que se han implementado de forma “ilimitada” para permitir “la libertad de práctica religiosa a todos los cristianos visitantes y de Judea y Samaria (Cisjordania)”, y se precisa la concesión de 10.000 autorizaciones sólo en el distrito de Belén. El pastor luterano de la ciudad, Mitri Raheb, lo rebate. “Lo único que puedo hacer hoy, -decía- es pedir perdón a Nuestro Señor Jesucristo porque no podemos celebrar ni su nacimiento ni su resurrección, porque su ciudad ha sido cerrada por un muro y sus hijos oprimidos”.