Refugiados sirios de Kefraya y otras poblaciones llegan ayer a Alepo - EFE

La mitad de los 126 muertos del atentado de Alepo eran niños

El ataque en Siria contra el convoy de refugiados, no reivindicado, es atribuido a yihadistas

Corresponsal en el CairoActualizado:

Las víctimas del atentado del sábado en Alepo contra un convoy de refugiados no dejan de aumentar: los muertos suman ya 126, la mayoría menores de edad. Casi 70 niños murieron cuando una pick-up cargada de explosivos estalló junto a la hilera de autobuses de desplazados que esperaban ser trasladados a la zona alepina controlada por el Gobierno de Bashar al Asad. El conductor del vehículo llamó la atención de los menores ofreciéndoles víveres y chucherías, según la reconstrucción de los hechos facilitada por el Observatorio Sirio de Derechos Humanos y televisiones locales sirias.

Entre las víctimas, la mayoría familias provenientes de los pueblos chiíes de Fua y Kefraya -cercados desde hace dos años por facciones yihadistas suníes- que estaban siendo evacuadas desde la provincia de Idlib, también se contarían milicianos rebeldes que custodiaban los cerca de 75 autobuses detenidos en el barrio de Al Rashidín. Ningún grupo ha reivindicado el ataque, aunque Gobierno y oposición cruzan acusaciones. Sin ofrecer más detalles, la agencia oficial siria SANA culpó a «terroristas», etiqueta que utiliza de forma general para los insurrectos, mientras que fuentes de seguridad sirias señalaron a la televisión libanesa Al Mayadeen la responsabilidad de los rebeldes en el atentado, ya que el barrio de Al Rashidín queda bajo su control.

Numerosos grupos de la heterogénea oposición siria se han desmarcado en cambio del atentado, un «cobarde ataque que va contra los principios del islam». «El ataque sirve a las políticas sectarias de un régimen que, como beneficiado por este atentado intenta encubrir las masacres de Ghouta y Jan Sheijún» señaló el grupo rebelde Ahrar al Sham a través de un comunicado, en el que pidió además una investigación con observadores internacionales. El Ejército Libre Sirio (FSA, en inglés), condenó el atentado «contra civiles, independientemente de su afiliación o religión», y atribuyó «al régimen y sus socios la responsabilidad de este crimen».

Fin de la operación

Pese a la tragedia, el proceso de evacuación de miles de civiles y combatientes desde las ciudades de Fua y Kefraya desde el lado rebelde y otros 2.200 provenientes de las poblaciones de Madaya y Al Zabadani, cercadas por las fuerzas leales a Al Assad, continuó durante la noche del sábado y la mañana de ayer.

Los heridos fueron trasladados a hospitales en Alepo y el resto de los 5.000 civiles y combatientes leales al régimen fueron acogidos en el campo de desplazados de Yebrin, en los suburbios de Alepo, según confirmó SANA. Las decenas de autobuses provenientes de Madaya, que habían permanecido retenidas durante horas en barrios bajo control gubernamental, finalmente llegaron la madrugada del domingo a su destino en la provincia septentrional de Idlib, controlada por rebeldes e islamistas, según confirmó el OSDH.

Queda en el aire el futuro de la segunda fase del acuerdo de evacuación de «cuatro ciudades», acordado en marzo entre los aliados chiíes de Damasco Hizbulá e Irán y la facción siria opositora Ejército de la Conquista, y que afectaría a cerca de 30.000 personas entre familias y combatientes. Este último acuerdo de evacuación, el número 12 en los seis años de guerra siria, significaba esperanza para miles de familias en Zabadani y especialmente en Madaya, sin vías de avituallamiento y que se alimentan a duras penas gracias a la ayuda internacional. Los autobuses de ambas poblaciones, a pocos kilómetros de la capital siria Damasco, enfilaron hacia Idlib, último bastión de las fuerzas opositoras, donde grupos yihadistas como la antigua Al Nusra, filial de Al Qaida en Siria, se mezclan con los rebeldes que abandonaron Alepo el pasado verano, cuando las fuerzas de Asad, apoyadas por milicias chiíes y aviación rusa, tomaron los últimos barrios de la ciudad.