Cartel electoral de 2013 con la imagen de Soares
Cartel electoral de 2013 con la imagen de Soares - EFE
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Mário Soares, el faro socialista del Portugal moderno

Fue tres veces primer ministro y dos veces presidente de Portugal después de pasar tres años en prisión por desafiar el salazarismo

Lisboa Actualizado: Guardar
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La figura de Mario Soares es clave para la historia del Portugal democrático y contemporáneo. Sin su contribución y su mesura, no habría sido igual la integración en la Unión Europea después de los episodios convulsos que se precipitaron en la primera mitad de los 70: el fin de la dictadura de Salazar, la Revolución de los Claveles, las guerras de liberación de Angola y Mozambique...

Su aureola y su dimensión trascienden los límites del país vecino para convertirse en un tótem más de la evolución continental, pues siempre se comprometió con los valores de solidaridad y libertad, de participación ciudadana, de flexibilidad y tolerancia.

Soares puso en pie el Partido Socialista (PS) luso en aquellos tiempos difíciles y nunca dejó de extender la mano tendida tanto a los conservadores como a las posiciones del histórico líder comunista Álvaro Cunhal.

Ahí estaba el sentido de Estado en primer plano para Don Mário, fundamental en la búsqueda del consenso en una etapa en la que más lo necesitaba Portugal.

Un político sólido, amparado en una profundidad intelectual desplegada igualmente en el seno de la Fundación Mário Soares, toda una institución en Lisboa desde su emblemática ubicación en la Rua de Sao Bento, frente a la Asamblea de la República y muy cerca de la Fundación José Afonso.

Su sintonía con Felipe González hizo que portugueses y españoles pudieran ir de la mano en su confluencia con Bruselas, pues su faro europeísta guió a los habitantes del otro lado de la frontera en los años en que al país le costaba proyectarse hacia el exterior.

Soares nunca creyó en un Portugal de rodillas y defendió de forma permanente la equiparación con otras naciones, para que el ciudadano de a pie se liberase del complejo de estar en el furgón de cola de Europa.

Este ilustre lisboeta parecía llevar en los genes la dedicación a construir una sociedad más justa, pues era hijo de un pedagogo, sacerdote y ministro de las Colonias en el periodo de la I República.

Un retorno triunfal desde el exilio

Sus licenciaturas de Ciencias histórico-filosóficas y Derecho completaron el perfil de un hombre acostumbrado a mirar al frente, que pasó por las experiencias de ser detenido y deportado antes de exiliarse en Francia y desarrollar su faceta académica.

No pudo volver a Portugal hasta poco después de estallar la Revolución de los Claveles. Un retorno triunfal en medio del entusiasmo popular, pues todo el mundo era consciente de que había desafiado al régimen como fundador del PS en 1973.

Nada extraño, por tanto, que se estrenara como titular de Asuntos Exteriores antes de consagrarse primer ministro, en vista de que su lucidez pilotó a los socialistas para alcanzar la victoria en aquel Portugal que despertaba a la democracia.

Su apuesta por la igualdad le llevó a promover la independencia de las colonias lusas y, cómo no, a erigirse en el gran artífice de la entrada del país vecino en la entonces denominada Comunidad Económica Europea.

De ahí proviene la identificación de Mário Soares como el gran icono del vuelco político-social al otro lado de la frontera para romper con el aislamiento de los 48 años de dictadura salazarista y abrazar los valores continentales. Mucho más al asentarse como eurodiputado justo en el cambio de siglo.

Su larga experiencia le acreditó para instalarse en el Palacio de Belém como uno de los presidentes de la República portuguesa más queridos por el pueblo. Y únicamente salió de allí debido a la pujanza del conservador Aníbal Cavaco Silva.

Hace poco más de un año que comenzó su retirada en serio de la vida pública, avanzada la edad y bajo el impacto del fallecimiento de su esposa, Maria Barroso.