Palacio y Fischer, confidencias de dos ministros en Jordania. Epa

Un Mar Muerto muy vivo

Once jefes de Estado o de Gobierno; decenas de ministros; empresarios; diplomáticos; cerebros privilegiados; periodistas... La flor y nata de la economía y la política mundial, reunida un largo fin de semana en Jordania para hablar cara a cara, a toda prisa, de Irak y Oriente Próximo

SHUNEB. JUAN CIERCO. ENVIADO ESPECIAL
Actualizado:

Colin Powell no tiene manos suficientes para estrechar todas las que le salen al paso en su camino firme y decidido por los pasillos del hotel Moevenpick, a orillas del Mar Muerto jordano. Koffi Annan se cruza con Paul Bremer, administrador civil en Bagdad, tras anunciar una conferencia sobre la reconstrucción de Irak la próxima semana en Nueva York. Marwán Moasher, ministro jordano de Asuntos Exteriores, recibe con luz y taquígrafos a su homólogo israelí, Silván Shalom, quien acaba de reunirse con su colega egipcio, Ahmed Maher.

José María Figueres, presidente del Foro Económico Mundial, recibe complacido a Bill Clinton tras despedir en la puerta principal del hotel a Javier Solana, quien antes de partir rumbo a Nueva York ha comentado en un rincón casi desapercibido la reunión del Cuarteto de Madrid con el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol.

Johannes Rau, jefe de Estado de Alemania, apenas puede intercambiar una media sonrisa con Hamid Karzai, presidente de Afganistán, quien acaba de enviar a su ministro de Exteriores, Abdullah Abdullah a departir con el senador norteamericano, Richard Lugar. Su colega por Delaware, Joseph Baiden, no aguanta más el tórrido calor (Dios bendiga al inventor del aire acondicionado) y chaqueta en mano se cita en una esquina con Joschka Fischer, jefe de la diplomacia alemana, quien no ha dejado de intercambiar sonrisas cómplices durante un largo debate sobre el papel de Europa en Oriente Próximo con la ministra española de Asuntos Exteriores, Ana Palacio.

Lord Robertson, secretario general de la OTAN, hace pasillos como cualquier becario de una importante cadena de televisión a la espera de reunirse «tête à tête» con Abdulá Gul, ministro de Exteriores de Turquía, quien ha podido entre corros y empujones intercambiar un cordial saludo con el jefe de la oposición israelí, Simón Peres. El iraquí Adnán Pachachi, quien ha madrugado para entrevistarse con Palacio, no desaprovecha la ocasión de analizar el futuro de Irak con el secretario general de la Liga Árabe, Amre Musa, que prefiere mirar hacia otro lado al cruzarse de manera imprevista con el ministro israelí de Comercio, Ehud Olmert.

«Curro» se va

Salam Fayad, ministro de Finanzas palestino, se abraza a Miguel Ángel Moratinos, enviado especial de la UE para Oriente Próximo, quien es a su vez saludado con cariño por William Burns, secretario de Estado adjunto norteamericano, y por Igor Ivanov, ministro de Exteriores ruso, conscientes de los emocionantes momentos que vive «Curro» antes de entonar su despedida del cargo.

George Papandreu, jefe de la diplomacia griega y presidente de turno de la UE, se come un bocadillo mientras charla con la presidenta de Letonia, Vaira Vike-Freiberga, quien no deja de mirar a uno y otro lado a la espera de la inminente llegada de la Reina Rania de Jordania. Sergio Vieira de Melho, representante especial de la ONU en Irak, baja la mirada, entre cansado y aburrido, con las manos metidas en los bolsillos de sus pantalones mientras escucha las explicaciones de Nabil Shaath, ministro de Exteriores palestino, que no ha podido saludar a Simeón Saxe-Coburg-Gotha, por estar el primer ministro búlgaro ocupado en animada charla con el Rey Abdalá II... Y así tres días.