Madres violadas, aunque «los peores fueron los mestizos»

Ecuador es una sorpresa continua. La gente es cordial. Y aunque algún guía más osado afirme: «Los españoles violaron a nuestras madres», lo hace en un tono alejado del rencor. Es como si quisiera

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Ecuador es una sorpresa continua. La gente es cordial. Y aunque algún guía más osado afirme: «Los españoles violaron a nuestras madres», lo hace en un tono alejado del rencor. Es como si quisiera decir: hubo excesos, pero no tantos como algunos pretenden, y, sea como fuere, las ventajas de la llegada de los españoles compensan con creces las desventajas de algunos desmanes. El guía añade: «Los peores no fueron los españoles, sino los mestizos».

Todo en Quito recuerda el pasado glorioso español: la plaza de la Independencia, la catedral, la plaza de los franciscanos con su iglesia imponente, la de la Merced, etcétera, etcétera. Pero en la capital se notan más los efectos de la pobreza que en Guayaquil, la gran urbe comercial.

En Quito es común el asedio en la calle de niños que sí que parecen pobres de solemnidad. Intentan vender lo que sea, cualquier objeto superfluo, a cambio de un dólar, o de medio. Pero no hay inseguridad. No es como en Venezuela, donde un paseo de estas características es verse expuesto, automáticamente, al atraco.