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Macron y Merkel aceptan retrasar el Brexit si Londres aclara su plan

El presidente francés y la canciller alemana, unidos ante la salida de Reino Unido de la UE

Corresponsal en ParísActualizado:

El Brexit ha permitido a Angela Merkel y Emmanuel Macron poner en escena su «unión» ante una crisis crucial para el futuro de Europa, cubriendo con un tupido velo el rosario de cuestiones de fondo que Alemania y Francia no logran «armonizar», de la refundación de la UE a la crisis de la inmigración, pasando por los enfrentamientos soterrados entre el partido del presidente francés y el partido nacional y europeo de la canciller alemana.

Tras la firma del nuevo Tratado de Aquisgrán, el 22 de enero pasado, Merkel y Macron celebraron ayer una comida de trabajo en el palacio del Elíseo con el fin de buscar puntos de convergencia ante las cuestiones más inflamables de la agenda diplomática bilateral y multilateral: Brexit, crisis de las relaciones UE-EE.UU., crisis Francia-Italia, tensiones entre Macron y casi todos los líderes del este europeo, y preparación de la cumbre europea del 21 y 22 de marzo.

Ante la marea negra del escepticismo con que fue saludado el Tratado de Aquisgrán, Macron volvió a dar prueba de su irrefrenable optimismo, antes de la comida: «La pareja francoalemana está siempre más unida (...) Nuestra relación es más fuerte y eficaz».

Suprimida la tradicional rueda de prensa posterior, la pareja encontró en el Brexit un terreno ideal de entendimiento, que el presidente francés resumió con franqueza abrupta: «Si los británicos quieren más tiempo, podemos examinar una petición de retraso, pero solo si está justificada por nuevas propuestas. Pero no lo haremos si no hay una perspectiva clara sobre cuál es el objetivo que se persigue». «Comparto plenamente ese punto de vista», se limitó a comentar Angela Merkel.

Siempre expeditivo y «enérgico», a su manera, el presidente francés invitó al Gobierno y el Parlamento británicos a dar pruebas de una «determinación» de compleja ejecución: «Tienen que tomar decisiones y ofrecernos lo que se debe a los socios, amigos y aliados: una visión clara y un proyecto común para el futuro». Menos grandilocuente, pero igualmente diáfana, Merkel añadió: «Solo podemos aceptar una prórroga si el objetivo último es encontrar una salida ordenada».

La canciller alemana y el presidente francés decidieron «despachar» su reunión de trabajo con esas declaraciones, previas al «chalaneo» más íntimo y complejo que siguió durante su estudiosa comida, relativamente breve.

La respuesta común a la crisis del Brexit no consigue ocultar los terrenos de compleja discusión bilateral, sin resultados prácticos llamativos. Macron está inconfesablemente «decepcionado» con una Merkel que no ha querido o no ha podido hacer campaña común en defensa de la «refundación» de la UE propuesta por el presidente francés en su discurso no menos «fundacional» de la Sorbonne, en septiembre de 2017. Esa decepción tiene muchos flecos, que la Deutsche Welle resumió hace días de manera elocuente: los «proyectos» europeos del presidente francés «avanzan», pero a un ritmo «muy modesto». El modelo macroniano de «refundación» de Europa no convence en Alemania.

La crisis de la inmigración

Merkel, por su parte, ha dejado filtrar en varias ocasiones su propia «decepción» ante el modestísimo apoyo recibido de la Francia de Macron cuando estalló en Alemania la crisis de la inmigración, tan crucial en el eclipse de la canciller, cuya sucesora, Annegret Kramp-Karrenbauer, ha confesado al vespertino «Le Monde» su «inquietud» por la inconclusa crisis de los chalecos amarillos.

Unidos ante la crisis del Brexit, Merkel y Macron seguirán presentando un «frente común» y una «amistad privilegiada», pero tampoco pueden olvidar que el partido de Emmanuel Macron, La República En Marcha (LREM), aspira a liderar en el Parlamento Europeo (PE) una fuerza política ¿emergente?, que los conservadores del Partido Popular Europeo (PPE, el partido de Merkel) contemplan con reserva y hostilidad apenas contenida.