Macron visita la casa del escritor Pierre Loti en compañía de la ministra de Cultura - EFE

Macron, el presidente más impopular a los 16 meses de su llegada al Elíseo

Ha batido el récord histórico que hasta ayer tenía François Hollande que contaba con un 32% de opiniones positivas de sus compatriotas

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Emmanuel Macron se ha convertido en el presidente más impopular de la V República, a los 16 meses de su elección, cuando Francia vuelve a dar unos signos de inmovilismo que tienen muchos flecos negros para Europa y las crisis europeas.

Según el último sondeo del semanario «Paris Match», referencia clásica, apenas un 31% de los franceses tienen hoy buena opinión del presidente de la República. Se trata de un récord absoluto, desde hace medio siglo.

Cuando Macron llegó al Palacio del Elíseo, François Hollande todavía contaba con un 32% de opiniones positivas, Nicolas Sarkozy contaba con un 35%, Jacques Chirac con un 40%, François Mitterrand con un 52%, Valery Giscard d’Estaing con 48 % y el general de Gaulle con el 58%.

Macron ha batido el récord histórico de impopularidad que hasta ayer tenía François Hollande. Esta caída brutal de la estima de un presidente, que fue elegido con el 66,10% de los votos de la segunda vuelta, parece indicar que es víctima de un rosario ininterrumpido de crisis inflamables: incremento de la fiscalidad en sectores sensibles (pensionistas y clases medias); reformas a paso de carga –con éxito pero sin concertación–; gestión «autoritaria» de la vida gubernamental; escándalo de su «gorila» personal –acusado de apalear a manifestantes el 1 de mayo pasado–; escándalo de la dimisión de un ministro «estrella», Nicolas Hulot, ecologista célebre; amenazas de recortes presupuestarios; confusa reforma fiscal (posible retención en la nómina del impuesto sobre la renta) y los sindicatos anuncian movilizaciones de protesta a partir de octubre.

Falsas promesas

A finales de agosto se anunciaba un otoño político «caliente», días más tarde, los nubarrones se están transformando en una tormenta de granizo. En conjunto, las crisis dejan al descubierto un inmenso problema de fondo: el abismo creciente que separa por ahora las promesas todavía recientes y los invisibles frutos inmediatos.

Macron fue elegido prometiendo una «revolución» que estaba llamada a «transformar» Francia. Al día de hoy, la deuda pública sigue creciendo, los déficits del Estado siguen siendo considerables, el crecimiento económico sigue siendo modesto (más bajo que el de España) y las reformas más duras están por realizar, en fecha todavía desconocida.

El líder francés comenzó prometiendo la «ejemplaridad» en materia de gestión de los negocios público, pero el escándalo de su escolta personal dejó al descubierto la existencia de favoritismos de la peor especie en los pasillos más oscuros del Elíseo.

Macron afirmaba, como candidato, que su programa no era «ni de izquierdas ni de derechas»… En la práctica, su política económica es liberal-conservadora, y su proyecto global se inscriben en la gran estela nacional de Luis XIV, Napoleón, de Gaulle y Giscard, el reformismo autoritario. La opinión pública centrista se siente traicionada, sin que la opinión pública conservadora sienta un entusiasmo loco ante los malabarismos verbales del presidente.

Macron propuso «refundar» Europa y la Unión Europea con un ambicioso rosario de reformas. Al día de hoy, la refundación se percibe muy lejana: Angela Merkel está mucho más interesada por conseguir para Alemania la presidencia de la Comisión Europea. La opinión pública cosmopolita y europeísta percibe el estancamiento.

El mandatario decidió asumir el liderazgo presumido e hipotético de una Europa «favorable» a la inmigración, presentándose como el primer adversario de los gobiernos nacionalistas, ultra nacionalistas e «iliberales», liderazgo hipotético que la opinión pública percibe con inquietud: del 60 al y 65% de los franceses estiman que Macron es «demasiado laxista» en materia de inmigración.

Macron tiene a su favor una situación política excepcional: el socialismo francés está por los suelos, la derecha tradicional está «huérfana» de Nicolas Sarkozy, los populismos de extrema derecha y extrema izquierda (Le Pen y Mélenchon) gesticulan mucho, pero no «muerden». Macron espera poder salir del hoyo donde ha caído en los próximos dos años. Veremos.