Macron arrebata a la derecha dos de sus figuras emblemáticas

El fichaje de Raffarin y Juppé refuerza el perfil liberal conservador del proyecto presidencial

Corresponsal en ParísActualizado:

Emmanuel Macron ha «robado» al centro-derecha tradicional dos personalidades importantes, Jean-Pierre Raffarin y Alain Juppé, que podrán reforzar la dimensión liberal conservadora de su proyecto político nacional y europeo, en campaña contra la extrema derecha de Marine Le Pen, su gran adversaria.

Raffarin se educó políticamente con Valery Giscard d’Estaing y fue ministro y jefe de gobierno de Jacques Chirac. Es uno de los grandes arquitectos de todos los proyectos y partidos del centro-derecha francés de las últimas décadas. Sin romper con Los Republicanos (LR, el partido de la derecha tradicional), Raffarin ha anunciado que hará campaña a favor del proyecto político europeo de Macron, que consuma una carambola a dos bandas: «Roba» un «príncipe» a la derecha tradicional, beneficiándose de paso del «aura» de un político con mucha experiencia nacional e internacional.

Juppé, por su parte, fue el hijo político predilecto de Jacques Chirac, hasta ser su jefe de gobierno y candidato a la sucesión en la jefatura del Estado, antes de ser ministro de Defensa y Asuntos Exteriores de Nicolas Sarkozy. Candidato desafortunado de la derecha en las primarias del 2016, Juppé ha terminado aceptando el cargo que le ha ofrecido Emmanuel Macron: miembro del Consejo constitucional, desde donde apoyará los proyectos nacionales y europeos del jefe del Estado.

Se trata de dos «piezas» mayores, figuras emblemáticas del centro derecha histórico que vienen a completar un equipo de centro-derecha sin fisuras. Édouard Philippe, el actual primer ministro, fue portavoz oficial de Juppé y formó parte del equipo de François Fillon, candidato desafortunado a la Presidencia. Oficia de «escudo» y ejecutor de la política presidencial. Garantía sin tacha de conservadurismo modernista. Bruno Le Maire, ministro de Economía, fue titular de Asuntos europeos de Sarkozy. Es un conservador tradicional, con una familia personal que está a la derecha de la derecha reformista. Germanista emérito, es además un hombre de confianza para negociar con los renuentes amigos políticos de Angela Merkel en Alemania y el Partido Popular Europeo (PPE).

Gérald Darmanin, ministro de los Presupuestos del Estado de Macron, fue portavoz oficial de Sarkozy. Nacido en el seno de una familia de orígenes magrebíes, es un conservador pragmático. Un símbolo de la inmigración bien integrada, capaz de escalar hasta los más altos cargos del Estado.

Orígenes muy diversos

En el gobierno de Emmanuel Macron hay personalidades de orígenes muy diversos. Un exministro social liberal, mujeres empresarias partidarias del «realismo» económico y alguna chica joven que coqueteó con el «feminismo». El núcleo duro del equipo macroniano viene del centro y la derecha. «Robando» y «cooptando» para su proyecto político europeo a personalidades como Raffarin y Juppé, Macron confirma la principal corriente política de su cesarismo reformista.

A setenta días de las próximas elecciones europeas, Francia está entrando en campaña. Todos los sondeos confirman la misma tendencia: Macron solo tiene una rival temible, Marine Le Pen, cuya extrema derecha se cotiza como primer o segundo partido en intenciones de voto.

«Recentrando» hacia la derecha su proyecto político, Macron también avanza peones electorales europeos. Su programa, la «refundación» y el «renacimiento» de la Unión Europea (UE), estará apoyado por personalidades del centro derecha histórico. Se trata de una «garantía» dirigida a los electores conservadores tradicionales que pudieran sentir la tentación de escuchar las sirenas nacionalistas de Los Republicanos (LR) o ultranacionalistas de la Agrupación Nacional (AN) de Marine Le Pen.

Ante el hundimiento histórico de socialistas y comunistas, ante el estancamiento de los ecologistas, ante las sirenas populistas de extrema izquierda (Jean-Luc Mélenchon) y de extrema derecha (Le Pen), Macron aspira a presentarse como el «salvador» del puesto de Francia en una Europa en crisis existencial profunda.