Londres sale al paso y rechaza que la retirada de Basora suponga una derrota

El primer ministro Gordon Brown tuvo que salir al paso ayer, en pleno revuelo por la retirada de las tropas británicas del Palacio de Basora en el sur de Irak, para rechazar que fuera una derrota

MARCELO JUSTO. SERVICIO ESPECIAL LONDRES
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El primer ministro Gordon Brown tuvo que salir al paso ayer, en pleno revuelo por la retirada de las tropas británicas del Palacio de Basora en el sur de Irak, para rechazar que fuera una derrota, como se interpretó en algunos medios. «Estamos pasando de una posicion de combate a una de supervisión. A partir de ahora, podemos intervenir en ciertas circunstancias. Estamos cumpliendo con uno de nuestros objetivos: el traspaso de la seguridad a las fuerzas iraquíes», dijo Brown.

En un intento de evitar que la retirada se perciba como huida, el Gobierno defendió a lo largo del día la decisión de trasladar 550 efectivos a la última base militar británica que queda en Irak y que se encuentra en las inmediaciones del aeropuerto de Basora. En declaraciones a «Today», un programa radial matutino de la BBC de sintonización obligatoria para la clase política, el primer ministro aseguró que el número total de tropas se mantendría y que el Reino Unido continuaría cumpliendo con sus obligaciones con la comunidad internacional y el pueblo irauí.

El canciller David Milliband indicó que la decisión tenía pleno respaldo americano. «Refleja la situación en el terreno y la creciente capacidad de las fuerzas de seguridad iraquíes. Contó con la aprobación de la coalición y el Gobierno iraquí», dijo el canciller.

No todos coinciden con esta evaluación. Para algunos críticos de la guerra, como el periodista del matutino británico «The Independent», Patrick Corbun, los cuatro años de ocupación de Basora dejaron un saldo de 168 soldados muertos y ningún éxito. «El objetivo era establecer un gobierno que le diera orden, seguridad y una vida digna a los iraquíes en Basora. El fracaso ha sido total», escribió en el rotativo.

Desde el otro lado de la acera, el general americano Jack Keane, uno de los arquitectos de la actual ofensiva militar estadounidense, señaló que la situación de seguridad en Basora se ha deteriorado profundamente. «En Basora tenemos un reino de las bandas armadas y una inhabilidad total de las fuerzas de seguridad por controlar la situación», dijo Keane.

Señales de desmovilización La desmovilización de tropas británicas comenzó con el primer ministro Tony Blair, pero desde su partida a finales de junio ha habido señales de una aceleración de los tiempos políticos. En declaraciones poco después de asumir su cargo de canciller, Milliband enfatizó la negociación y la diplomacia como vías privilegiadas para solucionar el marasmo iraquí. La cumbre en julio entre George W. Bush y Gordon Brown culminó en una conferencia de prensa conjunta en la que el mandatario norteamericano reiteró que el Reino Unido era un aliado natural, mientras que Brown dijo que el mundo debía agradecer el liderazgo estadounidense en la lucha contra el terrorismo.

Primeras críticas militares

Unas semanas más tarde, las diferencias eran indisimulables. Las declaraciones del general Keane y las filtraciones del Pentágono a la prensa norteamericana dejaron claro que había un creciente temor a que Brown se retirara de Irak dejando política y diplomáticamente aislado a los Estados Unidos.

El furor fue tal que el viernes el mismo Bush tuvo que salir al cruce de estas críticas y negar en una entrevista televisiva que los británicos estuvieran por abandonar Irak. El sábado, el ex jefe del ejército británico durante la invasión, el general Mike Jackson, defendió la política de su gobierno y atacó la de Estados Unidos y, en especial, a su ex ministro de Defensa Donald Rumsfeld. «El mantra ideológico de Rumsfeld era que serían recibidos como liberadores y que una sociedad democrática modelo surgiría de la nada con la caída de Sadam Hussein. Fue un terrible error», declaró Jackson al «Daily Telegraph».

No fue el único. Un día después, aparecieron declaraciones de otro general británico, Tim Cross, encargado de la planificación de posguerra, quien acusó a Estados Unidos de tener un «desastroso» plan posterior a la invasión.