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Llanto por las 44 vidas perdidas en el océano

Los argentinos han seguido con el corazón en un puño la suerte de los tripulantes del ARA San Juan, ejemplos de pasión por el mar y entrega a su país

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Las familias, y con ellas el resto de Argentina, lleva días pendiente de la suerte de los 44 tripulantes del ARA San Juan, el submarino perdido en aguas del Atlántico sur que, según se supo ayer, sufrió una explosión el mismo día de su desaparición. Sus 44 historias, que habrían pasado inadvertidas para sus compatriotas de haber ido todo según lo previsto, han emergido ahora como ejemplo de amnegada entrega a la defensa del país bajo la superficie del océano.

Al frente de estos marinos se encuentra el capitán de fragata Pedro Martín Fernández, tucumano de 45 años. Se había mudado hace una década con su esposa y sus tres hijos a Mar del Plata, la ciudad donde se encuentra la base naval a la que debería haber regresado el submarino. Según ha contado a la prensa local su madre, Emma Nelly Juárez, le había asegurado que, tras navegar por todo el mundo, «este iba a ser su último viaje en el submarino» y que después «se quedaba en tierra».

El segundo a bordo es el capitán de corbeta Jorge Ignacio Bergallo, hijo precisamente de quien fue comandante del ARA San Juan, Jorge Bergallo. «Estoy muy orgulloso de que mi hijo haya elegido esta profesión», declaró el padre a la emisora Radio Mitre. «Son personas serenas y excelentes profesionales», añadió de todos los miembros de la tripulación. Jorge Ignacio Bergallo tiene esposa y una hija.

Otro padre es el cabo principal Pablo Toconás, que tiene un niño de ocho años, pero que se encuentra a la espera de que su esposa dé a luz al segundo.

La tripulación incluye a una mujer, Eliana María Krawczyk, la jefa de armas del submarino. De 35 años, es la primera submarinista que llega a oficial en la historia de la Armada argentina. Era una apasionada del mar. En 2003 cambió su carrera como ingeniera industrial por la Escuela Naval Militar y se encontraba feliz por embarcarse en su nueva vida. «El amor de ella es el mar», declaró recientemente su padre, Eduardo.