REUTERS  El cardenal Ortega habla a la prensa en La Habana frente a una réplica de la Virgen del Cobre, patrona de Cuba
REUTERS El cardenal Ortega habla a la prensa en La Habana frente a una réplica de la Virgen del Cobre, patrona de Cuba

La voz de la libertad en Cuba

JUAN VICENTE BOO | ROMA
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Para ser cardenal de La Habana durante casi treinta años hace falta un temple de acero, que en el caso de Jaime Lucas Ortega y Alamino se forjó a mediados de los años sesenta en un campo de trabajos forzados al que fue a parar a los dos años de haber sido ordenado sacerdote.

Su personalidad ha sido reconocida por la dictadura castrista, que esta semana eligió al cardenal para abrir un proceso de diálogo que podría culminar con la pronta liberación de presos políticos. Raúl Castro parece interesado en tener un «gesto de apertura» ante la inminente visita a la isla del secretario de Estado del Vaticano. Y por su parte al cardenal Ortega no le importa parecer, a la vista de algunos sectores más exaltados de la disidencia democrática, como «utilizado» por el régimen, con tal de aliviar la situación de los derechos humanos en la isla.

El largo pulso entre el cardenal Ortega y la dictadura de los Castro ha tenido momentos muy difíciles, pero también otros grandiosos, como la histórica visita de Juan Pablo II a Cuba en enero de 1998.

Actividad con la juventud

En cierto modo, el perfil del cardenal cubano se parece al de Karol Wojtyla pues ambos pasaron buena parte de sus vidas haciendo frente a dictaduras sin caer jamás en los medios violentos.

Del mismo modo que Karol Wojtyla defendía la cultura polaca frente a la ocupación alemana representando teatro clandestino, el párroco de Matanzas organizaba campamentos veraniegos para jóvenes en los que los muchachos representaban obras teatrales. En continentes y épocas distintas, ambos sacerdotes se dedicaban sobre todo a los jóvenes, con vistas a superar una etapa anómala y poner las semillas de un futuro normal para la nación.

La actividad como profesor del hoy arzobispo Jaime Ortega y Alamino se inició con clases de Teología Moral en el Seminario Diocesano de San Carlos y San Ambrosio en La Habana. En un sistema sin libertades es necesario invertir siempre en la siguiente generación.

La vida del veterano cardenal de La Habana -como la de tantos de sus compatriotas- nunca fue fácil. Su padre trabajaba en una planta azucarera de Jagüey Grande, su pueblo natal, del que sería párroco a los 31 años, poco después de cumplir su condena de trabajos forzados.

Ortega y Alamino descubrió su vocación sacerdotal en primero de carrera, y abandonó la universidad para ingresar en el seminario de Matanzas, dirigido por los Padres de la Misiones Extranjeras de Quebec.

Dentro y fuera de la isla

Por su valía, el obispo de Matanzas envió a Jaime Lucas Ortega y Alamino a completar estudios en el seminario de esa orden religiosa en Quebec, lo cual le puso en contacto con el mundo exterior. Pero no recibió la ordenación sacerdotal «en el exilio», sino que volvió a Cuba para recibirla en la catedral de Matanzas el 2 de agosto de 1964.

En el Vaticano, el cardenal Ortega tiene responsabilidades en las áreas de formación de los sacerdotes, pastoral del personal sanitario y selección de obispos en Iberoamérica.

Vidas paralelas con Juan Pablo II. La vida de Ortega y Alamino se entrelazó definitivamente con la de Juan Pablo II cuando el Papa polaco le nombró en 1978 obispo de Pinar del Río y le trasladó en 1981 a La Habana como arzobispo de la capital. El Papa dejó pasar mucho tiempo, concretamente hasta 1994, antes de nombrarle cardenal.

Protagonismo en la Iglesia cubana. La capacidad de liderazgo llevó a Jaime Lucas Ortega a ser elegido cuatro veces presidente de la Conferencia Episcopal de Cuba, mientras que su valía ha sido reconocida por cinco universidades norteamericanas, incluido el «Boston College» de Massachussets, que le han concedido diversos doctorados «Honoris Causa».