Un liberal seducido por el populismo
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Un liberal seducido por el populismo

M. M. CASCANTE | CIUDAD DE MÉXICO
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Con su casi 1,90 de estatura, denso bigote negro, sombrero de ala ancha y botas de «cowboy», Manuel Zelaya Rosales es el mayor de los cuatro hijos del terrateniente Manuel Zelaya Ordóñez, añejo linaje de origen vasco que desde el siglo XVIII ha dado a Honduras un buen número de notables en la política, judicatura, milicia y las Letras.

Nacido en Catacamas el 20 de septiembre de 1952, «Melito» dedicó las décadas de los setenta y ochenta a cimentar sus negocios madereros y ganaderos. Afiliado al Partido Liberal desde 1970, en noviembre de 1985 obtuvo su primera acta de diputado, que renovaría en el 89 y el 93.

Su segunda participación en las primarias del liberalismo lo llevó a la candidatura presidencial en 2005. Con un programa basado en generalidades y en la «idea fuerza» del poder ciudadano (articulada en democracia participativa, reformas políticas y «mano dura» contra la corrupción), tras una reñida campaña y un recuento plagado de irregularidades, fue proclamado vencedor frente al candidato del Partido Nacional, Porfirio Lobo.

A los dos años de asumir el poder, Honduras ingresó en la Alternativa Bolivariana para Nuestra América (ALBA) de la mano de «Mel». Dos de sus socios principales mostraron su solidaridad con el político «liberal» devenido en populista.

El líder cubano Fidel Castro apoyó moralmente al gobernante en un artículo publicado ayer en toda la prensa cubana. Zelaya -escribe Castro- «sufre profundamente los abusos del imperio» y siente una «profunda aversión al sistema económico». Sus palabras del jueves le recordaron «el discurso del presidente Salvador Allende mientras los aviones de guerra bombardeaban el Palacio Presidencial».

A su vez, el presidente venezolano Hugo Chávez denunció que «en Honduras está en marcha un golpe de Estado promovido por la toda esa alianza de fuerzas burguesas retrógradas». Chávez anunció que «no nos vamos a quedar de brazos cruzados. Anoche hablé con Evo [Morales, presidente de Bolivia]. Estamos dispuestos a hacer lo que haya que hacer para que se respete la soberanía y la voluntad del pueblo».