Pedro Rodríguez - De lejos

Un largo «Auf Wiedersehen»

El anunciado final de Merkel plantea una sobredosis de inestabilidad para Alemania y Europa

Pedro Rodríguez
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En política, como en otras tantas cuestiones, la memoria suele resultar bastante limitada. El valor de un líder político se calcula sobre todo en función del resultado obtenido de las últimas elecciones. Y a pesar del historial de Angela Merkel durante más de una década como canciller de Alemania, lo cierto es que los democratacristianos de la CDU-CSU vienen cosechando durante el último año los peores resultados en su distinguido historial electoral como uno de los grandes y mayoritario Volkspartei de Europa.

La «canciller eterna» al final ha tenido que reconocer una anticipada fecha de caducidad y que no es inmune a lo inevitable, pagando el altísimo precio que supuso reeditar una Gran Coalición con los menguantes socialdemócratas. Desde entonces, las ambiciones de posibles sucesores se han disparado al igual que las críticas. Y eso que tanto la ambición demasiado evidente como el lavar trapos sucios en público no forman parte de la más reciente tradición política alemana. Una tradición forjada a partir de la pesadilla de los años treinta y cada vez más cuestionada entre otras cosas por el auge extremista de Alternativa por Alemania.

En el balance de su gestión internacional, se puede decir que Merkel ha sido la única líder capaz de mantener el tipo ante la zafiedad populista de Trump y los siniestros designios de Putin. Con el mérito, incluso a pesar de la fractura social y el enorme retroceso sufrido por la política tradicional, de haber dado una lección al mundo sobre el respeto a la dignidad humana acogiendo en Alemania a cientos de miles de refugiados. Sin olvidar la misión casi imposible de conciliar la obsesión germana por la estabilidad financiera con los retos planteados por la crisis del euro.

Aunque no hay políticos indispensables, el largo adiós de Merkel no hace más que pronosticar una sobredosis de inestabilidad para Alemania y Europa. Se multiplican las posibilidades de un precipitado final para el gobierno de coalición en Berlín. Y la batalla por la sucesión promete distraer todavía más a los democratacristianos de la tarea de gobernar en una de las coyunturas políticas más difíciles para la Bundesrepublik Deutschland.

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