El mayor ladrón de «memorabilia» histórica de EE.UU.

Regalaba galletas y pastelitos a los empleados de archivos y bibliotecas para caer simpático y distraerlos mientras él y su compinche robaban

EMILI J. BLASCO
CORRESPONSAL EN WASHINGTON Actualizado:

Regalaba galletas y pastelitos a los empleados de archivos y bibliotecas para caer simpático y distraerlos mientras él y su compinche robaban documentos que introducían en chaquetas con bolsillos especiales.

Barry Landau, el coleccionista con mayor número de objetos relacionados con los presidentes estadounidenses -se calcula que la colección alcanza el millón de piezas- está siendo juzgado en Baltimore. El FBI le ha confiscado 10.000 items, de los cuales 2.500 han podido ya ser atruibuidos a robos y cuyo valor en el mercado podría alcanzar varios millones de dólares.

Landau, que en ocasiones aseguraba haber trabajado en la Casa Blanca para ocho presidentes -“siempre detrás de la cortina y con integridad”, había afirmado en un acto público-, comenzó su colección a los diez años, cuando en 1958 escribió una carta en Eisenhower diciéndole que su mujer era “muy guapa” y pidiéndole un autógrafo.

Se desconoce cuándo comenzó a hurtar “memorabilia”, pero el volumen de la actividad delictiva de Landau, de 63 años, hace suponer que llevaba tiempo en ello. En sus últimas acciones contaba con un cómplice, Jason Savedoff, de 24 años. Se presentaban ante las instituciones como tío y sobrino, aunque no tienen parentesco.

Les puede caer una condena de 15 años de prisión. Landau se encuentra en situación de arresto domiciliario en su domicilio de Nueva York; para pagar la fianza pidió al FBI poder vender algunos objetos de su colección que no tenían un origen delictivo.

Los robos no solo tenían por objeto agrandar la colección, sino también obtener beneficios con su venta. El mercado de documentos históricos estadounidenses mueve anualmente entre 30 y 50 millones de dólares, según estimación del “Wall Street Journal”. Los robos venían falicitados por el poca seguridad que existe en muchos archivos y bibliotecas.

La Maryland Historical Society, por ejemplo, que ha sido la que denunció a la pareja de ladrones, ha reducido su personal en un 70% en los últimos diez años, sin ya prácticamente nadie que supervise las salas de lectura.

Entre las piezas hurtadas se encuentran una carta de Benjamin Franklin de 1780, sustraída en este caso de la New York Historical Society, y discursos de Franklin Roosevelt procedentes de su museo, que luego fueron vendidos por 35.000 dólares cada uno.