La historiadora británica Karen Armstrong durante su conferencia en la Casa Árabe
La historiadora británica Karen Armstrong durante su conferencia en la Casa Árabe - Casa Árabe / Laura M. Lombardía

Karen Armstrong: «La religión es un consuelo necesario; desesperados, hacemos cosas terribles»

La historiadora británica, premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2017, dio el pasado miércoles una charla en la Casa Árabe de Madrid sobre los desafíos a los que se enfrenta el islam

MadridActualizado:

La historiadora Karen Armstrong (Wildmoor, Reino Unido, 1944), galardonada con el premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2017, acudió el pasado miércoles a la Casa Árabe de Madrid para dar una conferencia titulada «Los desafíos del islam en el mundo moderno». Poco antes, durante su charla con ABC, conversó sobre las tres grandes religiones monoteístas, el cristianismo, el judaísmo y el islam, y sobre sus libros sagrados, que define como obras poéticas, y que cree que no deben ser interpretados literalmente.

Armstrong, que además ha sido impulsora de «Charter for Compassion», una iniciativa que lucha por hacer de la compasión la llave que abra el diálogo interreligioso, fue monja, pero colgó los hábitos e ingresó en la Universidad de Oxford, donde estudió Literatura. La fe, que perdió tras pasar por el convento, la recuperó en Jerusalén. Sus libros han vendido millones de ejemplares en todo el mundo y han suscitado esa mezcla de adhesiones y críticas que rodean a cualquier trabajo de peso. Precisamente, esta entrevista comienza con una pregunta sobre una de sus obras, «Los orígenes del fundamentalismo en el judaísmo, el cristianismo y el islam» (Tusquets, 2004).

En su libro, explica que el auge del fundamentalismo está vinculado al surgimiento del secularismo en nuestras sociedades.

Depende de cómo se haya introducido el secularismo. En los países musulmanes, no fue un desarrollo orgánico o natural, sino algo importado desde fuera e impuesto, a veces, de manera muy violenta. En Irán, los Shah hicieron que los soldados salieran a la calle con bayonetas, y Reza Pahlavi dio orden a la Policía de matar y disparar a muchísimos manifestantes. En este contexto, el secularismo no era algo benigno, y causó una reacción. En cualquier parte del mundo, el fundamentalismo se ha desarrollado tras algo percibido como un ataque por parte de los liberales o de la gente laica.

El escritor egipcio Al-Aswany dijo en una entrevista que el islam y la democracia solo pueden convivir si el islam se queda dentro de la mezquita. ¿Qué opina usted?

El islam no se puede quedar en la mezquita. Ninguna religión se puede quedar en el templo, porque eso la destruye. En las Escrituras, y en todas las tradiciones religiosas, ya sea la china, la india, la cristiana, la musulmana o la judaica, se dice que hay que salir, ayudar al mundo y hacer el bien. Incluso Buda, que meditaba y hacía yoga, insitía en que los monjes tenían que trabajar cerca de la gente.

Si la religión se queda dentro de la esfera privada, se convierte en una forma de egocentrismo, de egoísmo e indiferencia. Pero la religión se desarrolló como una reacción contra las injusticias cometidas por el Estado. Ningún Estado está nunca a la altura de sus ideales, y siempre hay una brecha entre los ricos y los pobres. Incluso Estados Unidos, que es el país más rico del mundo, tiene unas desigualdades enormes. Las religiones nacieron como un intento para mejorar las cosas y decirle al Estado que hay que ayudar a los pobres y preocuparse por ellos.

Precisamente, usted fecha en el periodo axial, del 700 a.C. al 200 a.C., el origen de algunas de las grandes religiones, y vincula su nacimiento al origen de las sociedades agrícolas, cuyo desarrollo dio lugar a las desigualdades.

Antes del siglo XIX, todas las sociedades eran agrícolas. Era un sistema poco equitativo, dividido entre una minoría diminuta, una especie de aristocracia que suponía el 5 por ciento de la población, y los siervos. Los historiadores dicen que sin este sistema terrible los seres humanos no hubieran progresado más allá de un nivel primitivo, porque la clase acomodada fue la que desarrolló las artes y las ciencias, que al mismo tiempo fueron las bases del progreso.

En el siglo XIX, primero en Reino Unido y luego en el resto de Europa, nació la sociedad industrial. El sistema no ha sido más justo y sigue habiendo una brecha enorme entre los ricos y los pobres. Ahora, a nivel mundial, ha surgido una nueva aristocracia: Occidente frente al resto del mundo. Lo vemos en la cantidad de inmigrantes que hay hoy en día, que vienen en pateras porque en sus países no pueden vivir, y que se mueren por entrar en Europa. Antiguamente, cuando la agricultura era la causa principal de la brecha entre los campesinos y la aristocracia, los campesinos no veían cómo vivían los ricos. Ahora, con los medios de comunicación, con la publicidad, internet y las películas, se hace gala de riqueza, que se muestra al resto del mucho, y los pobres se enojan mucho. Sobre todo cuando hablamos de igualdad, y de lo justos que somos.

Pero, ¿no cree usted que las religiones han servido en muchas ocasiones para sostener, precisamente, esas desigualdades, y no para combatirlas?

Sí, por supuesto. Todas lo han hecho. Esa absurdidad se da en el cristianismo, que se basa en un hombre crucificado por la autoridad romana, pero que luego tiene una paradoja, y es que un emperador, Constantino, se convierte. Y también en el islam, que empieza como una petición de justicia, y termina siendo un imperio. Sin embargo, desde el principio, y a lo largo de la historia, ha habido personas que se han levantado y que han querido que se hiciera frente a las desigualdades.

En la cristiandad, durante la Edad Media, hubo un debate sobre el poder temporal y el poder espiritual, sobre si las atribuciones del rey y las del Papa debían ser o no distintas. ¿Hubo en el islam, donde el califa ostentaba el poder político y religioso, un debate similar?

No. Yo estoy totalmente a favor de los Estados laicos, pero para mí no son un ideal absoluto. En Estados Unidos, donde empezó el secularismo, la gente cree que no debe meterse en política. Cuidan de su alma y de sus oraciones, pero sin preocuparse por los pobres o por el sufrimiento. El británico John Locke dijo que la religión es una búsqueda privada, y, en consecuencia, la religión se ha privatizado. En Londres, el invierno pasado hizo mucho frío. Londres es una de las ciudades más ricas del mundo, pero hubo, sin embargo, un número récord de gente sin hogar en la calle. ¿Se oyó acaso al arzobispo de Canterbury, al rabino o al arzobispo de Westminster decir algo? No, en absoluto. Porque no quieren meterse en política, y eso no está bien.

En el islam también hay gente levantándose y protestando desde abajo, pero nunca en el gobierno. Cuando la gente llega al gobierno, se corrompe.

¿No cree que esos valores de solidaridad y ayuda a los más desfavorecidos se pueden deducir y abrazar desde el ateísmo?

Sí, claro que sí. Por supuesto. Aunque no se observa mucha solidaridad desde esa postura atea. Francamente, no creo que a los fundadores de las religiones les hubieran importado las creencias religiosas de las personas. El Corán dice que hay que cuidar de los pobres, y Jesús igual: «Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí». Para mí, eso es la religión. Se trata de hacer esas cosas.

Cuando escribió sobre el fundamentalismo, estudió el cristianismo, el judaísmo y el islam, tres religiones que tienen como piedra angular libros. Parece que el fundamentalismo se basa en la interpretación literal de esos textos. ¿Cómo hay que acercarse a la Biblia, el Corán o la Torah para evitar que eso suceda?

Tiene que leer mi nuevo libro, sobre las Escrituras de todas las religiones, y no solo de las principales monoteístas.

Hasta la época moderna, la mayoría de la gente no sabía leer, así que las Escrituras se cantaban, se salmodiaban o se actuaban. No se trataba de ir al texto original, sino que se procuraba que tratara los temas actuales. Si no se conseguía, no servía para nada. Ahora, en el islam, hay gente que lee las escrituras de forma muy innovadora. El confucianismo también dice que sus escrituras hablan del lado sagrado de la naturaleza, pertinente en esta época en la que nos enfrentamos a graves problemas con el cambio climático.

Por lo que tengo entendido, el Corán es un libro revelado directamente por Alá a Mahoma. Es la palabra de Dios. Sin embargo, se asume que la Biblia fue escrita por hombres, como los Evangelistas. Esa diferencia, ¿hace que interpretar el Corán, y no tomarlo de manera literal, sea más difícil que interpretar la Biblia?

Sí y no. En el cristianismo, Jesús representa la palabra de Dios, convertida en hombre y en libro. Pero eso no se entendió en el pasado de manera tan literal como ahora, en el mundo científico. Antes, como era la palabra de Dios, era infinita, y no se podía vincular a una única interpretación. La exégesis musulmana también es sumamente creativa. Lo que ahora se hace en las universidades es volver al texto original. En el caso del islam, los musulmanes perciben que se les ataca constantemente, y que sus Escrituras se critican y se desprecian. Eso les hace estar a la defensiva. Todos los movimientos fundamentalistas que he estudiado, en las tres grandes religiones monoteístas, nacen porque algunos creyentes se han sentido insultados por parte de las comunidades liberales, y por la sociedad secular.

Hay mucha gente que no conoce las Escrituras. El Corán hay que escucharlo. Corán significa recitar. Pretender leerlo de la primera a la última página es como leer el libreto de una ópera. Las Escrituras, sobre todo el Corán, son sonido. Y la música causa toda clase de sensaciones en el cerebro. Cuando se canta, el Corán hace que la gente se sienta maravillada, apaciguada o triste, por el efecto de la música que les llega.

Entonces, según usted, ¿se puede decir que el Corán es un texto poético, y que por tanto su significado no es literal?

Sí. Pero todas las Escrituras son poesía, también la Biblia. El problema es que ahora, en esta sociedad científica, queremos ser literales, y leemos las Escrituras como si fueran Historia. Cuando leemos una novela de Jane Austen, no nos molesta saber que el señor Darcy no ha existido nunca. Lo mismo ocurre con la Biblia y con las historias acerca de Jesús: no son Historia, porque antes del siglo XVIII nadie la escribía.

Pero creo que tanto la Biblia como el Corán pueden aportar información histórica sobre las sociedades que existían en el momento de su redacción.

Sí, claro que sí. Pero cuando se leen las Escrituras hay que ver qué pretendía la tradición, no lo que uno cree que debería haber aportado. Hay que hacer una aproximación histórica, pero al mismo tiempo hay que ver cómo interpretaba la gente las Escrituras en aquella época.

¿Cómo se han acercado las diferentes religiones a sus libros?

Antes de que todo el mundo pudiera leer, y antes de la imprenta, la gente escuchaba las Escrituras. En aquella época, nadie pretendía aferrarse al texto original. La historia demuestra que la gente siempre lo ha interpretado. Hay clérigos musulmanes que dicen que cuando un texto se cierra en sí mismo, se muere.

¿Cree que el ser humano podrá prescindir en algún momento de la religión? A veces lo parece, con el avance de las ciencias.

No creo que tenga que ver con la ciencia. El ser humano tiene una condición trágica. A diferencia de otros animales, tenemos que vivir siendo conscientes de nuestra mortalidad, de nuestra muerte ineludible. Los neurólogos han explorado recientemente nuestro cerebro, y han descubierto que en el hemisferio derecho está la poesía, la religión y las artes. En el izquierdo, está la ciencia y el análisis. Necesitamos ambos, porque somos seres que hacemos preguntas. Los perros, por ejemplo, no se preocupan por los sufrimientos de los otros perros en otras partes del mundo, ni tampoco piensan si deberían ser amigos de los gatos. La religión, al igual que la música y la poesía, es una expresión artística. Cuando escuchamos música, sabemos que tiene un significado, aunque no sabemos expresarlo. La música no da ni respuestas ni un sentido, pero es respuesta y sentido en sí misma.

Si los seres humanos no encuentran un sentido a su vida, caen en la desesperación.

¿Podemos concluir que la religión es una forma de consuelo?

Sí. Pero necesitamos ese consuelo, porque cuando estamos desesperados hacemos cosas terribles. No podemos vivir sin darle sentido a nuestra vida, ni sin considerar a los seres humanos sagrados. Eso también nos lo dice el arte, cuando vemos en un cuadro a una mujer holandesa, haciendo sus tareas de casa, pero con su sentido y su belleza. Si dejamos de ver a los seres humanos de esa manera, tenemos Auschwitz.