La Junta que tomó el poder en Venezuela promete elecciones antes de un año

El presidente Hugo Chávez fue derrocado y el empresario Pedro Carmona Estanga se ha convertido en el presidente provisional apoyado por los militares. La quimérica República Bolivariana naufragó antes de cumplir dos años, asfixiada por su incompetencia y el frenesí esquizofrénico de su líder.

CARACAS. ENRIQUE SERBETO. Enviado especial
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A la una de la madrugada de ayer, hora de Caracas, el presidente Hugo Chávez, abandonado por las Fuerzas Armadas y rodeado de un puñado de sus últimos incondicionales en su despacho del Palacio de Miraflores fue arrestado y trasladado al Fuerte Tiuna a la espera de ser juzgado.

Según diversos testimonios, entre ellos los de su propia hija María Gabriela en conversación telefónico con la televisión cubana, Chávez no rerenunció, sino que fue detenido. Mi padre me aseguró que «en ningún momento ha renunciado, que en ningún momento ha firmado un decreto presidencial (tampoco) que haya destituido al vicepresidente Diosdado Cabello, ni mucho menos ha renunciado él, como se ha difundido. fueron unos militares y lo detuvieron». En el mismo sentido se pronunció el ministro de Educación, Aristóbulo Isturiz, presente en la detención del ex presidente.

Postura del fiscal general

El fiscal general de Venezuela, Isaías Rodríguez, por su parte, indicó que tiene indicios de que Hugo Chávez no renunció a su cargo y que, de ser cierto, éste seguiría con las funciones de presidente constitucional del país. Rodríguez añadió a los periodistas que, incluso, si lo hubiese hecho ante los militares que lo detuvieron el acto no sería válido porque su renuncia debió hacerse ante la Asamblea Nacional, seguida posteriormente por un acto formal. Otros testimonios aseguran que Chávez pidió que le dejaran viajar a Cuba con sus allegados como condición para renunciar, pero los militares se negaron.

Chávez entró detenido por segunda vez en Fuerte Tiuna, la primera fue en 1992 después de una intentona golpista -cuyo décimo aniversario había celebrado allí mismo el pasado febrero- y ahora como presidente derrocado.

Los catorce muertos y cerca de un centenar de heridos que se produjeron en la manifestación de protesta de la tarde del jueves fueron el detonante que desencadenó la descomposición del régimen bolivariano, acosado por una huelga general indefinida que afectó especialmente a la estratégica industria petrolera. Los disparos provenientes, según casi todas las versiones, de militantes de «círculos bolivarianos», elementos de la Guardia Nacional y de la casa Militar de la presidencia, no solamente mataron a los manifestantes, sino sobre todo al régimen chavista. Seguidores de Chávez negaron que el presidente hubiera ordenado los disparos y acusaron a medios de la oposición.

Después del tiroteo en las calles, hasta los más furibundos chavistas supieron que todo estaba acabado y a partir de entonces empezó la cadena de dimisiones. El ministro de Finanzas, Francisco Usón Ramírez, fue el primero en informar que había presentado su renuncia ante el presidente Chávez y le sugirió a este que hiciera lo mismo: «Ya no hay nada que hacer, que Dios nos coja confesados». Un grupo de una decena de oficiales intentó proclamarse en rebeldía, pero desde el Palacio de Miraflores se consiguió interrumpir la energía en las antenas emisoras de todas las cadenas de televisión. Incluso el inspector-jefe de las Fuerzas Armadas, el general Lucas Rincón Romero, que hasta ahora era el más alto cargo castrense y hasta el último momento garantizó al presidente el apoyo de los uniformados, emitió un comunicado tratando de salvar la nave, con un extraño desmentido a los rumores de que Chávez ya estaba detenido.

El mismo presidente Hugo Chávez salió en televisión en un mensaje dramático intentando dar la impresión de que aún controlaba el país. Sin embargo, a las ocho de la noche su esposa Marisabel y sus hijos salieron de Caracas en un avión que despegó desde el aeropuerto de La Carlota.

Pronunciamientos militares

En las calles de Caracas, los disparos esporádicos y la presencia de tanquetas mantuvieron durante toda la tarde el suspense sobre le lealtad de los militares y la situación de Chávez sobre cuyo paradero se hacían todo tipo de conjeturas. Sin embargo, su suerte ya estaba echada, sobre todo en cuanto empezó a conocerse la sucesión de pronunciamientos de altos mandos anunciando que desobedecerían las órdenes del Gobierno.

A medianoche, ya no le quedaban apoyos. De nada sirvió que el ministro de la Secretaría, Vargas, tratase de ignorar el dramatismo de la situación asegurando que Chávez había logrado controlar el intento de derrocarlo. Sus propios camaradas de armas lo tenían ya bajo su control.

Cuando abandonó Miraflores, Chávez aún fue aplaudido por algunos militares y empleados que cantaban el himno nacional congregados en torno al vehículo en el que se marchó, vestido de militar en uniforme de paracaidista.