La jugada maestra

A. DE VENGOECHEABOGOTÁ. La operación que terminó con la libertad de 15 personas la llamaron «Jaque» porque exigía la misma destreza, precisión y nivel de ensayo y error que un vencedor en ajedrez. El

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A. DE VENGOECHEA

BOGOTÁ. La operación que terminó con la libertad de 15 personas la llamaron «Jaque» porque exigía la misma destreza, precisión y nivel de ensayo y error que un vencedor en ajedrez. El general Fredy Padilla de León, comandante de las Fuerzas Militares colombianas, contó cómo el rescate empezó a gestarse en mayo de 2007, cuando el subintendente de la Policía, John Frank Pinchao, se fugó de su cautiverio con las FARC. La Inteligencia militar habló horas con Pinchao para conocer cada detalle de la zona y las características, rutinas, fragilidades y virtudes de los rebeldes.

Cuando el 11 de enero pasado fueron liberadas Clara Rojas, candidata a vicepresidente con Ingrid Betancourt, y la diputada Consuelo González, el Ejército completó la historia. Luego vendrían otras liberaciones en la misma zona. Los testimonios, las fotos y los mil y un detalles de cada liberado permitieron elaborar un mapa de los lugares donde podrían encontrarse Betancourt, los tres asesores estadounidenses y más de 30 militares y policías mantenidos como rehenes.

Integrantes de las fuerzas especiales se infiltraron en los campamentos de la guerrilla con tal habilidad que, según lo contó el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, el 20 de febrero pasado pudieron ver a los tres contratistas de EE.UU. bañándose en el río Apaporis, en el sur del país.

Hoy se sabe que, gracias a las jugosas recompensas ofrecidas a los rebeldes a cambio de información, a la tecnología punta -que mantiene a los frentes rebeldes incomunicados- y a cuantiosas inversiones en inteligencia militar, este grupo de élite cortejó el apoyo de un guerrillero que había desertado y que, con el respaldo del Ejército, logró regresar a sus viejas filas para trabajar como infiltrado.

Un espía imitó la voz de «Cano»

Según fuentes del Ejército citadas por la prensa local, los responsables de la operación «Jaque» descartaron desde el principio una confrontación armada. Con la ayuda técnica de expertos de EE.UU., rastrearon el teléfono satelital de «Alfonso Cano», sucesor de «Tirofijo», máximo líder de las FARC hasta su muerte el mes pasado de un infarto. Un agente secreto imitó la voz de Cano y convenció a Gerardo Aguilar Ramírez, alias «César» -comandante del primer frente de las FARC a cargo de los secuestrados canjeables- de agrupar a todos los secuestrados en un mismo lugar, «pues representantes de una acreditada ONG internacional llegarían al sitio escogido en las selvas del sur».

Le hicieron creer que la misión internacional llegaría en helicópteros rusos MI 17 pintados de blanco, aprovechando la presencia en el país de representantes franceses y suizos autorizados para hablar con Cano. «César» mordió el anzuelo , e incluso aceptó del supuesto Cano acompañar él mismo a los secuestrados para garantizar la seguridad del grupo. A las 5 de la mañana del miércoles, los guerrilleros ordenaron recoger todo a los secuestrados. Antes de las 12 del mediodía aterrizó el helicóptero, del cual bajaron varios hombres vestidos con uniformes y armados con fusiles. Eran unos personajes «absolutamente surrealistas», dijo Ingrid. Iban vestidos con camisetas del Che Guevara. «Nos obligaron a subir esposados. Fue humillante», dijo.

Ella sospechó que algo raro pasaba: «Nos hicieron ponernos unas chaquetas blancas. Ya en vuelo, ví al comandante que durante cuatro años estuvo con nosotros arrodillado en el suelo, con los ojos vendados. Sentí mucha lástima». «Somos el Ejército Nacional, están en libertad», exclamó un militar.