Theresa May, este sábado a su salida de la BBC, tras ser entrevistada
Theresa May, este sábado a su salida de la BBC, tras ser entrevistada - Reuters

May juega este sábado en Bruselas su última carta antes de la cumbre europea del Brexit

Del resultado de su reunión con Juncker puede depender que haya o no un Consejo

Corresponsal en Bruselas Actualizado: Guardar
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La viñeta de este viernes del diario británico « The Thelegraph» era bastante descriptiva: en un escenario catastrófico donde al personaje se le estaba quemando la casa, le había caído un árbol sobre el coche y además le estaba mordiendo un perro, su acompañante le decía: «Recuerda que, por desastrosa que sea la situación, Theresa May tiene un día aún peor». La primera ministra es esperada en Bruselas este sábado, en un gesto que, según varios diplomáticos, anticipa que cualquier cosa que se haya acordado o dejado de acordar en las espinosas negociaciones multilaterales será sometida a cambios de ultimísima hora negociados con el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker. Es decir, que todo –incluyendo la propia celebración de esta cumbre extraordinaria– está en el alero.

Tan en el alero como la propia primera ministra, a quien este viernes le preguntaron hasta tres veces si dimitiría si el Parlamento no ratifica el acuerdo de retirada que está sobre la mesa. Y las críticas son tan gruesas como la que le infligió su último ministro para el Brexit, el dimisionario Dominic Raab, que conoce perfectamente el tema y ayer declaró que creía que el tratado en su actual redacción es tan malo que antes de aceptarlo cree que sería mejor para su país quedarse en la UE. El mayor activista de los «brexiters», Boris Johnson, tampoco se ha quedado corto criticando los términos que se conocen del acuerdo, de un modo que el arriesgado gesto de incluir a Gibraltar en el paquete territorial del Reino Unido que ha provocado las reservas de España y la amenaza del presidente del Gobierno de bloquear la negociación tampoco le ha servido para reforzarse en las filas de su partido.

Con este panorama, el viaje de May a Bruselas parece ser la última oportunidad de enderezar una situación cuyo dramatismo está superando cualquier precedente conocido –y en la historia de la UE hay muchos–. El primero de los elementos de suspense es el de saber si esa cumbre se celebrará o no, puesto que varios primeros ministros ya han amenazado con ignorarla. Pedro Sánchez también considera esta posibilidad, aunque sea por otra razón. Según el Tratado, en el Consejo Europeo participan solamente los jefes de Estado o de Gobierno y deben estar todos presentes para que sea válido. En caso de que uno de ellos no pudiera asistir, debe pedirle a uno de sus colegas que le represente, pero no se le puede obligar a hacerlo.

El papel de los «sherpas»

La primera en anunciar que no vendría si hoy no hay un acuerdo cerrado fue la canciller alemana, Angela Merkel. A veces una negociación en el seno de la UE se puede desatascar a base de concesiones económicas y en esto Merkel tiene mucho que decir. Pero esta no parece el tipo de discusión que se puede arreglar con discusiones y negociaciones «de confesionario» al modo tradicional. Merkel es de la misma opinión que muchos funcionarios europeos que consideran que esta cumbre no debería durar más de diez minutos, el tiempo de constatar que hay un consenso acerca del Tratado de Retirada y sobre la declaración política que enmarcará las negociaciones sobre las relaciones futuras.

El objetivo de la reunión era que tanto los europeos como la británica se pudieran mostrar serenos y seguros en un momento tan especial para la historia del proyecto comunitario y, en especial, que los Veintisiete que están decididos a seguir en él pudieran lanzar un mensaje de serenidad y confianza en el futuro.

Además, se considera que si se hacen retoques entre May y Juncker hoy por la tarde, los «sherpas», los asesores directos de los primeros ministros, no habrán tenido tiempo de verlo antes de que llegue a las manos de sus jefes, lo que se considera poco práctico. Ningún presidente acepta firmar un documento como este sin que haya pasado antes por los ojos y las manos de sus asesores.

Sea como fuere, la reunión de los «sherpas» con Barnier se celebró de todos modos este viernes por la mañana en Bruselas y no se comunicó su resultado, pese a que desde el martes el Tratado de Retirada está técnicamente «acordado políticamente». Pero a muchos dirigentes europeos les desalienta que al otro lado del Canal de la Mancha las divisiones y los enfrentamientos entre partidarios del Brexit pueden anticipar que cualquiera que sea la formulación que se acuerde en el Consejo Europeo extraordinario, es muy posible que tenga una vida muy corta, porque no llegue a ser aprobado en el Parlamento.