John McCain y Mitt Romney se disputan el título de candidato más conservador

PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSALWASHINGTON. Aunque en la mesa del último debate republicano celebrado en California se sentaron cuatro candidatos, no hizo falta mucha capacidad de análisis político para

PEDRO RODRÍGUEZ, CORRESPONSAL. WASHINGTON.
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Aunque en la mesa del último debate republicano celebrado en California se sentaron cuatro candidatos, no hizo falta mucha capacidad de análisis político para darse cuenta de que -tras cuatro semanas de primarias- la carrera hacia la Casa Blanca se ha convertido para los dos grandes partidos de Estados Unidos en una opción reducida a parejas. John McCain-Mitt Romney y Hillary Clinton-Barack Obama. Una criba electoral que al mismo tiempo ha multiplicado la animosidad entre sus protagonistas.

En el foro celebrado durante la noche del miércoles (madrugada de España) en la espectacular Biblioteca-Museo de Ronald Reagan, McCain y Romney monopolizaron el debate de noventa minutos con una continuada disputa sobre quién es el candidato realmente más conservador. Una competencia bastante complicada para ambos, ya que McCain tiene un abultado historial de heterodoxia dentro de la ortodoxia del Partido Republicano, y Romney ha tenido que «modular» aceleradamente sus ideas más liberales que le permitieron convertirse en gobernador de Massachusetts.

McCain, cáustico y no tan pulido retóricamente como su rival, acusó a Romney de haber insinuado una precipitada retirada de Irak. Reproches combinados por el senador por Arizona con la insistencia en que él fue el primero en criticar la estrategia iraquí de mínimos aplicada por Donald Rumsfeld y en respaldar el impopular envío de refuerzos. Romney calificó esos reproches de vergonzosos, basados en una manipulación de sus palabras y fruto de la debilidad que tiene el estilo político de Washington por hacer campañas negativas.

Durante este combate, los dos principales candidatos, con una tensión exacerbada al estar sentados incómodamente el uno junto al otro, se han olvidado por completo del llamado «mandamiento número once» de Reagan, que siempre insistió en el imperativo de que los republicanos no debían ventilar sus diferencias con reproches públicos. Pero, a días del «supermartes», estas elegantes consideraciones se han visto esquinadas entre acusaciones mutuas de no estar cualificado para ser presidente.

El momento culminante llegó al final del debate -con los otros dos participantes, Mike Huckabee y Ron Paul, transformados casi en parte del decorado junto a un viejo modelo de avión presidencial-, al formularse la cuestión de a quién respaldaría el mismísimo Ronald Reagan. Romney no dudó en asumir ese apoyo por formar parte del «corazón y alma» del Partido Republicano. Con un McCain apostillando contra el ex gobernador de Massachusetts que a quien nunca respaldaría el genuino Reagan es «a alguien que cambia sus posiciones en función del año».

El tono del debate de California, presidido en primera fila por una frágil Nancy Reagan, reflejó los grandes problemas que el ala más ortodoxa del Partido Republicano tiene con McCain. Lo que está impidiendo un pronto cierre de filas en torno a un presunto nominado como ocurrió con Ronald Reagan, Robert Dole y ambos presidentes Bush. Dudas que se extienden también al decisivo frente de la recaudación de fondos electorales.

«La mañana» de Limbaugh

Todos estos reparos más conservadores están encontrando eco a diario en antenas radiofónicas como el programa de Rush Limbaugh. El locutor apocalíptico no ha dudado en pronosticar «la destrucción del Partido Republicano» si el senador por Arizona se hace con la nominación.

Algunos de los colegas republicanos de McCain en la Cámara Alta no han dudado tampoco en expresar grandes reparos contra su candidatura. Según el senador Thad Cochran, de Mississippi, su compañero de Arizona es «errático» y un «exaltado». Este profundo antagonismo explica las viejas bromas de que McCain lo pasó casi mejor durante su cautiverio de más de cinco años como prisionero de guerra en Vietnam que con su propio grupo parlamentario.