El Emperador Akihito de Japón se despide de su pueblo en su abdicación. - P.M.D. | Vídeo: Atlas

«Rezo por la paz y felicidad de la gente de Japón y del mundo», se despide Akihito en su abdicación

Debido a su delicada salud, el Emperador cede el Trono del Crisantemo a su hijo, Naruhito, cuyo reinado abre mañana una nueva era

Enviado especial a TokioActualizado:

Con un hilo de voz que revelaba su fragilidad, el Emperador Akihito de Japón ha abdicado este martes en su hijo, el Príncipe Heredero Naruhito, en un sencilla y corta ceremonia llena de simbolismo. A las cinco de la tarde (diez de la mañana, hora peninsular española), Akihito ha entrado en el Salón del Pino del Palacio Imperial acompañado de su esposa, la Emperatriz Michiko. Ataviados con frac y trajes de gala y tradicionales, allí les han saludado inclinándose los demás miembros de la Familia Imperial y 300 representantes del mundo político y financiero, entre ellos el primer ministro, Shinzo y Abe, y los miembros de su Gobierno.

Encorvados, con paso tembloroso, Akihito y Michiko han subido a un estrado blanco, ante el que los chambelanes del palacio les han ofrecido los símbolos de la monarquía nipona, ocultos en cajas: los sellos privados y estatales con su nombre y dos de los tres tesoros reales sagrados: una espada y una joya de orígenes míticos ligados al sintoísmo, la religión oficial del país.

“Hoy concluyo mis obligaciones como Emperador”, ha leído Akihito un breve discurso de despedida al pueblo nipón después de que el primer ministro nipón, Shinzo Abe, anunciara su despedida y le agradeciera sus servicios. “Desde que ascendí al trono hace treinta años, he cumplido con mis obligaciones como Emperador con un profundo sentido de confianza y respeto al pueblo, y me considero muy afortunado de haberlo hecho así. Le agradezco sinceramente al pueblo que me haya aceptado y apoyado como el símbolo del Estado”, ha señalado Akihito, bajo la mirada llena de cariño de Michiko.

A su lado, bajo el estrado, también estaba su sucesor, Naruhito, acompañado por su esposa, Masako, para los que ha tenido unas palabras. “Sinceramente deseo, junto con la Emperatriz, que la era Reiwa, que empieza mañana, sea estable y fructífera, y rezo con todo mi corazón por la paz y felicidad de toda la gente de Japón y el mundo”. A continuación, se ha bajado del estrado y, tras ayudar a su esposa a descender, ha pasado ante los demás parientes de la Casa Imperial encaminándose a la salida seguido de los chambelanes con los tesoros reales. Antes de abandonar este salón de madera decorado con paneles de pinos, Akhito se ha vuelto hacia los asistentes para dedicarles una última reverencia. Después de 30 años, en un melancólico día de lluvia en Tokio, acaba una era en Japón.