Italia concentra a la mitad de los 10.000 menores perdidos según Europol

A pesar del pacto con la Unión Europea, Turquía sigue sin atajar la diáspora desde sus campamentos

Actualizado:

Es una diáspora de pequeños Ulises con aventuras increíbles. Es el caso de Mohamed Keita: Tenía nueve años cuando una bomba destruyó su casa en Costa de Marfil matando a sus padres, mientras el país se desangraba en una guerra civil. Solo, analfabeto, sin tiempo para llorar y enterrar a sus padres, tuvo que escapar tras dedicarles una oración para encomendarlos a Alá. Durante cuatro años, hasta llegar a Sicilia, procedente de Libia, con escala en Malta, pasó un infierno: un viaje terrible de 8.000 kilómetros, cruzando seis países, desiertos, mares, montañas, durante cuatro larguísimos años, con paradas obligatorias para ganar cuatro perras que debía pagar a los traficantes, mientras sufría continuas violencias. Esta historia, y la de otros menores como Mohamed que llegaron solos a Italia, la cuenta el periodista y escritor Luca Attanasio en su libro «El equipaje», publicado la pasada semana.

¿Cuántos Keita hay en Italia? Entre el 2013 y el 2015 las llegadas de menores inmigrantes no acompañados en este país han aumentado el 100 por ciento, superando la cifra de 15.000.

Cuando un menor emigra, por decisión propia o empujado por la familia, lo hace gastando a veces los ahorros familiares. Tienen que pagar entre 3.000 a 4.000 euros y a veces hasta 12.000. Cuando llegan a su destino, tras pasar mil calamidades, sufren además la pesada carga de tener que empezar a trabajar muy pronto para restituir la deuda y esfuerzo de sus familias. Así, el menor se encuentra siempre a su llegada en una situación extremadamente vulnerable, lo que es aprovechado por organizaciones mafiosas. Su empleo más simple e inmediato está en el tráfico de drogas, gestionado por organizaciones multinacionales. Otros son explotados laboralmente, sin derechos ni garantías, o caen víctimas de la prostitución.

Según datos del ministerio de Trabajo y Políticas sociales, en Italia habían desembarcado, hasta el 15 de diciembre 2015, un total de 11.921 menores no acompañados, incluyendo 550 chicas.

Europol dice que 5.000 habrían desaparecido. Las cifras del gobierno italiano son algo inferiores: unos 4.000 resultarían desaparecidos.

Sin clases en Turquía

En Turquía, país que acoge a más de 2 millones de sirios y que es el principal trampolín hacia Europa de refugiados e inmigrantes, la situación a la que se enfrentan los más pequeños obliga a muchos a dirigirse al peligroso camino a través del mar Egeo. A pesar de que el Gobierno turco cambió la ley para que los sirios pudieran acceder legalmente al sistema educativo de Turquía, la falta de dinero de las familias y la barrera idiomática imposibilitan a 400.0000 niños el acceso a las aulas, según cifras de Human Rights Watch.

Los apuros económicos y la necesidad de sumar ingresos, empuja a los niños al trabajo infantil. Miles de niños realizan largas jornadas en empleos informales en mercados y restaurantes del país, aunque también en fábricas de proveedores de material de grandes cadenas de ropa europeas como H&M y Next, según reconocieron ayer ambas firmas al diario británico «The Independent».

Los analistas coinciden en que esta falta de futuro de los niños refugiados en Turquía es una de las grandes razones por las que continúan huyendo hacia Europa en números tan grandes. A pesar del pacto con la Unión Europea, Turquía no ha reducido el flujo de personas a través del Egeo. La última medida para atajar a los traficantes de personas, anunciada este lunes por el primer ministro Ahmet Davutoglu, será la de equiparar el crimen de trata de personas con el de terrorismo.

La cifra de 10.000 menores emigrantes en paradero desconocido en Europa, como ha denunciado Europol, no solo es «factible» sino que hay que «agradecer que un organismo público», como esa agencia policial, recuerde estas «cifras inaceptables» ante la «falta de políticas coordinadas de la UE», asegura Andrés Conde, director general de la ONG Save The Children en España. Todo ello en una Europa en la que la crisis de los refugiados facilita el desarrollo y negocio de las mafias migratorias, añade.

Esos niños acaban siendo con frecuencia víctimas de «explotación laboral o sexual». Según la experiencia sobre el terreno de Save The Children, que trabaja con los menores en los países de origen, de tránsito y de destino, en el último año han llegando a Europa 270.000 niños de los que estiman que 26.000 son menores no acompañados. El retrato robot de estos menores no acompañados, según Save The Children, sería el adolescente de entre 14 y 18 años, procedente esencialmente de Siria o Afganistán y con un largo viaje migratorio a sus espaldas. Generalmente ha atravesado zonas de desierto o de conflicto y ha estado expuesto a situaciones de violencia, abuso y explotación.