Un islamista en Afganistán
Mohamed Merah, en el vídeo difundido por la telvisión francesa - reuters

Un islamista en Afganistán

Mohamed Merah había planeado matar ayer mismo a dos militares más y a un policía

CORRESPONSAL EN PARÍS Actualizado:

Un hombre joven, musulmán, inculto, fanático, sin carné de conducir, fichado por todas las Policías locales por numerosos delitos menores y por todos los servicios de seguridad del Estado, por haber seguido «cursillos» de formación criminal, terrorista, en Pakistán y Afganistán, puede perpetrar con una pistola pasada de moda un rosario de matanzas que sumen a un Estado de 63.5 millones de habitantes en una grave consternación e inquietud nacional.

Es el caso de Mohammed Merah, 24 años, que vivía con su familia en un barrio pobre de la ciudad de Toulouse, y que viajó a Afganistán en dos ocasiones y a Pakistán (en 2010 y 2011), donde recibió formación militar entre los grupos de «combatientes» próximos a Al Qaida. El mismo Merah afirmó que aceptó de Al Qaida la «misión general de cometer un atentado», pero que rechazó un ataque suicida. Al tiempo que justificaba sus asesinatos como una «venganza por la muerte de niños palestinos. Se trata de un asesino implacable y de sangre fría, que había planeado matar ayer mismo a dos militares más y a un policía.

Antes de emprender la «ruta» islamista Merah era un pequeño delincuente fichado por la Policía, condenado por delitos como conducir sin carné y peleas entre bandas rivales.

Uno de sus abogados de oficio desde 2005 comenta: «Mohammed creció en un barrio conocido por el tráfico de drogas. Nunca estuvo relacionado con ese tipo de delincuencia. Quienes lo defendimos nunca le oímos hablar de política ni de religión. Era muy reservado. Con el tiempo, su madre se vio obligada a reconocer que había perdido el control de su hijo».

Jean-Louis Brugière, juez, especialista en lucha antiterrorista, comenta: «Merah corresponde al retrato robot de otros terroristas que siguieron el mismo camino. Ese personaje de francés musulmán, joven, de muy baja formación, fanatizado, que viaja a Afganistán y Pakistán, es un tipo humano que vuelve una y otra vez».

François Heisbourg, que ha presidido el International Institute for Strategic Studies, teme que los servicios de seguridad franceses no hayan funcionado con la deseable eficacia: «La gran mayoría de los “afganos” están fichados. Y me alarma que un personaje como Mohammed Merah no haya sido neutralizado antes. Todo indica que estaba fichado desde hacía tiempo». Tras la matanza, el contraespionaje militar francés ha podido filtrar muchos datos reveladores. Según fuentes policiales, Merah había formado parte del Movimiento de los talibanes de Pakistán, ultrarreligiosos y ultranacionalistas, asociados a las familias de Al Qaida instaladas en su territorio, contando con un centenar de campos de entrenamiento para musulmanes con «vocación» terrorista.

Es en uno de esos campos donde pudo haber recibido formación «religiosa y militar» Merah descubrió su «fe» y volvió a su patria, Francia, presto a matar, fanatizado.

Jean-Pierre Filiu, especialista en yihadismo, está convencido de que Al Qaida intentará sacar partido de las matanzas: «Para la organización terrorista, muy debilitada desde antes de la eliminación de Bin Laden, las matanzas son una magnífica “oportunidad” para intentar demostrar que todavía está viva y es capaz de matar».