Una manifestante iraní con el verde de los partidarios de Musavi se manifiesta hoy en Teherán / AP
Una manifestante iraní con el verde de los partidarios de Musavi se manifiesta hoy en Teherán / AP

Irán vuelve a gritar muerte al dictador

MIKEL AYESTARAN
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La llama verde, color usado por la oposición al régimen, no se apaga en Irán y una vez más miles de opositores al régimen se echaron a las calles de las principales ciudades del país para protestar. Como se ha convertido en costumbre desde la polémica victoria en las urnas del presidente Mahmoud Ahmadineyad el pasado 12 de junio, la oposición convirtió una fecha festiva para la república islámica en una oportunidad para mostrar su capacidad de supervivencia pese a la fuerte represión sufrida en los últimos seis meses en los que se ha ejecutado y encerrado a cientos de participantes en las protestas. El 16 de Azar, fecha del calendario persa que equivale al 7 de diciembre, es el Día del Estudiante, la fecha que recuerda la muerte de tres jóvenes universitarios a manos de la policía del Shá en 1953 en las movilizaciones que sucedieron al golpe de estado promovido por la CIA contra el gobierno de Mosadeq

La noche del domingo volvieron a escucharse los gritos de «Dios es grande» y «muerte al dictador» desde las terrazas de las casas de la capital, tal y como ocurría durante la revolución de 1979 que derrocó al Shá, y el lunes a primera hora, pese a los cordones policiales, «la protesta más numerosa y mejor organizada desde la cita con las urnas», según las webs reformistas, se inició de forma simultánea en diferentes campus de todo el país. Fue también la protesta más política y además de los gritos contra Ahmadineyad, el mismísimo Líder Supremo, Alí Jamenei, fue el centro de las iras de los jóvenes que exigen un cambio en la actual política del país.

Los jóvenes del Irán del siglo XXI se echaron a las calles para mostrar su enfado con las autoridades y se encontraron con una capital tomada por las fuerzas del orden. De uniforme y de paisano, policías, fuerzas especiales, guardias revolucionarios y sobre todo basiyíes, las milicias islámicas, tenían órdenes concretas de evitar disturbios y no les tembló la mano a la hora de dispersar las distintas concentraciones.

Silencio informativo

El estricto control informativo impidió una vez la cobertura de estas manifestaciones por considerarlas «ilegales» y los escasos medios internacionales presentes en el país recibieron la orden de permanecer durante 48 horas en sus oficinas. Los medios locales, controlados por el estado, apenas se hicieron eco de las protestas y se limitaron a destacar las movilizaciones oficiales a favor del régimen. De esta manera, fueron de nuevo las redes sociales las que mostraron al mundo los gases lacrimógenos, palizas y carreras que se vivieron durante todo el día.

Junto al control de la prensa, las autoridades redujeron la velocidad de Internet para dificultar el acceso a estas redes sociales y la subida de vídeos de imágenes y barrieron la señal de los teléfonos móviles en el centro de Teherán. Los relatos colgados en diferentes blogs hablan de una jornada de mucha tensión en la que los estudiantes tomaron la Universidad de Teherán, Sharif, Ciencia y Tecnología o la de Amir Kabir y de un número de manifestantes en las calles similar al de otras jornadas de lucha como el día de Jerusalén o el del aniversario de la toma de la embajada americana, las dos anteriores grandes citas en las que se produjeron revueltas.

Pero la máquina represora no ha conseguido de momento su objetivo. La gente sigue desafiando a las autoridades y el propio Mir Husein Musavi, el líder reformista derrotado en las urnas que encabeza el movimiento verde, colgó un comunicado en su página web la víspera del 16 de Azar en el que preguntaba abiertamente a las autoridades «si acalláis el 16 de Azar, ¿que haréis luego con el 17 o con el 18?», en clara referencia a que las protestas no van a parar.