Un hombre pasa frente a la embajada de Irán en Rabat
Un hombre pasa frente a la embajada de Irán en Rabat - AFP

Irán traslada al Sahara su pulso con el mundo árabe suní

Marruecos insiste en que Teherán ha dotado de misiles al Polisario a través de Hizbolá

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La sombra de Irán es alargada. Así lo cree, al menos, el Gobierno marroquí tras su inesperado anuncio el martes pasado de la ruptura de relaciones diplomáticas con Irán, al que acusa de armar, financiar y formar al Frente Polisario desde 2016 a través de su aliado, el partido-milicia libanés Hizbulá.

El ministro de Exteriores marroquí, Naser Burita, aseguró que su país disponía de pruebas y datos irrefutables, ninguno de ellos se ha hecho público, de que al menos un diplomático de la Embajada de Irán en Argelia habría participado en los últimos dos años como «facilitador» entre Hizbulá y el Polisario, un movimiento que defiende la independencia del Sáhara Occidental sobre la que Marruecos reclama soberanía. Según Burita, «artificieros e instructores militares de Hizbulá» habrían formado a comandos del Frente Polisario en acciones de guerrilla urbana en la provincia argelina de Tinduf, aunque el hecho más grave para Marruecos sería la supuesta entrega de Hizbolá al Polisario de un primer envío en abril de misiles rusos a través de territorio argelino.

Cruce de acusaciones

Si Arabia Saudí no ha tardado en posicionarse claramente del lado de Marruecos y frente a « la milicia terrorista Hizbolá», el Frente Polisario ha tildado las informaciones de «mentira grotesca» y desafiado a Marruecos a presentar pruebas de sus «falsas alegaciones». En declaraciones a Efe, el portavoz del Frente Polisario, Mohamad Haddad, explicaba el movimiento de Rabat como un «oportunismo político mezquino» con el que pretende «eludir la negociación que la ONU le ha recordado debe emprender» sobre la cuestión del referéndum, pendiente desde el acuerdo de alto el fuego de 1991. El Consejo de Seguridad de la ONU renovó el pasado 27 de abril por seis meses la misión de la organización en el Sáhara Occidental (Minurso) y urgió a Marruecos y al Frente Polisario a reanudar en octubre unas negociaciones directas y sin condiciones previas. Rabat acepta una amplia autonomía para el Sáhara Occidental mientras que el Frente Polisario reafirma «el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación», vía un referéndum y reivindica la independencia del territorio. El conflicto dura ya más de 30 años.

Hizbolá e Irán niegan igualmente las alegaciones en su contra calificándolas de infundadas. El grupo libanés atribuye la decisión de Rabat a presiones internacionales de Estados Unidos, Israel y Arabia Saudí y ha instado al Ministerio de Exteriores marroquí a buscar «un argumento más convincente» que justifique una medida tan drástica.

Juego de intereses

El incidente tiene lugar en medio de otras tensiones diplomáticas en la región que podrían arrojar cierta luz sobre lo sucedido. Marruecos e Irán han tenido múltiples desavenencias. Su penúltima ruptura se produjo entre 2009 y 2014 tras las declaraciones de un alto cargo iraní definiendo a Bahrein como provincia de Irán. El Gobierno marroquí se ha alineado con la coalición árabe liderada por Arabia Saudí contra Irán, tanto en el frente sirio como en el yemení -donde Rabat ha llegado a enviar aviones de combate y tropas-, pero mantiene una posición equidistante con Qatar, país al que los saudíes acusan de connivencia con Irán.

De acuerdo con la cadena de televisión libanesa Al Manar, próxima a Hizbolá, Marruecos y Arabia Saudí habrían tenido sus desencuentros en torno a Qatar y por la prevista retirada del reino alauí de la coalición saudí contra Yemen. La cita que reunió en París el pasado abril al primer ministro libanés, Saad Hariri, al heredero al trono saudí, Mohamed Bin Salman, y al rey de Marruecos, Mohamed VI, habría convencido a éste último de la necesidad de mejorar las relaciones con Riad y de acercarse a la Administración Trump ahora que la cuestión del Sáhara Occidental regresará al Consejo de Seguridad de la ONU en octubre y EE.UU. podría adoptar una postura contraria a Rabat.

En una línea parecida apunta el escritor y profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante, Ignacio Álvarez-Ossorio, quien considera que la ruptura con Irán no estaría en principio relacionada con un supuesto apoyo al Polisario, sino que más bien se debería a «las presiones de Arabia Saudí a la mayor parte del mundo árabe para que se posicionen en la disputa que mantiene con Irán». La hipótesis de Álvarez-Ossorio es que «posiblemente la idea inicial sería que Marruecos congelase sus relaciones con Qatar, país al que Arabia Saudí y Emiratos han impuesto un bloqueo». Ante la negativa del rey Mohamed VI, Marruecos habría ofrecido a cambio el desaire a Irán.

La situación ha causado extrañeza entre los expertos en la región; el propio Álvarez-Ossorio ve «poco factible» que Irán esté armando y entrenando al Polisario, «dado que Argelia está muy alejada de sus áreas tradicionales de interés y en la zona no residen minorías chiíes».

Marruecos continúa insistiendo en los vínculos entre Hizbolá y el Polisario, por el momento sin que quede constancia ante la opinión pública.