La primera ministra de Reino Unido, Theresa Mat
La primera ministra de Reino Unido, Theresa Mat - REUTERS

May intenta salvar su plan entre rumores de complots para derrocarla

Gran parte de su gobierno podría estar planeando derrocarla si no logra que el Parlamento apoye el Tratado de Retirada en los próximos días

Corresponsal en BruselasActualizado:

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, dijo al acabar la última cumbre que en el dramático proceso del Brexit «todo es posible». La situación de la primera ministra británica, Theresa May, es cada vez más precaria y se cumplan o no las amenazas de que se produzca un complot contra ella en el seno de su propio Gobierno que desveló el Sunday Times, en Bruselas esperan que el horizonte se pueda despejar a corto plazo, esta semana, aunque tampoco pueden predecir qué aparecerá detrás de esta espesa niebla que cubre el Canal.

May realizó el domingo consultas intensas en la casa de campo oficial del primer ministro ante una semana crucial para el Brexit y ante intensos rumores sobnre conspiraciones contra su liderazgo. «La primera ministra y varios ministros del Gobierno se han reunido en Chequers para unas largas conversaciones sobre el Brexit con otros altos cargos», explicó un portavoz oficial, quien añadió que «en la reunión se han abordado varias cuestiones, incluida la de si hay apoyo suficiente en la Cámara de los Comunes para volver a plantear una votación esta semana».

El gran primer desafío para los europeos después de esta cumbre es saber si los británicos podrán participar en las elecciones europeas. May ha dicho ya que no se le pasa por la cabeza y a los dirigentes comunitarios también les parece una opción absurda a estas alturas, aunque también estarían dispuestos a asumir el rompecabezas que ello produciría, en caso de que fuera el precio a pagar para que el Reino Unido no dejase la UE.

En lo que coinciden los cálculos de los dirigentes europeos con las versiones sobre conspiraciones contra May es en que un cambio de primer ministro es lo único que falta para probar para sacar el proceso del Brexit del pantano político donde está enfangado.

Criticado por todos los lados por su gestión del Brexit, según el Sunday Times, una parte del gabinete se prepara para dar paso al viceprimer ministro David Lidington, un europeísta, mientras que para el Mail on Sunday sería el ministro de Trabajo, Michael Gove, que es partidario de la salida de la UE. Los dos desmintieron ayer que tengan intenciones de derrocar a May pero es evidente que la primera ministra no puede asumir de ninguna manera una tercera derrota parlamentaria.

Otro día clave

Se espera que el Gobierno revele hoy sus planes para afrontar el plazo de prórroga que le ha dado el Consejo Europeo, de modo que al menos mantenga la iniciativa y esta no pase a manos del Parlamento, que tampoco garantiza nada a estas alturas.

En una entrevista a ABC, Manfred Weber, el portavoz del grupo popular en el Parlamento Europeo, candidato a la presidencia de la Comisión y hombre muy cercano a Angela Merkel, dijo que los británicos «presumen de ser capaces de organizar unas elecciones anticipadas en cuatro semanas», que era una alusión implícita a la opción favorita para los europeos ante el caos político británico. Teniendo en cuenta que la principal decisión que han de tomar -dando por hecho que el Tratado de Retirada volvería a ser rechazado- es si van a participar en las elecciones europeas y lo han de anunciar antes del 12 de abril, ya no queda tiempo para ello. La visión de Tusk de que «todo es posible» lo es cada vez menos, pero como también anticipó Merkel cuando todo este proceso empezó, los europeos «acostumbramos a mantener el suspense hasta el último minuto de la última hora anrtes de llegar a un acuerdo».

Lo más previsible sería que Theresa May insista en manejar a toda costa el timón del buque hacia la escollera del Brexit, que es su único objetivo. Para ello, tendrá que lograr que se le permita presentar el texto por percera vez, en contra de la opinión del presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow. Los líderes europeos le dieron un futil pretexto legalista, asumiendo de modo colectivo las mismas garantías y aclaraciones que ya había aceptado individualmente Jean-Claude Juncker. Suponiendo que Brecow acepte este pretexto, después tendría que convencer a los diputados que ya han votado dos veces en contra que cambien de opinión, algo aún más difícil después del rapapolvo que les dirigió el pasado miércoles en un discurso en el que May acusaba al Parlamento de bloquear el Brexit.

Entre manifestaciones y complots, el ministro de Hacienda, Philip Hammond, ha tenido que recordar de nuevo que «un Brexit sin acuerdo sería catastrófico» para al economía británica y que, sin embargo, un segundo referéndum no sería posible. Pero al mismo tiempo advirtió que intentar derrocar a May, a quien unos y otros critican por su gestión del Brexit, tampoco arreglaría las cosas.