Inmigrantes de Oriente Medio y África usaron las caravanas centroamericanas para llegar a EE.UU.

Los inmigrantes siguieron la ruta que Guatemala ya detectó como favorita de los extranjeros de «interés especial» para EE.UU.

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Individuos de fuera de Centroamérica, procedentes de Oriente Medio, Asia y África, utilizaron las caravanas de inmigrantes que el otoño pasado partieron de Centroamérica para intentar entrar en Estados Unidos. Algunas de esas personas, catalogadas por Washington como «Extranjeros de Interés Especial» (SIA en sus siglas inglesas), por provenir de países que considera de riesgo terrorista, tuvieron un trato de privilegio en el desarrollo de los convoyes. Así lo aseguraron algunos integrantes de las caravanas a observadores de Secure Free Society (SFS), un think tank de Washington dedicado a la seguridad regional.

Un reciente informe de SFS constata que funcionarios de Guatemala detectaron esos días no menos 157 inmigrantes irregulares de otros continentes, de los cuales al menos 17 entraban dentro de la categoría de «especial interés» para EE.UU. por proceder de países como Paquistán, Bangladesh y Eritrea.

El informe también sospecha de la ruta escogida por las caravanas que salieron de Honduras, pues en lugar de utilizar la vía más corta o la más rápida, como hacen normalmente las personas que emigran, usaron otra que las autoridades de Guatemala tienen detectada como la más habitual de mafias que facilitan el paso de elementos que buscan esconderse.

Aunque esta información no cuestiona los motivos por los que la mayoría de los miles de migrantes se pusieron en camino, sí pone en evidencia la actitud acrítica de muchos medios de comunicación, cuyas crónicas en algunos casos jalearon unas marchas que sabían que difícilmente iban a acabar dentro de Estados Unidos y además denigraron las advertencias de Washington de que entre los migrantes pudieran colarse personas con potencial extremista.

Exageración de Trump, pero «amenaza real»

Ciertamente Donald Trump exageró el riesgo en sus declaraciones públicas. La mayoría de los extranjeros que Estados Unidos supervisa como potencialmente terroristas llega por aire, no por tierra. Pero eso no quita que EE.UU. deba estar también muy atento a quienes entran por su frontera sur.

El departamento de Seguridad Interior ha indicado que cada día son detenidos una media de diez individuos que se encuentran «la lista de observación terrorista» (más de 3.700 en el último año fiscal), y que solo una minoría de ellos han usado la frontera con México. Pero advierte que «la amenaza es real», pues el número de esas personas encontradas en la frontera sur «ha aumentado en los últimos dos años», aunque no ofrece detalles por tratarse de una información «extremadamente delicada».

De hecho, ese departamento ya alertó a las fuerzas fronterizas en 2016, y medios internaciones han detectado una creciente afluencia de extranjeros de otros continentes moviéndose a lo largo de Centroamérica (por ejemplo, la extraña presencia de yemenís en la selva panameña de Darién).

Organización de las marchas

En su observación de las últimas caravanas, SFS detectó que estas se componían de tres partes. Un pequeño grupo de avanzadilla, que llegaba a los lugares 48 horas antes para preparar la intendencia; luego iba el grueso de los inmigrantes, que es el que centraba la atención de los medios, y finalmente había un «parte trasera», que iba 24 horas después, usando vehículos. En este tercer grupo presumiblemente viajaban algunos «extranjeros de interés especial», que pudieran pasar de forma más rápida las fronteras, según relataron a SFS algunos testigos presenciales.

Joseph Humire, director ejecutivo de SFS, afirma que entre los migrantes ilegales que se desplazan por Centroamérica no siempre es fácil determinar de qué país proceden. Por ejemplo, las autoridades guatemaltecas detuvieron en abril a cinco personas que se presentaron como paquistaníes, cruzando desde Honduras precisamente por el punto fronterizo luego usado por las caravanas. Una prueba biométrica los identificó luego como palestinos. Investigaciones policiales les relacionaron vagamente con un presunto plan para atentar en mayo contra la embajada de EE.UU. en Ciudad de Guatemala.

Pasar desapercibidos

Humire considera que ha habido una confluencia, no pactada, entre la ruta utilizada por organizaciones no gubernamentales y por mafias atentas a los «extranjeros de interés especial» para EE.UU. La vía utilizada por las caravanas, cruzando de Honduras a Guatemala por Esquipulas (que no es el paso más lógico saliendo desde San Pedro Sula, donde se han originado varias de las marchas), se habría ido consolidando desde que en 2014 la crisis humanitaria por un incremento de la llegada de menores no acompañados a la frontera sur de EE.UU. puso la cuestión migratoria centroamericana en el foco de la agenda de entidades como Naciones Unidas.

La nueva ruta busca lugares especialmente poblados, donde las ONG pueden contar con una mayor infraestructura y apoyos. Eso también es buscado por quienes quieren pasar más desapercibidos.

Las caravanas también han sido aprovechadas, según Humire, por organizaciones de Cuba, Venezuela y Bolivia a nivel de mensaje y relato, «en una estrategia que busca desafiar la frontera de Estados Unidos» y «crear conflictos fronterizos».