La Primera Ministra de Gran Bretaña, Theresa May, dando una declaración a la Cámara de los Comunes en Londres
La Primera Ministra de Gran Bretaña, Theresa May, dando una declaración a la Cámara de los Comunes en Londres - AFP

May inicia su vía crucis para que el Parlamento apruebe su Brexit

La «premier» confirmó que la votación sobre el acuerdo con la UE será el 11 de diciembre

Iván Alonso
Corresponsal en LondresActualizado:

Hasta una hora de debate tardó la «premier» en escuchar una opinión favorable a su acuerdo. Solo un día después de esa cumbre europea celebrada en Bruselas en la que se aprobaba el acuerdo de retirada, la primera ministra británica se enfrentó sin descanso de nuevo a las críticas tanto de propios como de ajenos en otra dura sesión de debate en Westminster.

Theresa May se volvió a topar con la realidad a la que se enfrenta estos días y que parece clara: no tiene la mayoría simple necesaria para aprobar en el Parlamento británico su acuerdo. Tendrá que buscar una solución en los próximos días ya que, como confirmó ayer Downing Street, el voto final tendrá lugar el 11 de diciembre, con un debate previo que se extenderá durante 5 días a partir del 4 de diciembre.

May insistió en que este acuerdo es «el mejor y único posible» y que no hay alternativa ni un plan B, como se ha rumoreado estos días. Amenazó con que no apoyarla sería crear más «división» en el país y que decir «no» al texto supondría volver «a la casilla de salida» del proceso que comenzó hace ya casi dos años y medio con el referéndum.

Con esta declaración ante la Cámara de los Comunes, May comenzó una estrategia para tratar de vender el acuerdo tanto a la población británica como a sus compañeros de partido. Se estima que hasta 90 votarían en contra, y que llevará a la primera ministra a visitar todas las regiones británicas. Se desplazará a Gales e Irlanda del Norte hoy mismo donde intentará asegurar los votos necesarios para superar la que será su gran batalla final y en la que se juega su liderazgo y su puesto.

May relató esta estrategia su gabinete de ministros, que tuvo lugar ayer en vez de los martes como suele ser habitual. Esta vez sin disgustos ni dimisiones, May expuso a su Gobierno lo que viene explicando estas últimas semanas: o aprobar este acuerdo o correr el riesgo de no tener Brexit ya que la sombra del no acuerdo es tan alargada que todos huyen de ella. Solo los más euroescépticos conservadores siguen abrazando esta idea.

May pide perdón

Además, la líder conservadora advirtió de que la «incertidumbre» reinaría si los diputados finalmente tumban el pacto con Bruselas. «Nadie sabe lo que ocurrirá si el Parlamento rechaza el acuerdo alcanzado con la UE» advertía.

Tanto la oposición como los miembros de su propio partido volvían a las andadas y criticaban una y otra vez el plan de la “premier” en las casi 2 horas y media que duraba una nueva sesión parlamentaria en la que tanto la oposición, con el líder laborista Jeremy Corbyn a la cabeza, como sus propios correligionarios se encargaban de recordarla que no tiene los apoyos necesarios para sacarlo adelante.

Esta se escudaba, de nuevo, en que ni Reino Unido ni la Unión Europea estaban «completamente satisfechos» con el texto y que estos meses de duras negociaciones requirieron «dar y recibir por ambas partes».

Además, el punto más criticado volvía a ser el de la frontera con Irlanda y la «salvaguarda» que tendrá que imponerse si Reino Unido o la UE no encuentran un mecanismo que la impida tras el periodo de implementación que durará hasta diciembre de 2020. A las diversas preguntas que recibía sobre este asunto, May se mostraba clara en que no hay otra solución posible «no hay acuerdo que venga sin este mecanismo y sin este mecanismo no hay acuerdo». Se fajó, como viene haciendo durante estas semanas, contra todos y casi en cada pregunta trató de recalcar que su acuerdo respeta la decisión del pueblo británico que votó en el referéndum.

May se disculpó por la frase que dijo hace unos días sobre que los europeos ya no se «saltarían la cola» de inmigración en los aeropuertos británicos «No debería haber usado ese lenguaje en mi discurso».