El presidente Trump saluda a su llegada, ayer, al aeropuerto JFK de Nueva York
El presidente Trump saluda a su llegada, ayer, al aeropuerto JFK de Nueva York - REUTERS

Los imputados por la trama rusa amargan el primer triunfo de Trump

A punto de aprobarse la rebaja de impuestos, el fiscal especial acecha la Casa Blanca

CORRESPONSAL EN WASHINGTONActualizado:

Las grandes paradojas definen este mandato presidencial único. Viciado por una bronca campaña electoral, que judicializó la política y ha convertido cada debate en batalla, también entre el presidente republicano y su partido, casi un año después de estrenarse en el Despacho Oval, Trump no es capaz de avanzar sin retroceder. Su primer triunfo, la mayor rebaja fiscal desde Ronald Reagan, todavía pendiente de confirmarse en el Congreso, se mide en dimensión con el primer jaque a la Casa Blanca a cargo del fiscal especial. El nuevo episodio del reality show político que vive hoy Washington exhibe dos escenas contrapuestas: un impulso casi decisivo de los republicanos al principal proyecto del presidente y el avance inquietante de Robert Mueller en su intento de demostrar la connivencia de Trump con el Gobierno ruso.

El presidente-Twitter sacó ayer músculo en la red social. Agradecimiento y parabienes hacia los mismos republicanos que ha denostado tantas veces. La aprobación del borrador de ley fiscal por el Senado la pasada madrugada, por 51-49, reconcilia provisionalmente a dos enemigos naturales. El triunfo aún no es definitivo. Los republicanos deben ahora unificar criterio y aprobar el mismo texto en ambas cámaras. Asumiendo que será así, Trump empieza a revertir el raquítico balance de logros de 2017, si exceptuamos sus nombramientos judiciales, que están desmontando el sistema de magistrados progresistas implantado por Obama en favor de una mayoría conservadora.

Frenar la impopularidad

El logro conjunto llega a tiempo de frenar la impopularidad republicana antes de la determinante elección del «midterm» (renovación de las cámaras) en noviembre de 2018. Pero es Trump quien puede sacar mayor partido a la rebaja fiscal. La única expectativa del presidente peor valorado en décadas proviene de su gestión económica, que aún recibe el aprobado de los estadounidenses. Bajo su mandato, el país crece por encima del 3% de media por primera vez desde 2007. La tasa de desempleo, del 4,1%, también está en su mínimo desde antes de la crisis. Atribuible o no todo a su gestión, Trump ha pulverizado el techo y el suelo de Obama. El magnate exhibía ayer un informe en el que 137 economistas auguran un impulso del Producto Interior Bruto anual entre el 3% y el 5% gracias a su rebaja fiscal. Otros expertos, además de negar la mayor, alertan de los 1,4 billones de déficit que hipotecarán a los estadounidenses los próximos diez años. Los demócratas cuestionan que el proyecto beneficie a las clases medidas y populares, como presume Trump. Pero el cálculo del presidente es que el bolsillo de las familias notará ya la reducción (individual) en 2018, mientras que las empresas (el impuesto bajará del 35% al 20%) lo harán en 2019. Nadie duda hoy de que piensa en la reelección.

Pero los obstáculos políticos y judiciales crecen en paralelo para el primer ocupante del Despacho Oval investigado antes de tomar posesión de su cargo. La confesión de Michael Flynn, exasesor de Seguridad Nacional de Trump, acusado de mentir al FBI sobre sus contactos con los rusos, ha llevado la investigación de la trama a las puertas de la Casa Blanca. Jared Kushner se perfila también como inculpado, en la particular escalada jerárquica de responsabilidades del fiscal especial. Según Flynn, el yerno del presidente le encomendó pedir a Moscú que demorara una resolución contra Israel en la ONU. Cada vez hay menos dudas de que el equipo de Trump y el de Putin coordinaron decisiones conjuntas en beneficio mutuo. Aunque es pronto para determinar si fue producto de un plan encabezado por el entonces candidato republicano, a quien Mueller pretende inculpar por entorpecimiento a la Justicia.