«Si no quieres que robe, corta las manos al ladrón»
Skander Boughanmi frente a su mezquita - l. de vega

«Si no quieres que robe, corta las manos al ladrón»

ABC entrevista a Skander Boughanmi, un Imán salafista formado en internet

ENVIADO ESPECIAL A TÚNEZ Actualizado:

«Deberíamos cortarle las manos a Ben Alí por todo lo que robó», afirma Skander Boughanmi, un imán que con la revolución tunecina se hizo cargo de la mezquita Taouba de la ciudad de Bizerta, al norte de la capital. Efectivamente, este joven de 26 años, busca la implantación de la «sharía» (ley islámica) que según él determina cortar algunos miembros a los ladrones. «Esos castigos aparecen en el Corán y por tanto están justificados. Así no robarán más», añade.

Como prueba de la efectividad de esas leyes cita a las ciudades de Somalia que se encuentran bajo el dominio de grupos yihadistas. «Allí la sharía ha logrado que los crímenes desciendan en un 98 por ciento». Lo dice sin alzar la voz ni realizando aspavientos enfatizantes, con una media sonrisa en los labios. Tan solo se coge una de sus manos y hace el gesto de cortársela con la otra mientras explica su teoría.

El régimen del depuesto Ben Alí, refugiado desde enero del año pasado en Arabia Saudí, constriñó a los islamistas y muchos de ellos acabaron en la cárcel. A menudo eran arrestados por el simple hecho de ser más piadosos que la mayoría. Así pasaban a formar parte de una escuela del odio cuyos alumnos navegan ahora impulsados por el viento de la libertad llegado con la revolución.

Boughanmi pasó por la cárcel en 2008 y en 2010. Las dos veces fue acusado bajo la ley antiterrorista. Dice que la primera vez estaba impartiendo lecciones en casa de un amigo. La segunda había asistido a un funeral. La persecución le obligó incluso a dejar de ir a la universidad. «Todo Túnez era una cárcel para nosotros», cuenta.

Ante la imposibilidad de formarse como le hubiera gustado, viajando a diferentes países, no le quedó más remedio que acudir a Internet. «La vía que me quedaba era skype», un programa para comunicarse gratis a través de la red. Así es como ha estado en contacto con otros imanes de Arabia Saudí, Marruecos, Egipto o Mauritania. Algunos de sus interlocutores y maestros son conocidos yihadistas que han pasado años en la cárcel, pero no quiere que sean citados.

«Nos provocan»

El nombre del imán de Bizerta aparece entre los que empujaron a la turba que atacó la semana pasada la Embajada de Estados Unidos en Túnez en unos disturbios en los que murieron cuatro de los asaltantes. «Occidente y América nos atacan porque nos tienen miedo. Por eso nos provocan con vídeos como ese», afirma refiriéndose a la película rodada en Estados Unidos contra el profeta y que saltó a Internet el pasado 11 de septiembre, aniversario de los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York. El ataque a la Embajada «fue una reacción normal. Para comprender el sentimiento de los musulmanes solo hay que ver los que los americanos han hecho en Irak en nombre de la democracia. Por eso espero que este sea el principio de una revolución universal contra Estados Unidos».

El imán Boughanmi, que calza zapatos tipo náutico de la marca estadounidense Sebago, no milita en ningún partido político pero no esconde que su fin último es llegar al califato, un sistema de gobierno bajo el paraguas del Islam. «Los salafistas no queremos el poder político, solo buscamos servir a dios», señala en la terraza de un hotel rodeado de mesas en las que otros clientes vacían vasos de cerveza a la orilla del Mediterráneo. «A veces los salafistas no se comportan como deben y emplean la violencia, pero se trata de excepciones», dice sin abandonar su tono tranquilizador. «Mire, yo soy salafista y estoy aquí sentado con usted en este bar».

Insiste en que no es miembro de Ansar Al Sharía, un grupo radical ligado a la red terrorista Al Qaida, pero habla de sus miembros como víctimas del actual sistema. «Puede que Ansar Al Sharía y Al Qaida compartan ideales, pero son organizaciones diferentes». «Al Qaida tiene el honor de ser uno de los primeros grupos que se levantó contra las dictaduras», añade.

Boughanmi deja claro que él no cree en la democracia, pero «eso no significa que no creamos en la libertad, la dignidad y el diálogo». «El sistema actual se basa en el capitalismo internacional, donde prima la libertad individual. En nuestro sistema la prioridad es la libertad de todo el grupo. En el liberalismo no importa la moral y para elevar al máximo la moral está el Islam». Pero para que todo estos se desarrolle, la imposición de la «sharía» el emprender el camino del califato, «lo debe pedir la gente». «Cada cosa tiene su contexto. Hace falta estabilidad y diálogo, algo que no se puede hacer ahora».

«En Córdona llegó a haber como 50 hospitales, con la salida de los musulmanes creo que solo quedó uno», pone como ejemplo del pasado glorioso que quiere recuperar. Lo dice en la terraza del Hotel Andalucía de Bizerta. ¿Y cuándo pongan Túnez en orden irán a recuperar Al Andalus? «Por supuesto», asegura con una sonrisa en los labios antes de indagar en la vida del periodista y pedirle que se convierta.