Iberoamérica, plagada de tensiones fratricidas

Hay modelos para todos los gustos, políticos, económicos, aduaneros o de libre comercio

CARMEN DE CARLOS I BUENOS AIRES
Actualizado:

Iberoamérica, desde México a Argentina con escala en Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Chile o la zarandeada Honduras, se empeña en formar o consolidar bloques de integración. Hay modelos para todos los gustos, políticos, económicos, aduaneros o de libre comercio donde, teóricamente, se pueden encontrar más afinidades ideológicas que diferencias. Pero el camino se hace largo, a veces está mal señalizado, hay despistes o intereses propios y se suceden las colisiones.

Comunidad Andina (CAN), SICA (Sistema de Integración Centroamericana), Mercado Común Centroamericano (MCCA), Comunidad del Caribe (Caricom), Aladi (Asociación Latinoamericana de Integración), Alba-Tcp (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos), Unasur (Unión de Naciones Suramericanas)... La lista de agrupaciones, algunas mejor avenidas que otras, continúa. Los «desencuentros», también.

El último choque entre los socios de un mismo club como es Mercosur (Mercado Común Suramericano) se produjo esta semana entre Argentina, el resto de los países miembros y, de paso, la Unión Europea. El secretario de Comercio, Guillermo Moreno, funcionario que responde directamente al matrimonio Kirchner y que es conocido por su violento espíritu de persuasión (en ocasiones anteriores llegó a poner una pistola sobre la mesa), puso freno a buena parte de las importaciones de alimentos. No hubo una ley o norma escrita mediante. Sus deseos son órdenes.

Los países afectados, con Brasil a la cabeza, reaccionaron advirtiendo que están dispuestos a aplicar el principio de reciprocidad. Los embajadores de la Unión Europea expresaron su malestar en el Congreso de Diputados.

Negociar en Madrid

El «incidente» con el Mercosur por un lado y con la UE por el otro, en un mismo episodio, se produjo en vísperas de que ambos bloques, tras seis años de congelarse las negociaciones, reanuden sus conversaciones en Madrid. El embajador de España en Buenos Aires, Rafael Estrella, observaba hace unos días en una reunión con la prensa española lo favorable que ha sido que «Mercosur hable con una sola voz» para poder volver a sentar en la misma mesa a unos socios que en conjunto «representarían la zona de libre comercio más grande del mundo».

Quince días atrás, Unasur designó como secretario general a Néstor Kirchner. Su candidatura, la única de este bloque inspirado por Luiz Inacio Lula Da Silva, estuvo vetada mientras Tabaré Vázquez presidió Uruguay. El conflicto por la construcción de una planta de celulosa mantuvo a los países vecinos enfrentados. El contencioso se dirimió el mes pasado en La Haya, que dio la razón a Argentina -denunciaba la violación de un tratado bilateral-, pero no penalizó a Uruguay ni dijo que la mencionada planta contaminara. Con el apoyo del actual presidente, José «Pepe» Mujica, a la candidatura de Unasur de Kirchner se abrieron esperanzas de que las relaciones retomaran el cauce esperado entre ambos países. Esta semana, Uruguay rechazó la exigencia de Argentina de fiscalizar de forma conjunta la planta. La tensión persiste.

En diciembre se celebrará en Argentina la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado. México llegará con el malestar a rastras de la ola de nacionalizaciones de Hugo Chávez, que estará ausente. La secretaria de Relaciones Exteriores de Felipe Calderón expresó su protesta y lamentó su impotencia después de que Caracas rompiera el Tratado de Libre Comercio entre ambos países. «Desgraciadamente -dijo Patricia Espinosa-, nos ha dejado sin un marco bilateral que nos permite actuar en estos casos». Las expropiaciones venezolanas, pese a su más que buena relación con Argentina, también afectaron a intereses de éste país, como la compañía Techint. La bandera nacionalista o indigenista, modelo Evo Morales, no evita este tipo de roces entre vecinos. Sin embargo, hoy por hoy, persisten en construir un frente común.

POR TATIANA GIANINI

MADRID. Blindados, cazas y helicópteros de combate... En los últimos años, los países iberoamericanos han reforzado sus arsenales militares. Entre 2005 y 2009 su compra de armamento creció un 150% comparado con el período anterior, según el reciente estudio sobre comercio de armas del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (Sipri).

Este ascenso, uno de los más notables del mundo, ha causado preocupación en un continente que sufre varios conflictos regionales y una lucha por el liderazgo. «Hay una conducta competitiva en esas compras», explica Mark Bromley, experto del Sipri.

La explicación general es la necesidad de modernizar las Fuerzas Armadas. Luego aparecen otras justificaciones. Chile, que encabeza la lista, afirma que busca defenderse de posibles conflictos.

Cada cierto tiempo, el presidente Hugo Chávez salta con sus temores a la invasión de Estados Unidos por las reservas de petróleo de Venezuela. Para armar al país, el líder bolivariano ha buscado la excusa del acuerdo que permite al Ejército estadounidense utilizar bases militares en Colombia. Esta escalada ha hecho a la frontera entre estos dos países la zona más inestable de la región.

Brasil, el líder regional, sigue avanzando en su plan para modernizar su aparato militar, en especial para proteger la Amazonía y sus hallazgos de petróleo en aguas del Atlántico. Su presupuesto militar aumentó un 29,9% entre 1999 y 2008. Colombia ha desarrollado un creciente músculo militar ante la necesidad de combatir la guerrilla y el narcoterrorismo. Y Ecuador se moderniza para fortalecer la frontera con Colombia.