Los huérfanos sonámbulos
Un niño herido es transportado en un barreño en la capital haitiana, Puerto Príncipe / AP

Los huérfanos sonámbulos

Tienen un especial temor a refugiarse cerca de los edificios, se congregan en espacios abiertos, piden ayuda, comida... son los niños desperdigados tras el terremoto, como todos, luchan por sobrevivir. Familias españolas, a la espera de la adopción

MANUEL M. CASCANTE | PUERTO PRÍNCIPE
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Winnie Tilin, un bebé de 16 meses. Benciana, una niña de 3 años... Supervivientes pero víctimas. Huérfanos sonámbulos en un Haití sin orden ni concierto. En medio del caos. Del pillaje. De las bandas. Vagabundos del horror. Redjeson, un niño 2 años... Y así hasta dos millones son los niños y niñas que se han visto afectados por la catástrofe, según informan las ong que ya trabajan en Haití.

«Muchos de ellos empiezan a congregarse en espacios abiertos, levantando refugios provisionales. Tienen un especial temor a refugiarse cerca de los edificios ya que se siguen produciendo réplicas importantes», asegura un miembro de Save the Children en la capital haitiana. Una situación de emergencia a la que hay que sumar los nacimientos que, en lo que queda de algunos hospitales o improvisadas tiendas en Puerto Príncipe, comienzan a sucederse entre la mayor de las indigencias y la peor de las condiciones de salubridad.

Antes del terremoto, en Haití morían 60 bebés por cada mil nacimientos. Pero aunque la vida es imparable, incluso en medio del apocalipsis, la vida vuelve a brotar.

Objetivo: reunificar familias

«Save the Children empezará a establecer zonas seguras para los niños y niñas en los campamentos y también comenzaremos con nuestros programas de reunificación familiar para reunir a los niños y niñas que fueron separados de sus familias durante la emergencia», añade uno de los 50 encargados de la ONG de mejorar la calidad de vida de los niños haitianos.

Unicef, por su parte, calcula que necesitará unos 11 millones de euros para asistir a los menores de Haití para proporcionarles agua potable, saneamientos, alimentos, atención sanitaria e intentar «comenzar» una cierta vida escolar. Pero al drama de los niños de Haití también hay que sumar el de las familias, en el extranjero, que esperaban cumplimentar sus últimos trámites para concluir el arduo proceso de adopción. En Cataluña, por ejemplo, se encontraban cuatro familias en esta situación.

Ni retretes

Los niños deambulan por el centro de Puerto Príncipe. Como todos. De un lado a otro, buscando comida, ayuda... Piden auxilio, agua, «food» (comida). A diferencia de los adultos -que muchos llevan mascarillas para protegerse del mal olor de los cadáveres en descomposición- los niños apenas se muestran cuidadosos en ese aspecto de salubridad. No tienen conciencia de que tras el terremoto las enfermedades están ahora al acecho, como buitres implacables en busca de carroña.

Ni retretes, ni lugares para cocinar, ni apenas tiendas para refugiarse. Los niños -huérfanos, reagrupados en familias conocidas o alguien que pasaba por allí- son los grandes damnificados de la mayor tragedia en el país más pobre de América.