Asep Sunaria fue arrastrado junto con su moto por el tsunami, pero él y su familia pudieron salvarse
Asep Sunaria fue arrastrado junto con su moto por el tsunami, pero él y su familia pudieron salvarse - Afp

Las historias del tsunami de Indonesia: «El agua me llegaba al pecho, pero fui a por mi familia»

Un hombre halla a su mujer e hijos tras el último tsunami, mientras un músico pierde a sus compañeros y a su mujer

MadridActualizado:

Cuando Bapu Suwarna oyó un enorme estruendo el pasado sábado en la provincia indonesia de Banten, pensó en un principio que se trataba del bullicio de un concierto de música cercano. Instantes después descubrió con espanto que era en realidad el rugido de una ola gigante que se abatía sobre la costas del estrecho de Sonda, en Indonesia. «¡Tsunami! ¡olas! ¡olas!», gritaba la gente a su alrededor mientras corría para tratar de ponerse a salvo.

Bapu, de 49 años, acababa de concluir una reunión de trabajo en el complejo turístico Mutiara Carita y la repentina avenida de las aguas le separó de pronto de su mujer y sus tres hijos. Su historia evoca la odisea vivida, justo ayer hace 14 años, por María Belón, la madre coraje valenciana que tuvo que buscar entre los escombros a su familia tras verse sorprendida por el devastador tsunami de 2004 y que fue llevada a la gran pantalla por Juan Antonio Bayona en «Lo imposible», con Naomi Watts en el papel de la española. «Cuando salí fuera, vi a la gente huyendo de las olas hacia la piscina y el comedor», recuerda ahora a la CNN este superviviente de la última catástrofe natural que golpea al Sudeste asiático. «Vi que mi cabaña estaba oscura e inundada por olas, me sentía débil», relata.

Bapu Suwarna, con su mujer y sus tres hijos antes del tsunami
Bapu Suwarna, con su mujer y sus tres hijos antes del tsunami - ABC / CNN

Con el agua a la altura del pecho, observó cómo la crecida alcanzaba el techo de su cabaña y cómo su coche flotaba sobre ella, mientras las alarmas empezaron a sonar. Él y sus amigos hallaron refugio, pero enseguida se preguntó: «¿Qué hacemos aquí esperando? Nuestras familias estaban por allí. ¡Vayamos a buscarlas!».

En medio del caos, el hombre atravesó las olas, esquivando troncos y mesas a la deriva, hasta alcanzar la cabaña. «¡Papá, papá, papá!», escuchó con alivio a uno de sus vástagos. Aunque tiritaba de frío, ya apenas le importaba, porque allí estaban, sanos y salvos, su esposa, Piniarti, y sus hijos, de cuatro, catorce y dieciocho años.

Arrastrado por las aguas

También Asep Sunaria, de 42 años, se siente afortunado, porque pudo refugiarse en las alturas del pueblo de Sukarame. Pero antes sintió de cerca la fuerza del tsunami. Tras un ruido ensordecedor, de pronto las aguas le envolvieron a él y a su moto. A continuación, arrasaron su casa y su pueblo. «Estaba en “shock”, no me lo esperaba para nada, no había habido alerta», contó a la agencia Afp. Al principio, pensó que únicamente se trataba de la marea, ¡pero después el agua se elevó muchísimo!», recuerda.

Sin embargo, el tsunami ha dejado tras de sí muchas otras historias que no han tenido un final tan feliz. El número de víctimas mortales se eleva ya 430, según las últimas cifras oficiales, mientras que hay todavía 159 personas desaparecidas, además de 1.495 heridos y más de 22.000 desplazados, así como cuantiosos daños materiales.

Un músico sin banda y sin esposa

La tragedia ha dejado una honda huella en el vocalista del grupo musical Seventeen, Riefan Fajarsyah, el único superviviente de su banda después de que la ola irrumpiese el sábado pasado en pleno concierto en la playa de Tanjung Lesung, en la isla de Java, llevándose por delante el escenario y todo lo que encontraba a su paso. Las imágenes de la violentísima acometida de las aguas durante la actuación, que han circulado estos días por internet, son sobrecogedoras. Pero Riefan no solo perdió ese día a sus tres compañeros. Entre el público se encontraba su esposa, la actriz y popular rostro televisivo Dylan Sahara, que también perdió la vida en la tragedia, según se supo este martes.

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El propio cantante publicó en las redes sociales un vídeo en el que aparece acariciando el ataúd con los restos de su mujer. «¿Cómo puedo vivir sin ti, ¿Dylan Sahara?», se preguntaba desconsolado el cantante a través de un mensaje en su cuenta de Instagram, en la cual tiene más de dos millones de seguidores.

Entre tanto, las organizaciones humanitarias tratan de paliar sobre el terreno los efectos del desastre. Médicos Sin Fronteras presta atención médica a los heridos en Carita y Labuan, mientras sus equipos han comenzado a instalar clínicas móviles para asistir a las personas que han sido evacuadas a zonas más altas y a quienes viven en localidades muy alejadas de los centros médicos, explica esta ONG.

Miedo a otro maremoto

«Algunos habían resultado heridos a causa de la repentina subida del agua y el fuerte golpe de las olas y otros fueron golpeados por escombros que caían mientras trataban de huir», señala Dina Afriyanti, matrona de MSF.

«En las comunidades más apartadas –continúa en un comunicado– hemos visto a muchas personas heridas que no habían recibido aún ningún tipo de tratamiento. Así que, limpiamos y curamos sus heridas». «A lo largo de estos días, haremos visitas de seguimiento para asegurarnos de que evolucionan adecuadamente», agrega.

Save the Children, también presente en la zona, señala por su parte que el «impacto psicológico en los niños y niñas ha sido grande y está muy presente el miedo a otro posible maremoto». Además, señala esta ONG, «muchos se encuentran solos porque han perdido el contacto con sus padres».