Vista aérea del volcán Anak Krakatau - Reuters

El «Hijo del Krakatoa» desata un tsunami con 373 muertos en Indonesia

Surgido tras la mayor erupción de la historia en 1883, se teme que este volcán estalle como su «padre»

Corresponsal en AsiaActualizado:

La tragedia vuelve a golpear a Indonesia, el «archipiélago catástrofe» sacudido cada dos por tres por tsunamis, terremotos, accidentes aéreos y naufragios. Casi tres meses después de que un tsunami se tragara más de 2.000 vidas en la isla de Célebes (Sulawesi en el idioma local), olas de hasta tres metros barrieron el sábado por la noche los pueblos costeros del estrecho de la Sonda, que separa las islas de Java y Sumatra.

A la espera de que los equipos de rescate lleguen a todas las zonas afectadas, muchas de ellas bloqueadas por los escombros que arrastró la fuerza del mar, el número de víctimas asciende a 373 fallecidos, 1.500 heridos y 128 desaparecidos provisionalmente. Así lo anunciaban en la madrugada de este lunes las autoridades indonesias. Además, en su cuenta de Twitter, el portavoz de la Agencia Nacional para la Lucha contra Desastres (BNPB, en sus siglas en indonesio), Sutopo Purwo Nugroho, cifraba los daños materiales en 611 casas destrozadas, 69 hoteles, 60 puestos de comida y 420 barcos. Un total de 11.687 personas tuvieron que desplazarse por motivos de seguridad.

Al principio, este experto en catástrofes naturales había atribuido la tragedia a una marea alta ocasionada por la luna llena, ya que no se había registrado ningún terremoto en la noche del sábado. Pero luego corrigió sus explicaciones porque todo apunta a que el tsunami se debió a unos corrimientos de tierra submarinos provocados por la erupción del volcán «Anak Krakatoa» («Hijo del Krakatoa»). Así se conoce a la isla que, en pleno estrecho de la Sonda, surgió tras la explosión en 1883 del Krakatoa, la mayor erupción volcánica de la historia. Con una columna de ceniza que se elevó hasta seis kilómetros, desató un tsunami de 40 metros que mató a más de 36.000 personas y sus explosiones nublaron el cielo y se oyeron incluso en Australia. Su potencia, de unos 200 megatones de TNT, fue el equivalente a 13.000 bombas atómicas como la de Hiroshima. Aunque buena parte de la isla se hundió bajo el mar, en 1927 empezaron nuevas erupciones que hicieron emerger otra porción de tierra al año siguiente. Creciendo a un ritmo anual de cinco metros, el nuevo volcán de la isla ya alcanza una altura de 300 metros y algunos geólogos han advertido de que algún día reventará como su «padre», el legendario Krakatoa.

Observado desde 2012, cuando el Gobierno indonesio lo situó en el segundo nivel de alerta más alto, el «Hijo del Krakatoa» viene registrando erupciones desde junio y las autoridades no permiten acercarse a menos de dos kilómetros de su isla, que está deshabitada. «A las 21:03 del sábado (15:03, hora peninsular española), el Krakatoa entró en erupción otra vez y dañó los sismómetros cercanos, pero la estación sismológica de Sertung detectó temblores continuos», explicó la jefa de la Agencia para la Meterología, Climatología y Geofísica (BMKG), Dwikorita Karnawati, según recoge el periódico «The Jakarta Post».

A este diario, el presidente de la Asociación de Geólogos de Indonesia, Sukmandaru, señaló que «la erupción del Anak Krakatoa probablemente causó un temblor que desató un deslizamiento en una ladera submarina que, a su vez, desató el tsunami». A su juicio, «todavía hace falta más información para confirmar la causa real» porque otras erupciones mayores de dicho volcán no han causado tsunamis, pero los temblores por su intensa actividad de los últimos días pueden haber debilitado las lomas submarinas.

Sin motivos de la catástrofe

Mientras las autoridades determinan los motivos de la catástrofe, los equipos de emergencia se afanan por encontrar supervivientes y recoger cadáveres. El tsunami golpeó las costas de Java y Sumatra a las 21:30 del sábado (15:30, hora peninsular española), cuando muchos disfrutaban de una agradable velada junto al mar. Sin que sonaran las alarmas anti-tsunamis, ya que no se había detectado ningún terremoto, sus potentes olas arrastraron hasta diez metros con todo lo que hallaron a su paso.

Tal y como muestra un vídeo espeluznante colgado en las redes sociales, las olas arrasaron una tienda donde un grupo de rock, llamado «Seventeen», estaba actuando. Entre gritos de pánico, el agua se llevó por delante a los músicos del escenario y al público. Llorando, su cantante, Riefian Fajarsyah, contaba ayer en Instagram que habían muerto el bajista y el mánager, mientras que otros miembros de la banda y su esposa seguían desaparecidos.

Alrededor del estrecho de la Sonda, que conecta el mar de Java con el océano Índico, el tsunami ha afectado a numerosos pueblos turísticos frecuentados por la clase media de la capital, Yakarta, a solo cien kilómetros. Entre ellos destacan el distrito de Pandeglang, donde el enclave de Tanjung Lesung se promociona como uno de los diez «nuevos Balis» de Indonesia. «Los edificios de la playa quedaron destruidos. Los árboles y postes eléctricos cayeron al suelo», contó a la agencia France Presse Asep Perangkat, tras escapar de un oleaje que arrastraba coches, casas y contenedores de mercancías en Carita. Las mismas escenas de devastación se repetían al otro lado del estrecho, en Sumatra.

Precisamente, la costa norte de esta isla quedó arrasada en la Navidad de 2004, cuando el mayor tsunami de la historia barrió el océano Índico y se cobró en 14 países más de 222.000 vidas, la mitad en Indonesia. Catorce años después, la tragedia vuelve a golpear a este archipiélago paradisíaco, pero catastrófico.