El presidente de Francia, Emmanuel Macron, junto a Mamadou Gassama - EFE

El «héroe» que rescató a un niño en París destapa las sombras de la inmigración en Francia

Asociaciones galas vinculadas con la defensa de los derechos de los migrantes, como Cimade y Gisti, han tratado el gesto del Macron, que ha prometido la nacionalidad al joven, con escepticismo

MADRIDActualizado:

Tras el revuelo levantado por la sorprendente gesta de Mamadou Gassama, el joven inmigrante irregular de 22 años que el pasado sábado rescató a un niño en París, y el agradecimiento que el presidente de Francia, Emmanuel Macron, manifestó hacia su persona, prometiéndole la nacionalidad y recibiéndole en el Palacio del Elíseo, voces críticas han decidido romper el alborozo más o menos generalizado. Asociaciones galas vinculadas con la defensa de los derechos de los migrantes, como Cimade y Gisti, han tratado el gesto del mandatario con escepticismo, valorándolo como una operación de maquillaje político frente a la próxima aprobación de su ley migratoria, que complica la otorgación del asilo y prolonga la retención de los extranjeros indocumentados que viven en el país.

«Las asociaciones no somos críticas porque le hayan concedido la nacionalidad o la regularización de los papeles. Somo críticas con la instrumentalización que se ha hecho del suceso, y sobre todo en estos momentos, cuando se está adoptando un proyecto de ley criticado por organismos nacionales y europeos», explica Claudia Charles, de la asociación Cimade, a ABC. «Macron dice que sigue luchando contra la inmigración clandestina e ilegal, que no se puede acoger a todo el mundo y que se tiene que distinguir entre los verdaderos refugiados y los falsos, que son los migrantes económicos. Dice que, frente a un hecho excepcional, decisiones excepcionales», recuerda, en referencia al contraste entre la amabilidad del mandatario con Gassama y las políticas que planea hacia las personas que atraviesan la misma situación que el maliense. El presidente, que argumentó la concesión de la nacionalidad con un poético «ser francés es una voluntad», también matizó que esa gracia era «una excepción».

«Una persona que esté en situación irregular tiene que solicitar papeles, un título que le permita residir legalmente en Francia, estudiar, trabajar, continuar con su vida», señala Charles al otro lado del teléfono, aclarando la diferencia entre el título de estadía y la naturalización o concesión de la nacionalidad. «La naturalización es un procedimiento que permite que una persona extranjera pueda solicitar a la administración la nacionalidad. Hay que reunir ciertas condiciones, como haber residido en territorio francés más de cinco años de forma legal, tener todos sus intereses familiares, económicos y profesionales en Francia, estar perfectamente integrado en los valores de la sociedad francesa y cierto nivel de conocimiento de la lengua», detalla. El caso de Gassama es, por tanto, el de un «procedimiento extraordinario», ya que el joven llegó a Francia en septiembre de 2017, tras un periplo que le condujo de su Malí natal, una antigua colonia gala sumida en una espiral de violencia por la insurgencia yihadista, a Níger, Burkina Faso y finalmente a Libia, donde tomó una embarcación que le llevó a Italia; en definitiva, el último «héroe» de la República transitó una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo, y también de las más concurridas: según datos de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), un total de 120.000 personas arriesgaron su vida en esa travesía, quedando a merced de mafias y abusos, el año pasado.

«Maniobra política»

«Por supuesto, es una maniobra política, porque se ha tramitado la ley de migración, que se ha criticado mucho porque es bastante restrictiva, sobre todo para los solicitantes de asilo», subraya François Julien-Laferrière, profesor emérito de Derecho Público de la Universidad París Sur. «Para Macron es una manera de decir que se puede ser firme pero también humano, y para calmar a parte de la oposición», añade, cuestionando que «el presidente de la República actúe sin motivo político». Lo cierto es que el mandatario, que desde que llegó al Elíseo parece decidido a recomponer la moral de Francia, y a curarla de lo que llama la «fragilidad social», ha manifestado en más ocasiones su anhelo por elevar la heroicidad al olimpo de las virtudes cívicas. «Estar dispuesto a dar la vida porque nada es más importante que la vida de un conciudadano, ese es el impulso íntimo de la transcendencia que le sostenía. Ahí está esa grandeza que ha asombrado a Francia», dijo hace unos meses en el homenaje al gendarme Arnaud Beltrame, muerto en el atentado de Carcasonne. El pasado lunes, durante la recepción de Gassama, también alabó lo inspirador de la hazaña: «Usted se ha convertido en un ejemplo, porque millones de personas le han visto. Es normal que la nación esté agradecida».

«Puede que haya una parte de emoción, no digo que Macron no tenga corazón», concede Julien-Laferrière, sin embargo tajante cuando valora el proyecto de ley migratoria del presidente: «Negativa», responde. «Complica el proceso de asilo. El plazo para recurrir una resolución negativa pasará de un mes a quince días, un periodo demasiado corto para que se pueda hacer un recurso efectivo», explica. De ser aprobada, la nueva legislación también permitirá que «una persona pueda ser devuelta a su país a pesar de que haya un recurso contra el rechazo el asilo», y que la solicitud sea «examinada por un juez único y no por una formación colegiada». «Hay otra cosa: se limita la duración del procedimiento de asilo para que se tenga una respuesta en cinco meses desde que se presenta la petición en la prefectura. Normalmente, la petición se registra en un plazo de diez días, pero en París es de cinco a siete semanas». Al reducirse el tiempo para analizarla, «se perjudica el valor del examen», y por tanto al extranjero que la demanda.

De no haber rescatado a un niño, Gassama, un inmigrante irregular, habría sufrido las consecuencias de la ley que se planea aprobar. Como explica el profesor, otro de sus puntos más polémicos es el relacionado con la «retención antes de la expulsión del territorio», que pasaría de los 45 a los 90 días. «Si los policías detienen a un inmigrante en la calle y ven que está en situación irregular, procuran sacarlo del territorio, estableciendo el país donde va a ser expulsado. Como no tiene documentación, es difícil establecer su identidad y por tanto su país de origen». Los problemas comienzan a partir de ese momento: el extranjero se dice originario de un país, y las autoridades se dirigen a su consulado para pedir un salvoconducto que permita su expulsión; sin embargo, el consulado no suele facilitarlo, por lo que el salvoconducto no se obtiene y el inmigrante no puede ser expulsado. «Dicen que van a alargar la retención para devolver al extranjero a su país de origen, pero si no se logra en 45 días, es evidente que no se va a conseguir nunca. Se hace como una medida disuasiva. Y los centros de retención son lugares cerrados, con malas condiciones», concluye Julien-Laferrière.