Los herederos de la nueva Europa
Pablo Urbiola, presidente de la Asociación de Jóvenes Europeístas de Madrid - ABC

Los herederos de la nueva Europa

En medio de la tormenta perfecta por la crisis del euro, siete jóvenes de distintos países debaten sobre el destino de la UE. Son menos euroescépticos que sus padres y apuestan por un futuro juntos

MADRID Actualizado:

Frente a la crisis, más Erasmus. Más movilidad y más estudiantes. Más programas, y claro, más millones. El 23 de noviembre, la comisaria de Educación, Androualla Vassiliou, presentaba el nuevo programa «Erasmus para todos». ¿La cifra? 19.000 millones de euros, lo que supone un aumento del 70% para el período 2014-2020 frente al marco presupuestario anterior. Para la chipriota, esta nueva iniciativa es «lo mejor que se puede hacer para el futuro de Europa». Un futuro al que se le caen las estrellas doradas.

Los hijos de Maastricht, los adolescentes del euro y todos esos jóvenes que rara vez han tenido que expedir un pasaporte heredan una Europa convulsa. Mientras los líderes europeos se reúnen en Bruselas para tratar de determinar cuántas marchas debe tener el nuevo automóvil comunitario, ellos ven cómo se vuelve más díficil pasar un fin de semana en cualquier capital del continente.

Un vuelo barato, un hostal y unos pocos euros. No necesitaban nada más. Ahora Europa desconfía, todo se replantea y el Reino Unido barre hacia la City. Los 27 es un número lejano. Europa empieza a negociar a 17 y los que quieran, el plus. La Comisión Europea y el Parlamento están desaparecidos. Con este panorama, el desafecto y el escepticismo crecen de la mano de la crisis. Según datos del último Eurobarómetro, el 49% de los europeos desconfían de la Unión. Desde 2007, según estudios de la Comisión Europea, su imagen ha descendido 12 puntos, hasta el 40%.

Durante años, las estadísticas han reflejado que Europa beneficiaba, no molestaba. Aunque tampoco interesaba. La crisis se comporta como un catalizador, una suerte de despertador del euroescepticismo o eurodesconocimiento latente. «Europa es una gran desconocida. Está en nuestro día a día desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. En los transportes, en las etiquetas, en los alimentos, etc. Pero los ciudadanos no son conscientes de lo que eso significa», comenta Susana del Río, doctora en Ciencias Políticas, experta de la Comisión Europea y miembro del Club de Roma.

La excepción, y la esperanza, son las nuevas generaciones. Se consideran más europeos que sus mayores; cerca del 70% de los jóvenes de entre 15 y 24 años. E incluso, aquellos que utilizan el euro lo son aún más que los que no. De entre todos, los universitarios se descubren los más convencidos: un 71% frente al 50% de los que cuentan con estudios primarios. Son datos de la primavera de 2011 arrojados por el Eurobarómetro 75 ante la pregunta de cómo de ciudadanos europeos se consideraban.

«Erasmus para todos»

Vassiliou lo sabe, y de ahí el programa «Erasmus para todos» que unifica la totalidad de los proyectos educativos, desde la formación profesional hasta el máster. Del presupuesto, dos tercios se dedicarán a movilidad. «La vieja Europa tiene que rejuvenecer. Los jóvenes forman parte de la ciudadanía europea. Ellos son los que más viajan, los que más se mueven. Son los actuales ciudadanos europeos, mucho más de los que se les considera», apunta la avezada europeísta y directora de la red E-Cons, Nieves Álvarez.

Pero la ecuación no es fácil. Direcciones contrarias y la falta de solidaridad entre los Estados miembros impiden dar nuevos pasos. El intergubernantalismo choca con la idea de una Europa de los ciudadanos en la que el poder se ejecute desde la Comisión y no en el Consejo Europeo.

Hasta principios de los noventa, se consideró que la sociedad otorgaba una especie de «consenso tácito». Eso se ha acabado. Los europeos, y en concreto su vanguardia generacional, prefieren hablar. Los ciudadanos quieren la voz y sentir que existe un Gobierno legítimo que los representa. La Unión se asemeja en la visión popular a una enorme industria burocrática que no da resultados. Un ejemplo: los europeos consideran que la mayor partida del presupuesto comunitario son los edificios, el mantenimiento y el personal. Pero, en cuanto se les pregunta en qué creen que se debería gastar el dinero, la lista se invierte. La partida anterior pasa al último lugar y la educación sube hasta el tercer puesto.

Con las recetas del BCE y el influjo de Alemania sobre la mesa, los jóvenes temen que Europa les dé la espalda. La «generación Erasmus» corre el riesgo de convertirse en la generación en prácticas. Así lo ha visto un grupo de franceses, que, temerosos del efecto rodillo de la austeridad, han creado, promocionado y lanzado la iniciativa «Qui va payer?». La idea es sencilla: el futuro peligra. Alguien tiene que pagarlo para asegurarlo. Contra la incertidumbre proponen la implantación de una especie de eurotasa transgeneracional que asegure el desarrollo de las nuevas generaciones. El objetivo es alcanzar un millón de firmas entre ciudadanos de al menos siete países. Con esos dos requisitos pretenden proponer una Iniciativa Ciudadana Europea, similar a la Iniciativa Legislativa Popular de España. La intención es que la Comisión Europea legisle sobre la propuesta. La ciudadanía hablando al gobernante.

«Necesitamos líderes»

«Es muy importante que volvamos a ver líderes europeos —explica la miembro del Club de Roma—. El otro día leía una frase que decía que los políticos en general piensan en las próximas elecciones, y los líderes, en las próximas generaciones. Necesitamos líderes, devolver la legitimidad a los eurodiputados y a la democracia representativa que estos encarnan».

«Si son inteligentes [los mandatarios y políticos europeos] deben crear esa decisión de apostar por la Europa de los ciudadanos, pero para ello hay que soltar algunos lastres, y eso siempre es difícil», apunta por su parte Nieves Álvarez. «Tenemos que buscar otras formas para construir una Europa que no sea solo la de engordar los bolsillos de los que más tienen y salvar a los bancos».

No obstante, Europa sigue adelante. Croacia se convertirá en 2013 en el país número 28. Durante todo este año, jóvenes de todo el continente han compartido sus experiencias con motivo del Año Europeo del Voluntariado. «Hay que combinar soluciones concretas con medidas soñadoras, pero no podemos avanzar si no seguimos creyendo en Europa, incluso en una visión utópica de ella. Soñar, pero sin perder el timón del realismo», considera la doctora Del Río.

«Hay que diferenciar, por un lado, los políticos europeos y la problemática de la crisis con las instituciones europeas que siguen funcionando», explica Nieves Álvarez. «La crítica hay que hacerla a la ceguera de los gobiernos y de algunos líderes europeos. Deberían leerse las bases de los tratados e incluso de la moneda única. En aquellas bases hablábamos de empezar a pensar en euros, y no de redondear al alza sin control alguno».

Educación y comunicación son las dos recetas para la identidad europea. Susana del Río considera que la crisis es una oportunidad. «Todo lo que está pasando es una señal de que Europa está viva. Es un puzle que necesita recomponerse porque es un proyecto muy ambicioso. Por eso existe una responsabilidad en comunicar en versión europea. Una comunicación responsable provoca una participación responsable y esta articula sociedad, una sociedad a nivel europeo».

Ese puzle europeo es el que ahora está sobre la mesa, con todas las piezas revueltas. La mano franco-alemana ha comenzado a juntarlas en grupos por colores, que es como se resuelven los rompecabezas. Primero, los países «sanos»; luego, los convalencientes de la moneda única; por último, el resto. Al mismo tiempo, los jóvenes franceses siguen buscando firmas. Son dos esferas buscándose. Estabilizar la moneda, devolver la esperanza. Álvarez no pierde la fe. «Si los jóvenes encuentran la luz, pueden ser grandes, lograr grandes cosas, pero no se hace esto con las ideas de unos señores en despachos cavernarios».