Cuatro mujeres yihadistas caminan con kalashnikovs en un entrenamiento de EI en Siria
Cuatro mujeres yihadistas caminan con kalashnikovs en un entrenamiento de EI en Siria - ABC

Hasna Aitboulahcen es la primera mujer suicida en Occidente

Nació en Francia, tenía 26 años y es familiar del cabecilla de los atentados

MadridActualizado:

Los ataques yihadistas de París han marcado varios hitos; el último de ellos se produjo en la mañana de ayer con el suicidio, mediante la detonación de un cinturón con explosivos, de Hasna Aitboulahcen, una mujer de 26 años, nacida en Clichy-la-Garenne, en los suburbios del norte de París y familiar del cabecilla de los atentados, Abdelhamid Abaaoud.

Se trata de la primera terrorista suicida que actúa en Occidente –el 9 de noviembre de 2005 una belga, Muriel Degauque, fue la primera europea en hacerlo, pero en Irak– un elemento inquietante que no hace más que añadir nuevos motivos de preocupación a la pesadilla. Desde 1985 en torno al 30% de los atentados islamistas son protagonizados por mujeres, según datos de los servicios de Información a los que ha tenido acceso ABC.

Tradicionalmente el papel de la mujer en el yihadismo se limitaba a atender en todas sus necesidades a los muyahidines, a educar a sus hijos como buenos combatientes y a labores de logística, como servir de enlace entre sus maridos encarcelados y las células clandestinas a las que pertenecían. Por eso, su paulatina incorporación a la primera línea de la «guerra santa» es motivo de gran preocupación entre los servicios de inteligencia de todo el mundo. No se trata de ningún cambio modernizador hacia la igualdad de sexos dentro de ese mundo fanático, sino su utilización como meras herramientas de lucha.

Primero Al Qaida, y luego Estado Islámico han evolucionado en torno al papel de la mujer. Éste, en un texto de 2015, insiste en su papel instrínsecamente «sedentario» dentro del hogar, pero las permite abandonarlo «si estudian teología, si su trabajo es el de médico o profesora, y si se proclama una fatwa en la que se le obligue a luchar en primera línea, involucrándose en la yihad porque la situación de la Umma (comunidad de creyentes) sea desesperada, como hicieron las mujeres de Irak y Chechenia con gran tristeza».

Cantera de «mártires»

Lo cierto es que varias fatwas no solo justifican, sino que apoyan la incorporación de la mujer a la yihad con todas sus consecuencias. Por eso cada vez más dan el paso, aunque la principal cantera de mujeres yihadistas está entre las viudas, huérfanas y familiares de combatientes muertos o detenidos, que de esta forma quieren aplacar su sed de venganza. El 15 por ciento de las que dan el paso están en disposición intelectual de perpetrar atentados suicidas.

Pero además, Estado Islámico sabe que el ataque de una mujer tiene más efecto mediático, llaman menos la atención y por tanto es más fácil atentar y da la sensación de que el enemigo está en cualquier parte.

Los controles de seguridad sobre las mujeres son menos estrictos que con los hombres, pues solo una mujer puede cachearlas si no se quiere ofender a su religión. Esta circunstancia, junto con sus ropajes amplios, les facilita la posibilidad de atacar.