Guitarras españolas «made in China»
El maestro Juan Labella enseña a uno de sus alumnos, Chai Di, a construir una guitarra española de forma artesanal - pablo m. díez

Guitarras españolas «made in China»

Dos granadinos, Juan Labella y Alberto Cuéllar, enseñan a los aficionados de Pekín y Cantón a fabricar guitarras de forma artesanal

pablo m. díez
corresponsal en pekín Actualizado:

Además de genuinamente española, la guitarra es también universal. Buena prueba de ello es que ya cuenta con una legión de entusiastas aficionados en China, a miles de kilómetros de Andalucía, la cuna del flamenco donde la guitarra clásica adquirió su máxima expresión musical.

Así lo ha descubierto estos días el maestro guitarrero Juan Labella, nacido hace 46 años en la localidad granadina de Aldeire. Junto a Alberto Cuéllar, un guitarrista también granadino que lleva cuatro años afincado en Pekín, han organizado un curso donde enseñan a los alumnos chinos a fabricar este instrumento de forma artesanal.

“Con la producción industrial se pierde el alma de la mano. Cuando una persona trabaja en solitario en una guitarra clásica, controla todo el proceso de elaboración”, defiende Labella el “tajo a la antigua”. Aficionado a la música desde niño, cuando le pedía a su madre que le comprara una guitarra en lugar de un traje de Primera Comunión, llevaba años tocando en la rondalla de su pueblo hasta que el paro le abrió, curiosamente, nuevos horizontes profesionales. “En 1995 perdí mi empleo en Danone y seguí un curso de formación del INEM sobre fabricación de guitarras impartido por Jesús Bellido, hijo del famoso guitarrero Manuel Bellido”, recuerda Labella, quien luego se pasó cuatro años trabajando para ellos aserrando y barnizando las maderas.

Desde entonces, confecciona unas 15 guitarras al año, que vende a partir de 2.400 euros. Con sus guitarras tocan famosos artistas flamencos como Miguel Ángel Cortés o Carlos Piñana, premiado en el prestigioso Festival de Las Minas. “Una guitarra tiene 100 horas de trabajo, pero no seguidas, ya que lleva tres meses terminarla entre el secado y barnizado”, explica durante una de las pausas del seminario de tres días que ha impartido en Pekín, al que han asistido diez alumnos. Junto a dicho curso, que tiene un precio medio de 1.000 yuanes (125 euros), ha aleccionado a otra decena de aficionados en Cantón (Guangzhou), capital de la industrializada provincia de Guangdong y corazón de la “fábrica global” donde, entre otras muchas cosas, se producen todo tipo de instrumentos musicales.

“Estos cursos duran 3 o 4 días y en ese tiempo no se puede terminar una guitarra, pero les sirven a los alumnos para perfeccionar sus técnicas de fabricación y a nosotros para difundir nuestra cultura y abrir mercado”, asegura Labella, quien intenta despejar los temores a que los chinos puedan copiar la elaboración artesanal de tan valioso instrumento.

“Les enseñamos cuáles son las mejores maderas para las tapas, los aros y el fondo y cómo colocarlas, pero no hay secretos ni matemáticas que te den la perfección. Copiar una buena guitarra es imposible, como imitar un Stradivarius, porque depende de la sensibilidad, el talento y la experiencia del artista”, tercia Alberto Cuéllar, que se ha convertido en un auténtico “embajador” del flamenco en China con sus actuaciones en conciertos y apariciones en televisión.

Algunos de los alumnos del curso, como el joven Chai Di, llevan ya seis años fabricando sus propias guitarras, que luego venden por entre 10.000 y 20.000 yuanes (entre 1.256 y 2.513 euros). “Quería mejorar mi técnica por gusto y porque comprar una buena guitarra en China es muy caro”, justifica su asistencia antes de alabar que “la guitarra española refleja el sonido con mayor rapidez y pasión”. Más que para hacerle la competencia a los maestros guitarreros españoles, la afición de Chai Di ha servido para que profundice en su interés por el flamenco e incluso para visitar Granada, adonde viajó el año pasado. Universal, la guitarra española sigue ampliando sus fronteras.