Un ex guerrillero para Uruguay

José «Pepe» Mujica, ex combatiente del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaro, es el gran favorito para las presidenciales de mañana, con el 50 por ciento de los votos. ABC le acompaña en su granja donde cultiva hortalizas y flores junto a su mujer

CARMEN DE CARLOS | MONTEVIDEO
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En 35 hectáreas un uruguayo de 74 años cultiva flores y hortalizas. La noticia no tendría importancia si no fuera porque el hombre es José «Pepe» Mujica, ex guerrillero del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaro (MLN-T). Socialista declarado y favorito a la Presidencia de Uruguay en las elecciones del domingo. Mujica se lleva las manos a la cabeza con el daño de la sequía. Ha perdido la cosecha de acelgas y otras verduras.

Su vivienda, una chacra (granja) en el Rincón del Cerro a unos quince kilómetros del centro de Montevideo, está rodeada de media docena de perros sin raza. En el interior de la casa, una construcción digna pero modesta, el candidato comparte techo con su mujer, la senadora y también ex guerrillera, Lucía Topolansky. Un tiempo atrás ampliaron la familia: abrieron las puertas a un matrimonio que atravesaba apuros económicos y se quedaron todos juntos. De eso hace más de una década.

«No, ellos no tienen hijos», observa la muchacha, de 40 años. Ella, su marido y sus hijos se sienten allí como en su propia casa. «El Pepe», como se refiere todo Uruguay y parte del extranjero al antiguo guerrillero, dice que no concede entrevistas a la prensa internacional antes de las elecciones «porque hay que tratar a todos por igual. Ya habrá tiempo después. Además, ustedes no votan y en España tampoco», advierte. Con la condición de respetar que se muerda la lengua, accede a posar para las fotografías y muestra sus cultivos.

El calentamiento global y el delirio climático son una preocupación permanente para él. Mujica, que ofrece a la oposición un pacto de Estado en materia energética si llega al poder, ha construido un depósito de agua para autoabastecerse. Todo lo que sea trabajar en la tierra le hace feliz. Tanto si se trata de flores -afición compartida por su mujer- como de subirse en el viejo tractor que enseña orgulloso. Es su único vehículo conocido junto con una vespa -que debe haber pasado a mejor vida- y un viejo Volkswagen escarabajo de reciente adquisición.

Cicatrices de seis balazos

La austeridad es la principal bandera en la vida del candidato que roza el 50 por ciento de intención de voto, según todos los sondeos (si obtiene la mayoría absoluta de los votos emitidos no habrá segunda vuelta). Quizás esa sobriedad sea herencia de sus quince años de prisión clandestina. De estos, pasó dos en un pozo. Formaba parte del grupo de dirigentes armados que la dictadura cívico militar (1973-85) mantuvo sin juicio en sus mazmorras para evitar un resurgir de asaltos, secuestros y atracos de los tupamaros. De esa época conserva las cicatrices de seis balazos y restos de proyectiles bajo su piel.

En una conversación con el historiador Lucho Soria, recordaba que estuvo «siete años sin leer nada, salvo unos pedazos de diarios». Los primeros meses de cautiverio permaneció con «las manos atadas a la espalda con alambres» pero a todo se hace el ser humano.

En 1985 Uruguay recuperó la democracia y a los presos que seguían con vida. Entre ellos a José Mujica. Ha sido diputado, senador y ministro de Agricultura con Tabaré Vázquez. «La causa principal por la que vamos a ganar -repite en las entrevistas- es por la gestión de este Gobierno. Lo que ha hecho está en la memoria». También en la memoria reciente está su matrimonio. En el 2005 se casó con su eterno amor, Lucía Topolansky, por lo civil. «Somos ateos», confiesa ella.

Saboreando las mieles de la libertad, un día confesó: «El Parlamento es la Cenicienta de la democracia pero es lo más auténtico que tenemos». Humilde, suele decir: «Nunca se es demasiado viejo para aprender». Su perra favorita, Manuela, es testigo eterna de ello. Coja y sin antepasados de raza, le acompaña a los actos de campaña y le sigue como su sombra. A ella se le puede aplicar una frase habitual de Mujica: «Estoy acostumbrado a que me vigilen. Lo han hecho toda la vida».