Jurgen Kantner, un turista alemán decapitado por los yihadistas filipinos, y su esposa, Sabine Merz, asesinada en el asalto a su barco
Jurgen Kantner, un turista alemán decapitado por los yihadistas filipinos, y su esposa, Sabine Merz, asesinada en el asalto a su barco - AFP

El grupo yihadista filipino Abu Sayyaf decapita al rehén alemán y cuelga el vídeo en internet

Jurgen Kantner fue secuestrado el pasado 5 de noviembre junto a una mujer, que fue asesinada entonces

Corresponsal en RangúnActualizado:

El grupo yihadista filipino Abu Sayyaf difundió este lunes un vídeo con la decapitación del rehén alemán Jurgen Kantner, secuestrado el pasado 5 de noviembre junto a su mujer, Sabine Merz, que murió en el abordaje que sufrieron mientras navegaban por aguas de Malasia. Kantner y Merz, de 70 y 59 años respectivamente, ya padecieron un secuestro de 52 días, tras ser capturados por piratas somalíes mientras viajaban por el Índico en 2008. Ni el año pasado ni entonces el matrimonio se arredró: después del secuestro volvieron a Somalia a recuperar su velero.

Un día después de que Abu Sayyaf hiciera público el secuestro de Kantner, el cuerpo de su mujer fue hallado en una embarcación abandonada en la provincia de Sulu. Los terroristas amenazaron con acabar con la vida del ciudadano alemán si no recibían unos 600.000 dólares antes de las 3 de la tarde del pasado domingo, hora local. Expirado el ultimátum, los yihadistas difundieron un vídeo con la decapitación. La grabación, difundido en foros yihadistas de internet, mostraba a Jurgen Kantner de rodillas y a un terrorista machete en mano cerca de su cuello. «Ahora me matarán», fueron sus últimas palabras antes de desplomarse sobre el suelo.

«El terrorismo no tiene cabida en nuestro país y nosotros, como pueblo, debemos enfrentarnos al extremismo violento»

El Gobierno de Filipinas condenó ayer la «bárbara decapitación» del turista alemán. Jesús Dureza, consejero presidencial para el proceso de paz de Filipinas, aseguró en un comunicado que «el terrorismo no tiene cabida en nuestro país y nosotros, como pueblo, debemos enfrentarnos al extremismo violento (...) Debe detenerse el asesinato de personas inocentes».

Abu Sayyaf surgió en 1991 como una escisión del Frente Moro de Liberación Nacional. Su fundador, Abdurajak Abubakar Janjalani, era un clérigo que luchó en Afganistán, donde asegura que conoció a Osama bin Laden y sintió la llamada a una «yihad global». Desde entonces el grupo ha sufrido múltiples altibajos y numerosas muertes en su liderazgo. Entre su legado de terror se encuentra el atentado con explosivos contra un ferry en la bahía de Manila, perpetrado en febrero de 2004, en el que 116 personas perdieron la vida. En julio de 2014, su líder, Isnilon Totoni Hapilon, juró lealtad a la red terrorista Daesh.

Los yihadistas filipinos han convertido la extorsión en su seña de identidad. En abril de 2016, John Ridsdel, un turista canadiense que había sido capturado siete meses antes junto a otras tres personas, fue ejecutado tras expirar el plazo para entregar los 20 millones de euros que exigían a cambio de su liberación. Más adelante, los terroristas lanzaron un ultimátum sobre la suerte de los otros tres rehenes: el canadiense Robert Hall, el noruego Kjartan Sekkingstad y la filipina Marites Flor. El primero fue ajusticiado tras expirar el plazo. Sekkingstad y Flor corrieron mejor suerte y fueron liberados.

Desde la llegada de Rodrigo Duterte a la presidencia el pasado 30 de junio, Manila ha recrudecido su campaña contra Abu Sayyaf. A comienzos de año, el presidente filipino amenazó con «bombardear a todos» los yihadistas implicados en el secuestro de al menos 26 personas.