Protestas en las calles de la capital sudanesa, Khartoum
Protestas en las calles de la capital sudanesa, Khartoum - AFP
África

El gobierno de transición de Sudán contrata a un «lobby» canadiense para atraer a Trump

Según The Globe and Mail, la junta militar habría pagado 6 millones de dólares para limpiar la imagen del régimen militar e impulsar sus «objetivos políticos»

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Elgobierno de transición de Sudán habría contratado a un «lobby» canadiense para acercarse al líder estadounidense, Donald Trump, y para sacar al país africano de la lista de terroristas de Estados Unidos para que pueda proporcionar armas a la junta militar. Según The Globe and Mail, la compañía Dickens & Madson Inc., encabezado por el ex-espía israelí Ari Ben-Menashe, firmó un acuerdo de 6 millones de dólares para garantizar que la comunidad internacional reconozca al consejo militar como los líderes «legítimos» y presionar a los gobiernos extranjeros, para «el desarrollo de sus objetivos políticos» y «obtener fondos y equipos para los militares».

El contrato, presentado ante el gobierno norteamericano, muestra que la junta militar está pagando al «lobby» para mejorar las relaciones con Rusia y Arabia Saudí y ejercer presión sobre sus poderes ejecutivo y legislativo, así como sobre la administración de Trump, las Naciones Unidas y la Unión Africana. La empresa canadiense –con sede en Montreal- se compromete también a trabajar para buscar fondos gubernamentales: «Haremos todo lo posible para asegurarle una cobertura de medios internacional y sudanesa favorable para usted y nos comprometemos a obtener financiamiento de los Estados Unidos, Arabia Saudita, la Federación Rusa y otros países para el beneficio desarrollo de tus objetivos políticos», reza el documento firmado el 7 de mayo por el «facilitador» Ben-Menashe y el general Dagalo.

Reconocimineto para Hemeti

Otro de los principales objetivos es trabajar para el reconocimiento diplomático para el general Mohamed Hamdan Dagalo, cuyas fuerzas han sido señaladas como responsables de las recientes masacres contra los manifestantes que piden un gobierno civil tras la caída de Omar al-Bashir. El general Dagalo, más conocido como Hemeti, es el comandante de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), un grupo paramilitar anteriormente conocido como Janjaweed responsable supuestamente del genocidio contra los rebeldes en Darfur hace unos 15 años en el que se estima mataron a 200.000 personas. El «lobby» de Ben-Menashe tratará de persuadir a Washington para que apoye al régimen sudanés y ha prometido ayudar a Dagalo a organizar una reunión con el presidente norteamericado, Donald Trump. Estados Unidos ha suspendido sus relaciones con Sudán y ha culpado a la RSF por la «violencia brutal» contra los manifestantes en favor de la democracia.

Otros de los principales objetivos del lobby sería «obtener fondos y equipo para los militares sudaneses», algo que de realizarse podría poner en un serio aprieto a Dickens & Madson Inc. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas acordó sanciones económicas y restricciones comerciales para limitar las ventas de armas y materiales relacionados a Sudán. Canadá ha implementado dichas sanciones en la legislación nacional y en septiembre entrarán en vigor nuevos controles de intermediación de armas. Esto significa que tanto los individuos como las empresas canadienses tienen prohibido suministrar armas y materiales relacionados, incluidas armas, municiones, vehículos militares o equipo paramilitar y piezas a personas en Sudán.

Ben-Menashe ha trabajado también para el gobierno de la República Democrática del Congo, para el derrocado dictador Robert Mugabe y el poderoso comandante de la milicia libia Khalifa Hartar.

Sigue la crisis política

Sudán se encuentra en medio de una crisis política después de que estallaran las protestas en todo el país en diciembre por la escasez de combustible y los altos precios del pan provocados por la eliminación de los subsidios por parte del gobierno. Las protestas alcanzaron su punto álgido en abril cuando los militares sudaneses intervinieron para destituir al presidente Omar al-Bashir después de 30 años en el poder. Fue entonces cuando el consejo militar tomó el mando del país. Sin embargo, las protestas no cesaron; los grupos de oposición acordaron inicialmente una transición de tres años a la democracia, pero las conversaciones se interrumpieron en mayo. El 3 de junio, soldados y grupos paramilitares abrieron fuego contra una sentada a favor de la democracia en Jartum, dejando al menos 118 personas muertas, según denunció el Comité Central de Médicos de Sudán. A principios de semana al menos siete opositores murieron en enfrentamientos con las fuerzas del orden. La oposición sudanesa ha convocado nuevas marchas para el 13 y el 14 de julio para seguir presionando a la junta militar para que dé paso a un gobierno civil.

La estabilidad de Sudán se considera crucial para una región muy inestable y, por ello, varias potencias externas, incluyendo estados ricos del Golfo, están tratando de mediar.