El presidente portugués, Marcelo Rebelo de Sousa, recibe a su homólogo chino, Xi Jinping
El presidente portugués, Marcelo Rebelo de Sousa, recibe a su homólogo chino, Xi Jinping - EFE

El Gobierno socialista portugués se deja querer por el opaco régimen chino

El presidente Xi Jinping realiza una visita oficial de dos días al país vecino para impulsar los acuerdos comerciales

Corresponsal en LisboaActualizado:

El presidente de China, Xi Jinping, ha pagado dos millones de euros para alojarse (él y su comitiva) dos días en el Hotel Ritz de Lisboa, 4 y 5 de diciembre. El derroche de lujo no tiene precedentes en la capital portuguesa, donde esta visita oficial del mandatario es saludada por el Gobierno socialista de António Costa como un auténtico maná lleno de inversiones, ya superiores a los 9.000 millones de euros.

Las palabras del líder asiático sobre la importancia de Portugal en la «Ruta de la Seda» del siglo XXI son el fiel reflejo de que la agenda del itinerario apenas tiene contenido político y se consagra a explotar el perfil económico. Sí, porque el país vecino se ha encaramado ya al segundo puesto en la Unión Europea en cuanto a destino del dinero chino, solo superado por Finlandia.

No obstante, con la OPA de China Three Gorges por la eléctrica lusa EDP sobre la mesa y otra más protagonizada por el conglomerado Datang en relación a Generg las perspectivas indican que, a este ritmo, alcanzará el primer lugar y terminará por desbancar a los escandinavos.

Así que el telón de fondo financiero no alberga dudas al respecto: Portugal se deja querer para atraer cada vez más inversiones directas procedentes de Pekín y Hong-Kong. El objetivo no es otro que colocar en primer plano la economía nacional, del mismo modo que llevan varios años entrando en el juego los activos estratégicos y las empresas.

¿Alguna contrapartida? Pues que las firmas portuguesas comienzan a desembarcar en la locomotora asiática, todo un mastodonte internacional de las finanzas. Un panorama que se erige en aliado de los esquemas chinos en sus pretensiones de colarse en la UE por el flanco periférico, en vista de que Francia o Alemania presentan mayores reticencias.

El embajador de Estados Unidos en Lisboa, George Edwards Glass, ha declarado que el Gobierno de Donald Trump se halla «muy atento» a la situación, debido al recelo que despierta el desembarco chino en Portugal, dado que no se cuestiona en ningún momento la opacidad del todopoderoso régimen con tal de que el dinero se asiente en suelo luso.

Los episodios oscuros en este sentido no han dejado de sucederse, como la intención de CEFC Energy de hacerse con la petrolífera Partex y con Montepio Seguros, unas operaciones frustradas por los casos de corrupción en los que se vieron envueltos los fundadores de la compañía china. No obstante, el gabinete de António Costa mira para otro lado, consciente de que la estabilidad del país vecino juega a su favor, como también el hecho de ser uno de los pocos bastiones socialistas (de momento) en la UE.