La cárcel de oro de Fujimori
Alberto Fujimori y su hija Keiko en una imagen de archivo - AP

La cárcel de oro de Fujimori

El preso más famoso de Perú no podrá votar por su hija, pero es su jefe de campaña desde prisión

ENVIADA ESPECIAL A LIMA Actualizado:

El padre de la candidata no podrá votar por su hija en las elecciones del domingo. Alberto Fujimori, el preso más importante del penal de la DIROES, sólo podría hacerlo si lograra una autorización especial para salir a la calle y acudir, como un ciudadano más, a su colegio electoral, posibilidad que descarta su abogado, César Nakasaki. El ex presidente, intervenido hace un par de meses de un cáncer en la lengua, tiene derecho a votar, “pero las autoridades no llevan las urnas a prisión”, observa Nakasaki.

Fujimori sufre desde la cárcel de la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía (DIROES) los avatares de su hija favorita en campaña. Keiko Sofía es su gran esperanza, la mujer que podría hacer realidad su sueño de libertad si gana las elecciones. Ella ejerció de Primera Dama durante su mandato (1990-2000) y podría lograr –si pasa este domingo al ballotage- que su padre abandonara la pintura, la música y su vieja afición a la jardinería, actividades que le mantienen entretenido durante su confinamiento.

Una prisión acondicionada para él

El hombre que gobernó Perú durante la década de los 90 organiza la campaña de su hija desde una prisión acondicionada especialmente para él. Los escándalos por recibir a decenas de leales y hasta organizar ventas de amuletos o símbolos de la candidatura de keiko obligaron a hacer más severo su régimen penal. Pero, según su letrado, esa cárcel de oro en la que vive es falsa. “Es verdad que no se le ha tratado como un delincuente común y no está en una prisión común. Ha recibido el trato de un ex presidente. Esa es la única excepción”, repite para justificar que su defendido no esté en la base Naval de Callao, donde purgan sus pecados los líderes de Sendero Luminoso, el MRTA y Vladimiro Montesinos, su socio, según la justicia peruana, en cometer un rosario de violaciones contra los más elementales derechos humanos.

En marcha la cuenta atrás de las elecciones, el condenado por crímenes de lesa humanidad y corrupción no acepta ahora visitas “por prescripción médica”, asegura su abogado antes de dar cuenta del estado de salud del preso. ”Después de la operación nos comunicábamos mediante una pizarrita pero ahora, aunque con dificultad, puede hablar. El estrés de la campaña y la reclusión no son buenos para esta enfermedad. Durante sus diez años de Gobierno se le detectó este proceso cancerígeno. En todo ese tiempo sólo fue necesario una intervención pero desde que está preso han hecho falta tres”, comenta Nakasaki.

«Como buen japonés, es muy metódico»

El abogado de Fujimori se refiere a él siempre como “el presidente, un animal de trabajo”. “Como buen japonés de origen -explica- es muy metódico. Estudia música y pintura, sigue una dieta de comida oriental que es ligera, sushis, sashimis… Gracias a su afición a la jardinería y a que es ingeniero agrónomo, el presidente ha transformado unos basurales que había en prisión en jardines”, apunta.

Lúcido y sin haber mostrado jamás arrepentimiento, Fujimori, que tiene nacionalidad japonesa y peruana,“está informado de todo lo que sucede en el mundo. El terremoto y tsunami de Japón le impresionó mucho. Sus dos hermanas, Rosa y Juana, viven en las afueras de Tokio y su hijo Hiro llegó a Lima una semana después de la catástrofe”.

La familia del condenado huyó a Japón para evitar correr la misma suerte que su hermano. Las mieles del poder les permitieron hacer y deshacer con fondos de donaciones. Hoy la justicia les persigue para que rindan cuentas.

“También soy abogado de las hermanas –comenta Nakasaki- Ellas tienen un par de causas pendientes, el presidente es el que tiene más acumuladas”. El abogado reconoce que una victoria de Keiko será una bendición, “facilitaría las cosas” pero “no necesariamente el paraíso. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha dicho que los crímenes son imprescriptibles”, se lamenta.