Imagen de la campaña en Facebook para la liberación del fotógrafo
Imagen de la campaña en Facebook para la liberación del fotógrafo

El fotógrafo de las mil y una noches en prisión

El fotógrafo Mahmoud Abou Zeid, más conocido como Shawkan, cumple un millar de días en prisión en otro caso que cuestiona el respeto a los derechos humanos en el Egipto de Al Sisi

El CairoActualizado:

«Soy fotoperiodista, no terrorista», clama el reportero egipcio Mahmoud Abou Zeid, más conocido como Shawkan, que cumple este lunes mil días en prisión sin un juicio que lo haya condenado. La próxima vista ante el juez se celebrará el martes, y aunque sus abogados esperan que no sea condenado, el fotoperiodista se enfrenta a cargos de asesinato, posesión de armas de fuego y pertenencia a un grupo terrorista (los Hermanos Musulmanes), que podrían acabar en cadena perpetua o incluso pena de muerte. Su crimen, ser testigo con su cámara del brutal desalojo de la plaza de Rabaa, donde en 2013 el enfrentamiento entre las fuerzas de seguridad y manifestantes partidarios del derrocado expresidente Mohamed Mursi acabó en un baño de sangre, con más de 1.000 muertos según organizaciones internacionales.

«Shawkan está pagando el precio de cubrir el desalojo de Rabaa Al-Adawiya. Ésas son las razones por las que las autoridades quieren relacionarlo con cargos terroristas, y esa es la razón por la que su cámara no será presentada como evidencia en el caso contra él», denuncia Karim Abdel Rady, uno de los abogados de la defensa. Shawkan ha sido catalogado como preso «de conciencia» por Amnistía Interacional: «Ha sido detenido sólo por hacer su trabajo».

Shawkan (28 años) fue detenido el 14 de agosto de ese año, y ya ha superado con creces el límite de dos años en prisión preventiva que acepta la ley egipcia. «Ha excedido el periodo de detención preventiva. Él sabe que ha superado ese límite pero sigue en prisión, y es por eso que ha perdido toda fe en el sistema judicial», lamenta el abogado.

Cada noche que pasa en prisión, Shawkan languidece. En las sucesivas vistas ante el juez, pospuestas una y otra vez –por motivos tan peregrinos como que la sala prevista no era capaz de acoger a los casi 800 acusados-, sus ojeras son cada vez más profundas, y sus mejillas cada vez más hundidas. «Mahmoud Abou Zeid está enfermo. Sufre de Hepatitis C y Anemia, por las que no está recibiendo tratamiento en la cárcel», cuenta a ABC Ahmed Abú Sheif, amigo del reportero y portavoz de la familia. Añade que Shawkan «se está muriendo poco a poco, sin poder ni ver el cielo», sufriendo las durísimas condiciones de la cárcel de Tora.

Allí, Shawkan comparte una celda de 3x4 metros con otros doce presos políticos, aunque en numerosas ocasiones, según ha podido denunciar a Amnistía Internacional, es confinado en una celda de aislamiento como «castigo». En una carta, describe la cárcel de Tora «como un cementerio». «Duermo sobre un frío suelo de baldosas, y mis pertenencias cuelgan de un clavo en la pared, sobre mi delgado colchón. (…) Nuestra dignidad se quedó en las puertas de la prisión» explica.

«No soy un delincuente»

«Soy un reportero gráfico, no un delincuente. Mi detención indefinida es psicológicamente insoportable. Ni siquiera los animales sobrevivirían en estas condiciones», concluye la carta, escrita desde su celda.

La falta de atención médica en prisión ha sido denunciada tanto por periodistas encarcelados, que a principios de año organizaron una huelga de hambre bajo el grito «Nos están matando lentamente», como activistas proderechos humanos como Jaled el-Balshi, que en abril fue detenido y encarcelado durante al menos 15 días por «insultar al Ministerio de Interior» en un post de Facebook en el que pedía medicinas para sus compañeros en la cárcel.

«No hay periodistas encarcelados en Egipto», afirmó el presidente egipcio y exgeneral Abdelfatah Al Sisi. «Hay libertad de expresión en mi país», insistió en un discurso a finales de 2015, mientras las cárceles egipcias, según el último informe de Reporteros Sin Fronteras, encierran a al menos 24 profesionales de la información por delitos relacionados con su trabajo, en el país que se ha convertido en la mayor cárcel del continente africano para periodistas. El colectivo «Free Egyptian Press» alza la cifra hasta 63.

La mayoría de los periodistas encarcelados, señala RSF, lo están por «cargos falsos» como «pertenencia a una organización terrorista, participación en manifestaciones ilegales, difusión de noticias falsas o alteración del orden público». Muchos, añade este organismo, son torturados y se les niega tratamiento médico.

«Encerrar sin justificación a cientos de personas en espera de juicio durante dos años o más es sin duda una medida punitiva para acallar a quienes se atreven a cuestionar el discurso oficial», afirmó Amnistía Internacional cuando su juicio fue nuevamente pospuesto hasta el 12 de diciembre.

«¿Soy acaso Al Zawahiri (líder de Al Qaida), soy acaso el líder supremo de la Hermandad Musulmana?» se pregunta Shawkan en su última carta, escrita en marzo, desde una celda de confinamiento. ¿No era suficiente con tenerme detenido mil y una noches con cargos falsos?».